En el último acto de El Inspector General de Nikolai Gógol, el Alcalde descubre, demasiado tarde, que el hombre llamado Jlestakov al que ha tratado de comprar con dinero y regalos no es el inspector de San Petersburgo al que esperaba, sino un farsante. El Alcalde y los demás funcionarios del pueblo, aterrorizados de que el inspector descubra su corrupción y sus delitos, le han entregado sus secretos e incluso la mano de su hija, todo con tal de que lo ocurrido no quede al descubierto. Lo que más duele, confiesa el Alcalde de Gógol, no es el fraude, "es que divulgará lo ocurrido por todo el mundo.”Cuando Claudia Sheinbaum llegó al poder en 2024, en la cima del predominio morenista y tras una victoria aplastante, probablemente nunca imaginó que heredaba también ese miedo. No el miedo a gobernar, sino el miedo a que se divulgue “lo ocurrido.” Hoy la presidenta enfrenta el reto de sostener un movimiento que se agrieta por dentro, y la fractura más profunda es el pánico a que los Jlestakov del sistema, los funcionarios que saben, que vieron, que participaron, hablen antes de que alguien pueda detenerlos.La primera grieta es el proceso judicial que enfrenta en Estados Unidos el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. El caso tiene una dimensión sin precedente, tanto por la cercanía de Rocha Moya con el expresidente Andrés Manuel López Obrador como por el hecho de que es el primer político de alto perfil en activo acusado por Estados Unidos de vínculos con el narcotráfico. Las fiscalías estadounidenses han señalado antes a funcionarios mexicanos por corrupción, pero solo después de que han dejado el cargo.Desde entonces, el discurso de Sheinbaum no ha hecho más que endurecerse. La exigencia de "pruebas" se volvió cansina. Y la afrenta de hace unos días, un gobernador que supuestamente acudió a declarar ante la Fiscalía General de la República pero al que nadie vio entrar ni salir, no hace más que añadir elementos de duda sobre el nivel de involucramiento de Rocha Moya y compañía con el crimen organizado. Defender a Rocha conlleva el riesgo de vincular a Sheinbaum y a Morena con acusaciones de crimen organizado. Distanciarse conlleva sus propios peligros, sobre todo dada la cercanía de Rocha a la dirección del movimiento.El daño ya se refleja en la opinión pública. Una encuesta de El Financiero publicada el 18 de mayo encontró que 37% de los mexicanos está a favor de que fuerzas estadounidenses combatan a los grupos criminales en México, frente a solo 19% en febrero: en tres meses, el discurso soberanista perdió 18 puntos de respaldo.Las encuestas más recientes confirman la tendencia. La de Lorena Becerra para Latinus (mayo 2026) muestra que la aprobación de Sheinbaum cayó de 80% en marzo de 2025 a 59% en mayo de 2026, una baja de 21 puntos, mientras que la desaprobación subió del 15% al 39%. La imagen favorable de Morena descendió de 71% a 57%, y la intención de voto efectiva para diputaciones federales se contrajo de 55% a 41%. La encuesta de Enkoll del 27 de mayo ratifica esta erosión: la aprobación presidencial se ubica en 68%, siete puntos menos que el 75% registrado en marzo.Incluso dentro de la coalición gobernante hay quienes dudan en seguir dando un respaldo público tan abierto. La presidenta, igual que el Alcalde de Gógol, no duda. Y al igual que aquel que ofreció a su hija a cambio de impunidad, Sheinbaum pone en riesgo la relación con Estados Unidos y las negociaciones del T-MEC a cambio de silencio.La segunda grieta es la erosión de la narrativa de honestidad que fue el verdadero capital fundacional del movimiento. Antes de llegar al poder, López Obrador acusó a los gobiernos anteriores de corrupción. Sin embargo, a pesar de que ganó en 2018 con esa narrativa, su administración estuvo plagada de acusaciones de corrupción e incluso de connivencia con ciertos líderes de cárteles. Eso nunca rompió el escudo de su popularidad personal ni su ascendente sobre los partidos coaligados. Ese equilibrio ha cambiado con Sheinbaum. El problema de Sheinbaum es que hereda la acusación sin heredar el escudo. Su presidencia ha puesto énfasis en la gestión técnica y la continuidad, pero carece de la conexión carismática que definió la relación de López Obrador con la base de Morena. Sin su presencia unificadora, las tensiones internas se han vuelto más visibles, los socios de la coalición más dispuestos a desertar, y escándalos como el de Rocha Moya generan costos políticos que antes se absorbían prácticamente sin consecuencia.Morena sigue siendo la fuerza política dominante en México. Pero las condiciones que hacían al partido parecer casi invencible se están debilitando simultáneamente por primera vez, y cada funcionario que coopera con la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York es un eslabón más de una cadena que puede llegar hasta donde nadie en la 4T quiere que llegue.Quizá lo que más preocupe en Palacio Nacional sea, como al Alcalde de Gógol, ver llegar al funcionario de San Petersburgo con órdenes terminantes. La diferencia es que en esta versión, ese funcionario ya tiene nombre: se llama fiscal federal, lleva años tomando declaraciones, y tiene al Mayo Zambada y a dos funcionarios del gobierno de Sinaloa sentados al otro lado de la mesa.X: @solange_Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en WhatsApp! Desde tu dispositivo móvil, entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Se desmorona Morena, escribe Solange Márquez
En el último acto de El Inspector General de Nikolai Gógol, el Alcalde descubre, demasiado tarde, que el hombre llamado Jlestakov al que ha tratado de comprar con dinero y regalos no es el inspector de San Petersburgo al que esperaba, sino un farsante. El Alcalde y los demás funcionarios del pueblo, aterrorizados de que el inspector descubra su corrupción y sus delitos, le han entregado sus secretos e incluso la mano de su hija, todo con tal de que lo ocurrido no quede al descubierto. Lo que más duele, confiesa el Alcalde de Gógol, no es el fraude, "es que divulgará lo ocurrido por todo el mundo.”Cuando Claudia Sheinbaum llegó al poder en 2024, en la cima del predominio morenista y tras una victoria aplastante, probablemente nunca imaginó que heredaba también ese miedo. No el miedo a gobernar, sino el miedo a que se divulgue “lo ocurrido.” Hoy la presidenta enfrenta el reto de sostener un movimiento que se agrieta por dentro, y la fractura más profunda es el pánico a que los Jlestakov del sistema, los funcionarios que saben, que vieron, que participaron, hablen antes de que alguien pueda detenerlos.La primera grieta es el proceso judicial que enfrenta en Estados Unidos el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. El caso tiene una dimensión sin precedente, tanto por la cercanía de Rocha Moya con el expresidente Andrés Manuel López Obrador como por el hecho de que es el primer político de alto perfil en activo acusado por Estados Unidos de vínculos con el narcotráfico. Las fiscalías estadounidenses han señalado antes a funcionarios mexicanos por corrupción, pero solo después de que han dejado el cargo.Desde entonces, el discurso de Sheinbaum no ha hecho más que endurecerse. La exigencia de "pruebas" se volvió cansina. Y la afrenta de hace unos días, un gobernador que supuestamente acudió a declarar ante la Fiscalía General de la República pero al que nadie vio entrar ni salir, no hace más que añadir elementos de duda sobre el nivel de involucramiento de Rocha Moya y compañía con el crimen organizado. Defender a Rocha conlleva el riesgo de vincular a Sheinbaum y a Morena con acusaciones de crimen organizado. Distanciarse conlleva sus propios peligros, sobre todo dada la cercanía de Rocha a la dirección del movimiento.El daño ya se refleja en la opinión pública. Una encuesta de El Financiero publicada el 18 de mayo encontró que 37% de los mexicanos está a favor de que fuerzas estadounidenses combatan a los grupos criminales en México, frente a solo 19% en febrero: en tres meses, el discurso soberanista perdió 18 puntos de respaldo.Las encuestas más recientes confirman la tendencia. La de Lorena Becerra para Latinus (mayo 2026) muestra que la aprobación de Sheinbaum cayó de 80% en marzo de 2025 a 59% en mayo de 2026, una baja de 21 puntos, mientras que la desaprobación subió del 15% al 39%. La imagen favorable de Morena descendió de 71% a 57%, y la intención de voto efectiva para diputaciones federales se contrajo de 55% a 41%. La encuesta de Enkoll del 27 de mayo ratifica esta erosión: la aprobación presidencial se ubica en 68%, siete puntos menos que el 75% registrado en marzo.Incluso dentro de la coalición gobernante hay quienes dudan en seguir dando un respaldo público tan abierto. La presidenta, igual que el Alcalde de Gógol, no duda. Y al igual que aquel que ofreció a su hija a cambio de impunidad, Sheinbaum pone en riesgo la relación con Estados Unidos y las negociaciones del T-MEC a cambio de silencio.La segunda grieta es la erosión de la narrativa de honestidad que fue el verdadero capital fundacional del movimiento. Antes de llegar al poder, López Obrador acusó a los gobiernos anteriores de corrupción. Sin embargo, a pesar de que ganó en 2018 con esa narrativa, su administración estuvo plagada de acusaciones de corrupción e incluso de connivencia con ciertos líderes de cárteles. Eso nunca rompió el escudo de su popularidad personal ni su ascendente sobre los partidos coaligados. Ese equilibrio ha cambiado con Sheinbaum. El problema de Sheinbaum es que hereda la acusación sin heredar el escudo. Su presidencia ha puesto énfasis en la gestión técnica y la continuidad, pero carece de la conexión carismática que definió la relación de López Obrador con la base de Morena. Sin su presencia unificadora, las tensiones internas se han vuelto más visibles, los socios de la coalición más dispuestos a desertar, y escándalos como el de Rocha Moya generan costos políticos que antes se absorbían prácticamente sin consecuencia.Morena sigue siendo la fuerza política dominante en México. Pero las condiciones que hacían al partido parecer casi invencible se están debilitando simultáneamente por primera vez, y cada funcionario que coopera con la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York es un eslabón más de una cadena que puede llegar hasta donde nadie en la 4T quiere que llegue.Quizá lo que más preocupe en Palacio Nacional sea, como al Alcalde de Gógol, ver llegar al funcionario de San Petersburgo con órdenes terminantes. La diferencia es que en esta versión, ese funcionario ya tiene nombre: se llama fiscal federal, lleva años tomando declaraciones, y tiene al Mayo Zambada y a dos funcionarios del gobierno de Sinaloa sentados al otro lado de la mesa.X: @solange_Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en WhatsApp! Desde tu dispositivo móvil, entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.









