Portugal siempre es un buen plan. Y sí, además de Lisboa, Oporto o el Algarve, hay mucha más vida si miramos al interior del país. En el centro, entre montañas, bosques y carreteras tranquilas, se esconde una red de pequeñas aldeas construidas con esquisto, una roca parecida a la pizarra que durante siglos se utilizó para levantar las casas, las calles y buena parte de los edificios de la zona. ¿El resultado? Pueblos que se integran en el paisaje.
Las Aldeias do Xisto son 27 aldeas repartidas entre las sierras de Lousã, Açor, Zêzere y Tejo-Ocreza. Todas comparten esa arquitectura de piedra tan característica, pero también una historia marcada por la despoblación. A finales del siglo XX muchas de ellas perdieron habitantes y llegaron a quedar casi abandonadas, hasta que un ambicioso proyecto de recuperación devolvió la vida a estos pequeños núcleos y puso en valor un patrimonio que estuvo cerca de perderse.
Hoy recorrer este territorio es una buena excusa para hacer una escapada de cuatro o cinco días desde España. No hace falta visitar las 27 aldeas para entender qué las hace especiales. Basta con pasear por lugares como Talasnal, Cerdeira, Candal o Casal de São Simão, recorrer alguno de sus senderos, darse un baño en una playa fluvial o probar una cocina muy ligada a las recetas tradicionales para descubrir una de las zonas menos conocidas de Portugal.






