NoticiaCalles empinadas surcadas por tranvías, barrios históricos y azulejos sempiternos son algunos imperdibles en un recorrido por la capital lusa.Vista panorámica de Lisboa, con el castillo de San Jorge en el fondo Foto: iStockAGENCIA DE NOTICIAS29.08.2026 05:01 Actualizado: 29.08.2026 05:01
Como una postal a la venta para el turista pero sin perder su carácter, Lisboa se despliega desde los barrios altos hasta el estuario del Tajo: casas bajas escondidas entre calles empinadas, surcadas por tranvías, contrastan con grandes avenidas de marcas de lujo y restaurantes gourmet; tiendas de barrio tradicionales conviven con cadenas de pasteles de nata; grafitis temporales confrontan los azulejos sempiternos de la ciudad bañada por la luz atlántica. LEA TAMBIÉN No es posible llegar a conocer todo el entramado urbano que es la capital portuguesa en un solo viaje, pero descubrir aquello que la convierte en un indispensable europeo es el primer paso para regresar a Lisboa, la ciudad donde todo, sin prisa, conduce al río Tajo.Recorrer sus barriosNo hay una sola ruta para andar los barrios lisboetas. Hay que perderse para encontrar fachadas coloridas y de azulejos, pequeñas plazas a la sombra de árboles o bares arrinconados con vistas a la ciudad.El barrio de Alfama, el más antiguo de Lisboa, conserva, a pesar de las hordas de turistas, el espíritu bohemio y tradicional de los pescadores que se asentaron en el barrio tras el terremoto de 1755. Con el fado —género musical portugués— como banda sonora, el vecindario alberga en su trazado tortuoso el Castelo de São Jorge, una fortaleza medieval en la cima del barrio que ofrece vistas panorámicas al río Tajo. En este barrio también se ubica la Sé de Lisboa, considerada la catedral más antigua de la ciudad.Por su parte, situado en la cima de la Rua do Carmo, Chiado, una vez punto de encuentro de escritores, es ahora un barrio reconstruido tras el incendio de 1988. Hoy destaca por sus calles comerciales con boutiques de marcas de lujo como Hermès o Cartier, galerías, librerías, teatros, museos y cafeterías, algunas tan antiguas como el Café A Brasileira, una de las cafeterías más tradicionales de la capital lusa, que tiene en su terraza una escultura del poeta Fernando Pessoa.También está Baixa, reconstruido tras el sismo de 1755, el corazón céntrico, comercial y llano de Lisboa, que es famoso por su diseño geométrico y por sitios como la plaza del Comercio y el elevador de Santa Justa, una estructura neogótica construida en 1902 que funciona como un ascensor que une a Baixa con Chiado.El epicentro de lo bohemio en Lisboa es Barrio Alto, con murales de arte urbano, tiendas vintage y clubs nocturnos que se despliegan por sus calles, siendo el lugar de la fiesta lisboeta. LEA TAMBIÉN Mientras que río abajo, lejos del centro, se ubica un área histórica, Belém, desde donde partían en los siglos XV y XVI los barcos rumbo al otro lado del Atlántico. Allí se ubican algunos de los monumentos más importantes de Lisboa, como el monasterio de los Jerónimos y la torre de Belém. De esta zona son también originarios los pastéis de Belém o pasteles de nata, postres típicos portugueses imperdibles en una visita a la ciudad.Los ‘pastéis’ de Belém o pasteles de nata. Foto:iStockDesde las alturasPartiendo del Tajo, el entramado urbano que es Lisboa se eleva. Miradores, desplegados por los barrios, ofrecen distintas perspectivas de la arquitectura y la vida cotidiana de una ciudad que debe contemplarse desde las alturas.El de Portas do Sol es el más viral por sus vistas de las casas de Alfama y del río. Por otro lado, Santa Luzia no solo ofrece un mosaico distinto, sino también artistas callejeros; aunque si se busca tranquilidad, la mejor opción es Graça. Y coronando Lisboa destacan el mirador San Pedro de Alcántara, en la parte más elevada del Barrio Alto, y el de Nuestra Señora del Monte.Pero no solo hay miradores desde los cuales disfrutar de la ciudad. Sobre una colina, el castelo de São Jorge domina el paisaje lisboeta. A pesar de que algunos sectores continúan en ruinas tras el terremoto de 1755, la fortaleza ofrece una panorámica óptica.Otra opción para contemplar el horizonte es bajando por Rua Augusta, una de las arterias más comerciales y turísticas de Lisboa, en donde se alza el neoclásico Arco da Rua Augusta, monumento que con sus 30 metros de altura ofrece también una vista panorámica.Tras atravesar el Arco da Rua Augusta, se despliega la plaza del Comercio, el escenario de la vida turística de Lisboa que desemboca en el embarcadero de Cais das Colunas. En este enclave se asentó el Palacio Real de Lisboa hasta el fin de la monarquía en 1910 y fue un lugar importante de la Revolución de los Claveles.Plaza del Comercio, centro neurálgico de Lisboa, Portugal. Foto:iStockSiguiendo el recorrido del río, y alejándose del centro, destaca el puente 25 de Abril, que atraviesa el Tajo y da acceso a la ciudad de Almada. En este lugar se encuentra el Santuario Nacional de Cristo Rey, un monumento religioso.Mientras que en el barrio de Belém se eleva una estructura de 1960 en homenaje al quinto centenario de la muerte del rey Enrique el Navegante, el Monumento a los Descubrimientos. Además, construida y diseñada entre 1515 y 1521 como puerta de entrada a la ciudad y como defensa a posibles ataques desde el Tajo, la torre de Belém, con su estampa de barco encallado, es un ejemplo de estilo manuelino, la interpretación portuguesa del gótico tardío. LEA TAMBIÉN En cuanto al recorrido, siendo Lisboa una urbe de desniveles y calles empinadas, una de las soluciones de transporte más útiles son los tradicionales tranvías, que ofrecen seis líneas y conectan puntos importantes de la ciudad. Serpenteando por los barrios de Graça, Alfama, Baixa y Estrella, el tranvía 28 —el más famoso— ofrece asientos clásicos de madera de los años treinta y las mejores vistas de la ciudad.Otras dos líneas relevantes son la 15, que va del centro al distrito de Belém, y la 12, que realiza un recorrido circular entre la plaza Martim Moniz y el mirador de Santa Luzia.El famoso tranvía amarillo antiguo número 28 en las calles del barrio de Alfama en Lisboa. Foto:iStockPor otra parte, una de las imágenes características de la ciudad son los azulejos lisboetas, que cautivan a quienes la visitan. Su origen se remonta a principios del siglo XVI, cuando comenzó a popularizarse en Lisboa el uso del azulejo como revestimiento de paredes; su producción nacional comenzó en la segunda mitad de ese siglo, pero no fue sino hasta el siglo XVII cuando este material se consolidó como arte y símbolo de la identidad lusa.Un recorrido por la evolución de esta cerámica en Portugal, desde aquellos siglos hasta la actualidad, puede encontrarse en el Museo Nacional del Azulejo, situado en el antiguo convento Madre de Deus. Además de la exposición, también se explica el proceso de elaboración del azulejo y se muestra la restauración de piezas.Historia en sus templosUna parte de la historia de Lisboa se cuenta en sus templos. Uno de los más famosos es el monasterio de los Jerónimos, diseñado para conmemorar a los exploradores portugueses y cuyo claustro e iglesia están decorados con motivos náuticos y religiosos. Este templo alberga además las tumbas de figuras históricas como Luís de Camões y Fernando Pessoa, y caminar por su patio y atravesar sus arcos es uno de los hitos de la visita.Por su parte, el convento do Carmo no es un espacio sagrado, sino el esqueleto de uno. Parcialmente destruido por el terremoto y quemado por el incendio que asoló el barrio de Chiado en 1988, la iglesia permanece en pie con sus paredes y arcos que sostienen un techo inexistente, y alberga la sede del Museo Arqueológico do Carmo.Y alejada del aura mística y la estética religiosa, la Sé de Lisboa es más una fortaleza que un templo. Un sencillo rosetón y dos campanarios decoran su fachada principal, construida en el siglo XII sobre los restos de una mezquita. El interior se estructura en tres naves que alojan el claustro gótico, las capillas de Bartolomeu Joanes y San Ildefonso y la cripta.En definitiva, Lisboa es un lugar que ofrece, sin excepción, algo nuevo por descubrir cada día, en cada viaje.Datos útilesCuándo ir: durante la primavera (de marzo a mayo) y el otoño (de septiembre a octubre) el clima es templado, ideal para caminar, se consiguen precios más bajos y hay menos gente que en verano.Cómo moverse: la ciudad cuenta con una red de metro, tranvías y autobuses. El metro tiene mayor frecuencia, la red de tranvías es ideal para realizar circuitos por la ciudad. Todo el sistema funciona integrado mediante una tarjeta recargable.Para pagar: en la mayoría de los sitios turísticos, hoteles y restaurantes se aceptan tarjetas, pero es importante llevar efectivo pues algunos sitios como mercados o tiendas familiares pueden no aceptar pagos con tarjeta para consumos bajos.(*) Con información adicional de Redacción Domingo de EL TIEMPO. 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