Porto hace tiempo dejó de ser un secreto. El turismo crece y la ciudad se consolidó como uno de los destinos más buscados de Portugal, pero todavía conserva algo que resulta cada vez más difícil de encontrar en las grandes ciudades europeas: una escala que invita a caminar, detenerse y dejar que el paisaje aparezca de a poco.

Construida sobre las colinas que dominan la desembocadura del río Duero, su historia se extiende por más de dos mil años. Los romanos la llamaron Portus, “puerto”, y su desarrollo estuvo siempre ligado al comercio y al Atlántico. Hoy, ese pasado convive con hoteles contemporáneos, una gastronomía en plena renovación, proyectos culturales y, por supuesto, la tradición del vino de Porto.

Despertar frente al Duero

Hay una razón para empezar el recorrido del otro lado del río. Ubicado sobre una de las colinas de Vila Nova de Gaia, entre las históricas bodegas de vino de Porto, The Yeatman ofrece una de las perspectivas más impactantes de la ciudad. Desde sus terrazas, el Duero atraviesa el paisaje y, enfrente, el centro histórico se despliega con el puente Luís I como protagonista.

Miembro de Relais & Châteaux, el hotel está concebido alrededor de la cultura del vino. Sus habitaciones y suites tienen terraza o balcón y muchas de ellas están intervenidas con piezas y objetos vinculados con distintos productores portugueses. Más que funcionar como un refugio aislado, el hotel parece diseñado para mirar Porto desde otra perspectiva.