Más contenidoCartagena y Barranquilla avanzan hacia un modelo industrial donde la proximidad genera ventajas competitivas y ambientales.La Zona Franca de Barranquilla impulsa un ecosistema ecoindustrial mediante economía circular, gestión eficiente de agua y energía, y proyectos de simbiosis industrial. Foto: Barranquilla iStock.25.08.2026 08:01 Actualizado: 25.08.2026 08:01

Los ecosistemas industriales en los que los residuos de una compañía pueden convertirse en materia prima para otra, la energía puede producirse y aprovecharse de manera conjunta y la infraestructura logística puede ser compartida representan la mayor evolución del sector. La transformación es visible en Cartagena y Barranquilla, dos de los principales nodos industriales y portuarios de la región. Allí, la cercanía entre refinerías, industrias químicas, siderúrgicas, manufactureras, operadores logísticos, zonas francas y puertos abre una posibilidad que hace una década parecía más asociada a la teoría de la economía circular que a la operación empresarial: que una industria pueda encontrar en su vecino parte de lo que necesita para producir y, al mismo tiempo, darle valor a lo que antes consideraba un desperdicio. “Los parques industriales en principio nacieron como un grupo de empresas que estaban en un área específica, que quizás compartían algunos servicios. Pero, el modelo está evolucionando hacia una verdadera simbiosis: Empieza a verse ese modelo de compartir, por ejemplo, el vapor, la energía, la cogeneración, el tema de residuos, la logística y los servicios”, explica Juan Pablo Ospina, presidente de Coremar.El cambio no es solamente ambiental. También responde a una pregunta empresarial cada vez más relevante: ¿cómo producir con menores costos y mayor eficiencia en un escenario internacional que exige cadenas de suministro más resilientes y productos con menor huella de carbono? A su turno, la profesora Lisette Cervantes Galván, Ph.D. en Economía Aplicada y docente de la Escuela de Negocios de la Universidad del Norte, explica que durante mucho tiempo la competencia entre parques industriales estuvo determinada por variables como el precio del suelo, la infraestructura, los incentivos tributarios, la cercanía a los mercados y las economías de escala. “Hoy esos factores siguen siendo relevantes, pero ya no son suficientes. La nueva competencia está relacionada con la capacidad de compartir energía, agua, infraestructura, información y subproductos, reducir emisiones y construir cadenas de valor más eficientes y resilientes”, sostiene. La cooperación industrial Una señal de esa evolución, de acuerdo con Cervantes, es la estructuración del Clúster Industrial de Transición Energética de Cartagena, iniciativa inicialmente articulada por Ecopetrol-Refinería de Cartagena, Frontera Energy-Puerto Bahía, Promigas y la Cámara de Comercio de Cartagena, dentro de la iniciativa Transitioning Industrial Clusters del Foro Económico Mundial. Ahora, Barranquilla y su área metropolitana, según la Ph.D. en Economía Aplicada, tienen otra condición estratégica: una alta concentración de industrias químicas, metalmecánicas, manufactureras, siderúrgicas y logísticas, conectadas con el río Magdalena y con el sistema portuario. “Poder traer el acero e importarlo, hacer la logística, llevarlo hasta la bodega del parque industrial y hacer allí mismo la transformación (...) redunda en menores costos logísticos”, explica Ospina. En la Zona Franca de Barranquilla ya existe una estrategia que apunta en esa dirección. Su programa Impulso Sostenible reporta 67 empresas instaladas y más de 4.700 empleos, y plantea avanzar hacia un ecosistema ecoindustrial mediante iniciativas de economía circular, gestión eficiente del agua y la energía y simbiosis industrial. Los parques industriales han dejado de ser únicamente espacios destinados a la ubicación de empresas para convertirse en verdaderos ecosistemas que impulsan la inversión y el desarrollo empresarialVicky OsorioDirectora ejecutiva ProBarranquillaPara Vicky Osorio, directora ejecutiva de ProBarranquilla, los parques más competitivos son aquellos que combinan infraestructura, conectividad logística, servicios compartidos, seguridad, talento y acompañamiento empresarial. “En Barranquilla y el Atlántico hemos entendido esa evolución y hoy contamos con parques industriales que no solo ofrecen infraestructura de primer nivel, sino un entorno de negocios que facilita la llegada de nuevas empresas y fortalece el crecimiento de las que ya operan en el territorio”, indica la directiva.Sostenibilidad no es solo ambiental El argumento para acelerar la simbiosis industrial no está únicamente en reducir residuos o emisiones. Está también en la competitividad. “Uno de los errores sería presentar la simbiosis industrial únicamente como una política ambiental”, advierte Cervantes. “Su principal atractivo para las empresas está precisamente en que puede convertirse en una estrategia de competitividad”, dice Osorio. Y agrega que la presión de los mercados internacionales refuerza esta tendencia. Gobernanza, a decidir el futuroPara Lisette Cervantes Galván, Ph.D. en Economía Aplicada y docente de la Escuela de Negocios de la Universidad del Norte, el desafío, sin embargo, no es solamente tecnológico. Una red de intercambios industriales necesita coordinación. Cervantes considera que la falta de estructuras de gobernanza y de estrategias compartidas es uno de los principales obstáculos para llevar estos modelos de proyectos piloto a una escala mayor. El ejemplo de Tianjin vuelve a ser ilustrativo: la tecnología permitió mapear entradas, salidas y necesidades y encontrar coincidencias que las empresas, trabajando de manera aislada, difícilmente podían identificar. Ospina, desde la experiencia de Coremar, incorpora además una dimensión que pocas veces aparece en las discusiones estrictamente industriales: la social.Para él, una infraestructura no puede limitarse a instalarse en un territorio; debe integrarlo. “Cuando el desarrollo llega a los territorios y no hay una conversación con ese territorio y una inclusión del territorio a este proyecto, pues el proyecto a veces tiene una reacción negativa”, afirma.Empieza a verse ese modelo de compartir, por ejemplo, el vapor, la energía, la cogeneración, el tema de residuos, la logística y los serviciosJuan Pablo OspinaPresidente CoremarEn su experiencia, la inclusión de comunidades en la prestación de servicios puede transformar la relación entre los proyectos industriales y su entorno. “No solamente le genera a una persona, sino a varias personas sus servicios”, señala. Ese componente es fundamental para un Caribe que busca atraer inversión sin repetir modelos de enclave industrial desconectados de las comunidades.Próximo parque industrial puede ser un sistemaCartagena puede aprovechar la integración entre refinación, petroquímica, energía y puertos. Barranquilla y su área metropolitana pueden profundizar las conexiones entre siderurgia, metalmecánica, química, manufactura, logística y servicios. Y en ambos casos existe espacio para incorporar a la agroindustria y al sector de alimentos, cuyos residuos orgánicos pueden convertirse en energía, insumos o nuevos materiales. El siguiente paso, entonces, no necesariamente consiste en construir más parques industriales. Puede consistir en hacer que los que ya existen funcionen como sistemas. El concepto de parque industrial está dejando de describir un conjunto de empresas que simplemente comparten una ubicación. El movimiento estratégico del Caribe colombiano responde a una tendencia global en crecimiento. Foto:Cartagena iStock.El modelo que comienza a emerger es otro: empresas que comparten recursos, infraestructura, información, logística y conocimiento; puertos que dejan de ser únicamente puntos de entrada y salida de mercancías para convertirse en nodos de cadenas productivas; y residuos que dejan de ser el final de un proceso para convertirse en el comienzo de otro. Como resume Cervantes, el desafío para el Caribe colombiano es “dejar de mirar cada industria como una unidad aislada y empezar a mapear el territorio como un sistema de flujos”. En esa transición puede estar una de las claves para que las zonas portuarias del Caribe no solo movilicen mercancías hacia el mundo, sino que también construyan una nueva generación de industria más eficiente, circular, integrada y competitiva. Es el camino obligado hacia un desarrollo territorial plenamente sostenible. 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