NoticiaEl síndrome postcaída puede llevar a reducir el movimiento, perder masa muscular y aumentar el riesgo de sufrir nuevos accidentes durante la vejez.Síguenos y léenos en Google DiscoveriStock Foto: iStock25.08.2026 15:41 Actualizado: 25.08.2026 15:41
Una caída durante la vejez no siempre termina cuando la persona consigue levantarse. Aunque el golpe no provoque una lesión grave, la experiencia puede dejar una sensación de inseguridad que modifica la manera de caminar, reduce el movimiento cotidiano y afecta progresivamente la autonomía.El geriatra, doctor en Medicina y presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Francisco José Tarazona Santabalbina, explicó al diario español La Vanguardia que, este fenómeno puede aparecer después de un accidente y generar consecuencias tanto físicas como psicológicas. El especialista lo identifica como 'síndrome postcaída', una condición que puede alterar la confianza de las personas mayores en sus propias capacidades.La falta de actividad física puede favorecer la pérdida muscular y aumentar el riesgo de caídas. Foto:iStock LEA TAMBIÉN El problema comienza cuando el temor a sufrir un nuevo accidente lleva a evitar determinadas actividades. Al disminuir el movimiento, también puede reducirse la fuerza muscular, afectar el equilibrio y aumentar la dependencia para realizar tareas cotidianas.Tarazona advierte sobre esta relación y señala: "El miedo excesivo a caerse lleva a caminar de forma más rígida, reducir la actividad física y perder fuerza muscular. Como consecuencia, el equilibrio empeora y aumenta el riesgo de sufrir nuevas caídas".¿Qué es el síndrome postcaída?El síndrome postcaída reúne diferentes consecuencias que pueden aparecer después de un accidente, incluso cuando la lesión inicial haya sido leve o no exista un daño físico considerable. El temor a repetir la experiencia puede provocar una pérdida de confianza y desencadenar una reducción importante de la actividad.Esta situación puede convertirse en un círculo difícil de romper. Menos movimiento favorece la pérdida de fuerza, la disminución de capacidades físicas afecta la estabilidad y, a su vez, una menor seguridad al desplazarse puede incrementar el miedo ante otra caída.No todas las personas mayores desarrollan este problema. El especialista explica que existe una alta vulnerabilidad entre quienes presentan fragilidad, antecedentes de accidentes, dificultades de equilibrio, deterioro funcional o cognitivo y una red de apoyo insuficiente.El contexto en el que ocurre el incidente también puede influir. Una caída dentro del hogar puede ser interpretada como una señal de pérdida de independencia, mientras que una ocurrida en la vía pública puede provocar vergüenza o inseguridad por haber sucedido frente a otras personas.La falta de actividad física puede favorecer la pérdida muscular y aumentar el riesgo de caídas. Foto:iStock LEA TAMBIÉN El miedo también puede afectar la salud físicaLa reducción prolongada de movimiento puede tener consecuencias que van más allá de las piernas o del equilibrio. La pérdida de masa muscular y fuerza puede dificultar actividades habituales y favorecer una mayor dependencia.Además, la falta de ejercicio puede empeorar la evolución de algunas enfermedades crónicas, entre ellas patologías cardiovasculares, diabetes, afecciones respiratorias, artrosis e insuficiencia cardiaca.El impacto tampoco se limita al cuerpo. La inseguridad puede estar acompañada de ansiedad, pérdida de autoestima e incluso síntomas depresivos. El aislamiento social y la disminución de autonomía pueden profundizar ese deterioro emocional.Una de las particularidades del síndrome es precisamente su capacidad para generar el efecto contrario al que busca la persona. Evitar caminar o moverse por temor a una nueva caída puede terminar debilitando las capacidades necesarias para desplazarse con mayor seguridad.Recuperar la confianza es parte de la recuperaciónAnte este escenario, Tarazona considera fundamental intervenir de manera temprana. Después de un accidente, recomienda identificar qué la provocó, corregir los factores de riesgo y promover una movilización segura.El ejercicio adaptado ocupa un papel importante en ese proceso. Los programas enfocados en fuerza, equilibrio y marcha pueden ayudar a recuperar capacidades físicas y confianza para retomar progresivamente las actividades habituales.También resulta importante evitar la sobreprotección. Limitar de manera innecesaria los ejercicios de una persona mayor o transmitirle constantemente mensajes relacionados con el peligro puede reforzar la sensación de incapacidad.La falta de actividad física puede favorecer la pérdida muscular y aumentar el riesgo de caídas. Foto:iStock LEA TAMBIÉN La familia y los cuidadores pueden acompañar el proceso sin reemplazar aquellas tareas que la persona todavía puede realizar por sí misma. Revisar las condiciones de seguridad del hogar, incentivar el ejercicio y mantener los vínculos sociales son algunas de las acciones que pueden favorecer la recuperación de la autonomía.El mensaje del especialista apunta a no convertir el miedo en una razón para abandonar el movimiento. Después de un accidente, la recuperación debe contemplar tanto las condiciones físicas como la confianza necesaria para volver a desarrollar las actividades cotidianas con seguridad.Pablo Pachón Ramírez Redacción Alcance Digital EL TIEMPOMás noticias en EL TIEMPO Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










