Sevilla solo tiene cinco piscinas recreativas públicas para que sus 700.000 vecinos rebajen las altísimas temperaturas que padecen cada verano. Es decir, una pileta municipal por cada 140.000 habitantes. Es la ciudad con menor densidad de piscinas recreativas abiertas del país junto con Madrid, que sufre la misma ratio (25 para 3,5 millones de habitantes), aunque la capital andaluza bate récords de bochorno cada año, solo por detrás de Córdoba o Jaén. Zaragoza, con la misma población y temperaturas más suaves que Sevilla, tiene 22 piscinas municipales sin techo para aliviar el sofoco a sus familias, cuatro veces más.Por si fuera poco, hay numerosos barrios que cada verano sufren cortes de luz de hasta 24 horas porque la red de distribución de Endesa no aguanta la demanda. En pleno siglo XXI, los vecinos tienen que sobrevivir sin luz y soportar hasta 40 grados encerrados en casa, porque la calle hierve. Conservar alimentos en frío, cocinar y enfriar el hogar, todo es un suplicio para muchos hogares cuando el sistema revienta, familias que además no tienen donde refrescarse y su economía doméstica no les permite irse de vacaciones. Casi la mitad de los andaluces se quedará este verano sin vacaciones (el 43,3%), según el último barómetro del Centro de Estudios Andaluces (Centra), el CIS andaluz.A las 11.50, diez minutos antes de la apertura, Irene Pérez está la primera en la cola para darse un chapuzón en la piscina Entreflores del distrito Sevilla Este (107.000 habitantes, más que Girona): “Hace tres años que no me voy de vacaciones a Chipiona. Yo iba a la piscina de San Pablo cuando era pequeña, hace 35 años. ¿Por qué no la abre ahora el Ayuntamiento para verano? En mi barrio hay muchos niños y gente mayor. Antes íbamos a las de Coria y Gelves [municipios cercanos a Sevilla], pero con el tiempo las hicieron solo para los locales”, lamenta. En cuanto abren la piscina, formato olímpico de 50 metros, la temperatura baja varios grados y se respira mejor que en la calle. El pasado jueves, caminar por Sevilla, con 40 grados y sensación térmica de 42, era como pasear con un secador de pelo en la cara todo el tiempo.Esta piscina, con un aforo de 525 usuarios, la gestionaba el club privado Nudión hasta el pasado enero, cuando la abandonó y el Ayuntamiento (PP) se hizo cargo de su gestión para que no estuviera cerrada, lo que aumentó las piletas públicas de cuatro a cinco en la ciudad. “Antes de esta piscina hemos ido a Burguillos, Bormujos, Carmona y la experiencia fue buena, pero ahora están masificadas y ya el baño es como en Japón, todo el mundo apretujado”, cuenta Charo Villalba, que acude a diario, excepto los lunes, que cierra. Por problemas médicos no puede poner el aire acondicionado en casa, y solo alivia el calor con ventiladores con bruma de agua “y la ducha abierta todo el día”, exagera risueña. “Le pido al alcalde que siga abierta el año que viene porque se rumorea que se puede volver a privatizar y hay muy pocas piscinas públicas”, suplica. Juan Manuel Mellado, director del Instituto Municipal de Deportes en este distrito, aclara: “Había una masa social que la demandaba, pero la continuidad está pendiente de decisión”. Adrián Suárez, coordinador de la piscina, matiza: “Hemos rozado muchas veces el lleno. Es un servicio que se tiene que dar, y más en una ciudad como esta, que hace calor en cada esquina”. El aforo actual de las cinco piletas públicas sevillanas es de 1.500 personas, el 0,2% de la población.Susana Hornillo, concejal sevillana de Podemos, critica: “Es difícil de creer, pero no hay dónde parar. Ni piscinas, ni refugios climáticos, ni plazas, que son duras. Sevilla no tiene un modelo de ciudad adaptado para combatir el cambio climático. No se trata de poner toldos en las calles, sino de zonas verdes, fuentes y piscinas recreativas para disfrutar de espacios verdes. Lo mínimo debería ser una piscina por distrito [la ciudad tiene 11] para primar el bienestar de los vecinos ante el de los turistas. El Ayuntamiento lleva 20 años volcado en los hoteles y los pisos turísticos, no tiene explicación”. En las calles de la capital andaluza es muy llamativa la falta de fuentes públicas para que los vecinos y turistas se hidraten cuando el termómetro se dispara, una medida de salud pública que han adoptado la mayoría de grandes ciudades europeas estos últimos años.El Consistorio sevillano alega que el próximo año construirá una nueva piscina recreativa para los barrios de Triana y Los Remedios, pero otras piscinas en marcha, como la de la Macarena, serán cubiertas y sin césped alrededor. El Ayuntamiento admite que sobrevivir al verano sin poder refrescarse en Sevilla es casi heroico. “No es un elemento accesorio, sino una infraestructura relevante para las viviendas y su calidad de vida”, reconoce un portavoz, que destaca cómo de las 6.134 viviendas sociales en construcción pública y semipública, 3.214, la mitad, tendrán piscina. Este diario ha solicitado la opinión de la delegada de Deportes, María Tena, pero no ha obtenido respuesta. La disparidad entre las capitales andaluza y la aragonesa, de cinco piscinas frente a 22, se eleva también al total de piletas, incluidas las de los clubes y las de particulares, con 1.999 en Sevilla (una por cada 350 habitantes) y 4.348 en Zaragoza (una por cada 161), el doble, según datos del catastro. Ambas ciudades tienen un presupuesto similar, de 1.096 y 1.039 millones, pero la apuesta política es clara: Zaragoza emplea cada verano 10 millones en sus 22 piscinas y ahora construye la 23º para el barrio de La Almozara. Si Sevilla tiene una media de máximas de 36 y 35,5 grados en julio y agosto, Zaragoza alcanza los 32,4 y 31,7, casi cuatro grados menos, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). La piscina del barrio de Rochelambert, con un aforo de 245 personas y reformada en 2005, tiene lista de espera para los abonos y en agosto baja la afluencia respecto a julio para el chapoteo. “Llevo 25 años sin vacaciones porque soy ama de casa y mi marido tiene una invalidez. En mi barrio, Palmete, hay terreno y vendría muy bien una piscina porque hay personas que no pueden irse de vacaciones ni coger tanto autobús. Para Palmete el Ayuntamiento tiene muchas promesas, pero está fatal, sobre todo con los cortes de luz”, protesta Erika Gamaza junto a su hijo.La carencia en Sevilla de piscinas recreativas es histórica. La cercanía de la ciudad a la costa, con las primeras playas a solo 45 minutos en coche, y la existencia de clubes privados con unos 80.000 socios, se ha esgrimido a menudo como excusa para la falta de inversión municipal. La mayoría de clubes tiene lista de espera y las cuotas de entrada se disparan desde los 10.000 euros del Náutico hasta los 40.000 del Labradores.Desde 1999, la ciudad ha tenido cinco gobiernos socialistas y dos del PP. El concejal socialista David Guevara, antaño al frente del área de Deportes dos legislaturas, arguye que el PP paralizó en 2023 la piscina proyectada en el Polígono Sur: “En ocho años tuvimos que hacer inversiones muy cuantiosas y dedicamos muchísimo dinero a las piscinas pese a las crisis presupuestarias, pero necesitan continuidad en el tiempo. Las crisis de las materias primas y la Covid nos fundieron muchos proyectos y nos hicieron perder mucho tiempo”. Manuel Silva (IU), que lideró dicha área cinco años, aduce: “Cubrimos cuatro piscinas de una tacada, pero la gestión pública no se ha impuesto sobre la concesión administrativa [que prima las piscinas cubiertas]. Es un problema social grave y depende de que el gobernante tenga vocación”. Alejandro Fernández, de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), autora del informe Madrid no es ciudad para chapuzones, calcula que el coste de una piscina para 500 personas oscila entre los 5 y 6 millones: “Ahora las piscinas son refugios climáticos ante las altas temperaturas, que son de mayo a septiembre, cinco meses al año. No es un esfuerzo construir dos piscinas al año y los Ayuntamientos siempre aluden a la falta de espacio, pero solo falta voluntad política ante este drama alarmante”. Al respecto, la edil sevillana Hornillo abunda: “No es cierto que no haya suelo, todos los meses se libera para construir pisos, lo que no hay es voluntad política”. La carencia de piscinas en la capital andaluza llega al extremo de que los vecinos alquilan apartamentos turísticos en su propio barrio solo porque tienen acceso a una piscina comunitaria. “El resto de vecinos no nos quejamos, es algo que pasa en olas de calor. La gente se busca la vida”, comenta Guevara sobre esta insólita situación que ocurre en su urbanización de Sevilla Este.