Actualizado a las 22:52h.

Latía la tensión en la plaza con una exigente corrida de Dolores Aguirre. Todo el mundo pendiente del toro, del que humillaba y del que cogía la matrícula más rápido que un guardia civil de tráfico. Qué tensión. ¡Bum-bum, bum-bum! De taquicardia ... algunos momentos, con el público volcado con la divisa. Contaba Isabel Lipperheide a 'Los torileros' en la víspera que no estaba muy contenta: se le habían estropeado en el campo dos de los mejores toros -siempre se pelean los guapos- y le quedaban «seis raspaditos», sin opciones de sobreros. No hubo que tirar de remiendos, y eso que el quinto, tan mal castigado en varas y con ese volatinazo en la lidia, fue candidato al verde. No merecía el conjunto ese borrón del colorado tumbado en la arena negra. Más de ciento veinte kilos separaban este voluminoso animal, de 652 kilos, del primero, de 528. Variado el encierro, con complicaciones, a medio camino entre la casta y la mansedumbre.