0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLo llaman necroturismo: aprovechar la visita a un país o una comarca para visitar sus cementerios. Extrañamente, es mucho más popular de lo que parece. Salvo los que sienten un rechazo atávico a todo lo que huela a muerte y los que sólo sienten indiferencia, hay bastantes turistas que no se pueden resistir a la curiosidad. Es una actividad que a veces se oculta, por miedo a ser acusados de morbosos. Pero la forma como una sociedad entierra a sus muertos habla tanto de ella como sus monumentos, arquitectura o historia. Pedro Madueño / ArchivoLos hay que son parada obligatoria, como el Père Lachaise de París, que cumple en la capital francesa la función de los mapas –falsos– de casas de famosos en Los Ángeles. Su visitante acostumbra a buscar tumbas de celebridades. La más visitada (y vandalizada) es la de Jim Morrison, pero las de Abelardo y Eloisa también tienen su público. Naturalmente, la moda de la foto trofeo también ha llegado aquí y el busto de Oscar Wilde se ha tenido que tapar para evitar marcas de besos con barra de labios. Sin comentarios.La forma como una sociedad entierra a sus muertos habla tanto de ella como su historiaEntre los históricos, destacaría el cementerio protestante de Venecia. Contrasta con el católico, más convencional y cuidado. Lápidas levantadas por la humedad, nombres apenas legibles… visitar la isla de San Michele vale la pena, como también pasar por la Saint Paul’s Chapel en Nueva York. Conocida por haber sobrevivido a los atentados del 11-S, aún acoge lápidas originales de su fundación, en 1766. Un gran contraste en una de las ciudades más vibrantes del mundo.Pero yo prefiero los cementerios más pequeños. Sobre todo si están en aldeas apartadas. Se explica la historia de una vida dura y aislada a través de lápidas que recogen ni media docena de apellidos y vidas muy cortas marcadas por enfermedades y carencias. Saber de dónde venimos nos impone humildad y responsabilidad.No sé qué dirán de nosotros los cementerios del futuro. Ni siquiera si existirán, dada la enorme gama de posibilidades presentes. Cremaciones, cenizas que se tiran al mar o se entierran con semillas, cadáveres donados a la ciencia… y, por encima de todo, la decidida política de los ayuntamientos de anular los nichos en propiedad y apostar por el alquiler de temporada.
Lápidas y cruces, por Glòria Serra
Lo llaman necroturismo: aprovechar la visita a un país o una comarca para visitar sus cementerios. Extrañamente, es mucho más popular de lo que parece. Salvo los que sienten un rechazo atávico a todo lo que huela a muerte y los que sólo sienten indiferencia, hay bastantes...









