En uno de los capítulos de Las invasiones bárbaras (Debate), el estupendo ensayo que ha publicado el periodista Claudi Pérez, se recupera el concepto de “democracia zombi” que David Runciman acuñó en su libro Así termina la democracia (Paidós, 2019). El politólogo británico defiende que la democracia representativa contemporánea está “cansada”, es “vengativa y paranoica” y “se engaña a sí misma”. “Con inusitada frecuencia, es ineficaz. Y además está cometiendo errores estúpidos en el peor momento. Pero, a su vez, con sus usos y costumbres, y con esa parafernalia que es una antigualla, se le da muy bien aplazar el desastre”, advierte el pensador.

Concretar qué es el desastre no es fácil, pero quizá un buen síntoma sea el hecho de que, según las encuestas, dos tercios del planeta no confían en su gobierno. Un par de indicios más: uno tras otro, los electorados de América Latina cambian derechos por un concepto cuestionable de la seguridad y, en Europa, la socialdemocracia nórdica se abona a las políticas antiinmigración.