0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEs una paradoja que invita a reflexionar. Mientras las instituciones valencianas gobernadas por el PP, bajo la influencia de Vox, parecen cada vez más empeñadas en discutir sobre la lengua, sus usos, sus espacios y sus supuestas amenazas, una parte de la sociedad ha decidido resolver el debate de una manera mucho más sencilla: escucharla.La Fúmiga en una actuación en directoArtur GavaldaLa música en valenciano crece. Un informe de la promotora Pro21 divulgado por mi compañero Hèctor Sanjuán revela que las escuchas mensuales de los quince grupos y artistas en activo más demandados han pasado de 921.000 en julio de 2025 a 1,152 millones en julio de este año. Son 230.000 reproducciones mensuales más en apenas doce meses: un 25 por ciento de crecimiento. No es una anécdota. Tampoco una cuestión menor para quienes todavía creen que la cultura se puede administrar desde un despacho.La Fúmiga es probablemente el mejor ejemplo. La banda de Alzira supera las 480.000 escuchas mensuales y concentra casi el 42 por ciento de las reproducciones. Y eso después de haber anunciado su despedida. Es difícil encontrar una mejor demostración de que existe un público para la música en valenciano. Un público amplio y transversal. Y hay otra cifra que merece atención. Las mujeres están ganando espacio en esta escena. Naina, JazzWoman, Abril, Sandra Monfort o Esther representan ya más de una cuarta parte de las reproducciones. La música en valenciano no es una reliquia cultural destinada a una minoría nostálgica. Es una escena viva y en renovación.Y, sin embargo, existe una contradicción entre esta realidad y la actitud de determinadas instituciones. Mientras Spotify registra crecimiento, algunos escenarios públicos parecen retroceder. En muchos ayuntamientos gobernados por el PP, las reticencias de algunos alcaldes a programar música en valenciano (como el caso de la ciudad de València) se suman a la negativa radical de Vox a cualquier manifestación cultural vinculada a nuestra lengua. El resultado es que aquello que tiene público encuentra, paradójicamente, dificultades para encontrar espacio en la programación pública. Es como si hubiera dos valencias distintas. Una es la que escucha. La otra es la que programa y que considera que cualquier manifestación musical en valenciano es “catalanismo”.No se trata de obligar a nadie a escuchar música en valenciano. Se trata de comprender que una lengua se normaliza cuando puede estar con naturalidad en todos los ámbitos de la vida: en una plaza, en una radio, en una televisión, en un festival o en los auriculares de un adolescente. Como el castellano. Lo contrario es imponer la política contra la cultura.La música está haciendo su parte. Los datos de Spotify lo demuestran. Son los de una lengua que, pese a los obstáculos, sigue sonando. Ahora les toca a las instituciones decidir si quieren escucharla o si prefieren seguir impidiendo que su público la pueda disfrutar, sea o no valenciano.Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991
Oír música en valenciano, por Salvador Enguix
Es una paradoja que invita a reflexionar. Mientras las instituciones valencianas gobernadas por el PP, bajo la influencia de Vox, parecen cada vez más empeñadas en discutir sobre la lengua, sus usos, sus espacios y sus supuestas amenazas, una parte de la sociedad ha decidido...






