A los pocos meses de arrancar el sexenio, sucedió un episodio aparentemente anecdótico que con el tiempo va cobrando cada vez más significado. Durante un acto multitudinario en el Zócalo, la presidenta avanzaba por uno de los laterales del escenario. Sin percatarse de su presencia, un grupo de pesos pesados del morenismo se hacía una foto de grupo dando la espalda a Sheinbaum, que pasó por detrás con cara de extrañeza. Estaban los jefes de las bancadas parlamentarias, Adán Augusto López y Ricardo Monreal, además de los dirigentes del partido, Luisa María Alcalde y Andrés López Beltrán. Todos, liderazgos heredados del sexenio anterior. Apenas un año después de aquel polémico episodio, solo uno queda en su puesto. El último movimiento, y quizá el más simbólico de todos, ha sido la salida de Andrés López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, como secretario de Organización del partido rumbo a una candidatura como diputado por Tabasco en las elecciones del año que viene. Los liderazgos heredados del sexenio anterior son una práctica frecuente desde los tiempos del Partido Revolucionario Institucional monolítico, pero en el caso de la variopinta y numerosa familia morenista, la herencia ha sido más incómoda de lo habitual para la nueva presidenta. Algunos de estos cuadros han dado muestras en más de una ocasión de manejar sus propias agendas, muchas veces en dirección contraria a la propia Sheinbaum. Además de protagonizar polémicas que golpean la imagen de austeridad del morenismo, como los ingresos millonarios que Adán Augusto no presentó en su declaración patrimonial ante el parlamento, o los viajes ostentosos de Andrés López Beltrán. La presidenta, que esta semana vio cómo su aprobación caía siete puntos, aunque se mantenía en un 68%, ha ido dando pasos para consolidar su propio proyecto, deshaciendo varias de estas herencias de la etapa de Andrés Manuel López Obrador, aprovechando la coyuntura política a medida que avanza el sexenio. Para Aritmética Jaime, politóloga de la Universidad de Guadalajara, “no se trata de un acto de venganza, pero es una señal de que, el que no responda, no va a formar parte de sus soldados más fieles”. “La presidenta ha sido hábil al operar los cambios en medio de la crisis interna del partido y así abarcar mayor poder político”, añade.En medio de fuertes tensiones internas y deslices en operaciones políticas delicadas, Sheinbaum intervino en febrero en el Comité Ejecutivo Nacional de Morena. Primero, se produjo el relevo en la presidencia. Luisa María Alcalde, elegida hace menos de dos años, a la que le dio el relevo Ariadna Montiel, exsecretaria del Bienestar y figura de confianza de Sheinbaum. Días antes la presidenta había anunciado la entrada en escena de Citlalli Hernández para llevar las ruedas de la operación electoral del año que viene. Sheinbaum responsabilizó a la dirigencia del partido de los fiascos del año pasado en Durango y Veracruz. También del mayor traspié parlamentario en lo que va de sexenio: el bloqueo de la reforma electoral por parte sus aliados parlamentarios, el Verde y el Partido del Trabajo. La salida de Andrés López Beltrán se demoró un poco más, hasta esta misma semana. Sus casi dos años en el cargo han estado rodeados de tensiones internas y cuestionamientos a su operación política. La sintonía con Alcalde nunca fluyó y su decisión de instalar una oficina de afiliaciones en la Cámara de Diputados y el Senado no fue bien vista. Además, a las críticas puramente políticas se sumaron polémicas personales. El episodio más sonado fue su viaje de lujo a Japón, convertido en gasolina política para la oposición. En la reciente encuesta de Enkoll para EL PAÍS, López Beltrán es la figura de Morena con peores resultados: un 47% de rechazo, 11 puntos más que en la encuesta del año pasado. Como en el caso de Adán Augusto, otro cuadro muy vinculado al expresidente, la salida de López se encuadra en las elecciones intermedias. Para Khemvirg Puente, politólogo de la UNAM, el hecho de que al anunciar su salida se supiera ya incluso el distrito electoral por el que va a competir “significa que ya estaba muy negociado desde hace tiempo, seguramente por Ariadna Montiel”. El académico añade que este movimiento es un cambio especialmente delicado. “Una posición en el Gabinete se puede compensar con otro puesto, pero Morena es una creación de López Obrador, que sigue siendo el referente moral y que tenía, literalmente, a su heredero al frente de la organización del partido”. La salida de Tabasco le parece a Puente un buen premio de consolación: “Un estado a cambio del control del partido”. Con la salida de López, la presidenta toma definitivamente las riendas de cara a la crucial cita con las urnas del año que viene, donde el oficialismo se juega no solo mantener la mayoría calicada en ambas Cámaras, sino también lograr un mayor alineamiento de sus socios para evitar bloqueos como el de la reforma electoral. “El objetivo era tomar los instrumentos internos de poder para definir candidaturas y tener el control de los diputados que van a legislar en la segunda mitad del sexenio”, cierra el politólogo Puente.