Un gobernador en rebeldía, una presidenta afónica, una secretaria de Gobernación que 23 meses después atina a hacer sentir su autoridad, una Fiscalía General de la República que podría investigar a los de casa, un partido que se deslinda por vez primera de uno de sus barones y un movimiento obradorista en shock ante el encontronazo. Hay viernes que definen un sexenio. El 21 de agosto lo es.Este viernes, Rubén Rocha trató de emular a Andy López Beltrán al anunciar su retorno a la gubernatura de Sinaloa. Desafiante, el mandatario estatal retomó sus fueros en una jugada que amenazaba con devaluar a la presidenta Claudia Sheinbaum. La visible y costosa protección de esta al sinaloense fue tirada a la basura por quien se dice perseguido y buscó replicar al hijo desvisado del expresidente. Sheinbaum paga el precio de su lealtad a quienes le dan la espalda. Su Gobierno ve comprometidas sus cartas frente a Estados Unidos. Rubén Rocha regresa a la gubernatura dando un portazo a las acusaciones formuladas en su contra por el Tío Sam. La presidenta no podrá explicar a la Administración Trump que ni siquiera tuvo la fuerza política para hacer a un lado al sinaloense requerido junto con nueve funcionarios más por una corte de EE UU. “Me puse a la orden del sistema de justicia de nuestro país”, dice la carta publicada por Rocha al anunciar que este viernes retomó su oficina, “para ser investigado de las falsas acusaciones, que con motivaciones políticas e injerencistas de la ultraderecha nacional y extranjera, me hiciera sin ninguna prueba, una oficina del Gobierno de Estados Unidos, pretendiendo lesionar con sus dichos y calumnias nuestra soberanía nacional”. La prosa de la misiva es menos desastrosa que la de Andy de hace nueve días, pero idéntica en el mensaje: como el hijo de AMLO, su amigo sinaloense se erige en columna de la independencia, en santo varón de la soberanía nacional; un pobre acosado por la ultraderecha internacional y doméstica. Y también es similar el llamado a sus compañeros de Morena a cerrar filas: “soy ajeno e inocente de las patrañas que se han urdido en mi contra por personeros de la ultraderecha para dañar, como hoy se sabe a plenitud, al movimiento político de izquierda en el que milito y cuyos principios asumo y represento por completo”, remata quien se define en esas mismas líneas como “ciudadano llano”.¿Quién puede decir si hay o no involuntario sarcasmo en eso que Rocha Moya dice de sí mismo al presumir que él representa por completo los principios de Morena? De lo que no hay duda es de que su fallida partitura ha quedado expuesta: al seguir los pasos de López Beltrán, Rocha ha caído al vacío.De Rocha se puede decir que apuró su suicida retorno ante dos eventos de la semana que no hay forma en que sean favorables a su causa. La detención de un testigo de la muerte de su adversario Héctor Melesio Cuén y el cambio de estatus carcelario de un excolaborador suyo en Estados Unidos son la pinza que iba a apretar al mandatario que pidió licencia en mayo. Pero hay más. El lunes se supo que el general Gerardo Mérida Sánchez ya no aparecía en el registro carcelario estadounidense, señal de que estaría negociando en otra capacidad sus condiciones de reclusión luego de que por propio pie se entregó en la frontera el 11 de mayo. Cuánto ha dicho y qué ha ofrecido como prueba el militar que fuera por quince meses secretario de Seguridad por Rocha es algo que no se sabe. Esa noticia al norte del Bravo no fue buena para un Rocha que había rebasado los cien días de prejubilación política. Para más INRI, el miércoles en Ciudad de México fue detenido un testigo de valía para llenar huecos del rapto de Ismael Mayo Zambada el 25 de julio de 2024. La captura de Fausto Corrales Rodríguez, chofer de Cuén, aclararía dudas sobre el rol del gobernador en esa fecha.Rocha retoma el cargo para atrincherarse ante la colaboración de Mérida y eventuales revelaciones del chofer de Cuén, hombre fuerte de la Universidad Autónoma de Sinaloa que fue asesinado en la cita donde fue sometido el Mayo, cónclave al que según la versión de Zambada estaba convocado el gobernador y dos hijos del Chapo Guzmán para dirimir controversias de la UAS. Narco y poder, puro y duro. Tras ese evento, las y los sinaloenses llevan el calvario de 23 meses de guerra bajo las balas de las facciones de los hijos del Mayo y del Chapo. Sinaloa padece el sangriento desbarajuste por la pugna intestina del cártel que lleva el nombre de ese estado. Zambada dio en una carta en agosto de 2024 la hasta hoy versión más completa de lo que desató esa pelea. Van dos párrafos clave: “Joaquín Guzmán López me pidió que asistiera a una reunión para ayudar a resolver las diferencias entre los líderes políticos de nuestro Estado. Conocía una disputa entre Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, y Héctor Melesio Cuen Ojeda, excongresista federal, alcalde de Culiacán y rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), sobre quién debería dirigir esa institución. Me dijeron que, además de Héctor Cuén y el gobernador Rocha Moya, en la reunión también estaría Iván Guzmán Salazar”.(…)“Tengo conocimiento que la versión oficial que dan las autoridades de Sinaloa es que Héctor Cuén fue baleado la noche del 25 de julio en una gasolinera por dos hombres en motocicleta que querían robar su camioneta. Eso no es lo que pasó. A él lo mataron al mismo tiempo y en el mismo lugar donde a mí me secuestraron. Héctor Cuén era un viejo amigo mío y lamento profundamente su muerte”.Desde ese agosto, Rocha era insostenible en el puesto. AMLO decidió lo contrario y se embarcó en su defensa y visitó junto a la presidenta electa al gobernador. Cuando en octubre de aquel año ella asumió el poder, el arropamiento no disminuyó. Todo cambiaría cuando en abril Estados Unidos demandó detener al grupo gobernante de Sinaloa, empezando por el mandatario. Rocha se ausentó en mayo con una licencia que era fachada de un cambio que no removía los hilos del poder en Sinaloa. Él y sus camaradas, entre ellos un vocal senador, nunca renunciaron a influir, mientras desde Palacio Nacional, primero, y desde un multitudinario mitin, después, la presidenta exigía a EE UU pruebas, y anunciaba que no entregaría a los sinaloenses porque luego le pedirían a otros.Rocha estaba en un segundo plano hasta la semana pasada. La carta de Andy López Beltrán, donde despotrica contra funcionarios de Trump y se asume víctima de un intento de violar la soberanía mexicana, dio nueva vida a los zombies desvisados, como la gobernadora de Baja California Marina del Pilar Ávila, y a Rocha, que no dudó en regresar a su puesto con soflamas contra EE UU.La tronante noticia se dio en una mañana extraña. La presidenta se ausentó de su conferencia diaria, aquejada, según lo informó ella misma en redes sociales muy temprano, de un cuadro gripal. El enorme vacío por la ausencia en la mañanera de la titular del Ejecutivo fue desbordado por la carta de Rocha, en donde, aunque este la ensalzaba, en realidad la ponía en jaque. La respuesta de Sheinbaum ha tardado tres horas en comenzar a llegar. Lo más importante de los comunicados de la Secretaría de Gobernación y de Morena es que contrario a lo que la presidenta sostuvo durante mucho, eso de rebajar la solicitud de detención del gobernador a la demanda de “una oficina” del Gobierno de EEUU, ayer le dan el estatuto de lo que es: una acción del Departamento de Justicia de EEUU.Claro, eso es lo más importante luego de que la Segob da al regreso de Rocha el carácter de decisión “personal”, mientras Morena se deslinda de ese retorno. Y ambas respuestas no dejan lugar a dudas: declaran su respeto a las investigaciones en curso. La descalificación a lo hecho por el sinaloense es tan dura como puntual. Es más paria que antes del viernes. Al final de la tarde, la puntilla para Rocha llega por el lado de sus compañeras y compañeros gobernadores: “Unidad, Principios y Respaldo Total a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo”, arrancan diciendo los mandatarios estatales en un comunicado que sentencia: “Los proyectos políticos personales o de grupo no tienen cabida cuando se contrapesan con el bienestar de la nación”.Cuando Rocha pidió licencia, surgió una discusión bizantina: ¿tenía protección policiaca o incluso militar? ¿Esa protección era a cargo del Estado o también de la Federación? Nunca fue aclarado del todo el tipo de custodia del que gozaba. Hoy Rocha, acusado de narco en EEUU, es el jefe de la policía de Sinaloa, y presidiría las reuniones de seguridad con mandos militares. El mismo ejército que se reuniría con Rocha, la misma Marina que le daría parte de los litorales sinaloenses, y el mismo equipo de la Secretaría de Seguridad de Omar García Harfuch que tendría que saludar luego a autoridades de EE UU. No se pueden las dos cosas sin generar suspicacia en alguno de los dos lados, o en ambos.Rocha es la nueva papa caliente de Sheinbaum. El dios de las no casualidades políticas dejó afónica a una presidenta que podría perder las riendas de la relación bilateral ante la imposibilidad de explicarles a los aliados extranjeros en la lucha anticrimen que ni colabora ni les evita el desplante de un requerido por ellos que se da el lujo de hacer un rayón a la carrocería estadounidense.En otros sexenios también hubo gobernadores en rebeldía. Para no ir más lejos, con Ernesto Zedillo (1994-2000), Roberto Madrazo se negó a dimitir luego de un fraude electoral escandaloso. Lo que se rompió este viernes es algo más delicado. La renuencia de Rocha a quedarse al margen del poder formal, fractura el monolito que Morena presumía ser. En las próximas horas veremos qué tan profunda es esa ruptura. Y si Sheinbaum crece su autoridad o compromete su sexenio.