El ternero apenas consigue mantenerse en pie cuando una separación programada corta el contacto con su madre y pone en marcha el siguiente ciclo productivo. Durante unos diez meses, la vaca será ordeñada mientras una nueva inseminación prepara otro parto antes de que termine la lactancia anterior.

Ese mecanismo explica cómo la producción puede continuar durante años sucesivos y sitúa el debate en el punto donde se cruzan rendimiento, reproducción y bienestar.

El ganado vacuno domina la producción mundial de leche

Según Leche Pascual, el ganado vacuno aporta el 82% de la producción lechera mundial, una proporción que en Europa deja apenas un 3% para otras especies. Los datos de la FAO sitúan a los búfalos en el 14%, mientras cabras y ovejas aportan el 2% y el 1%, respectivamente. El reparto cambia en zonas con condiciones agrícolas adversas, ya que las especies distintas del ganado vacuno alcanzan el 25% en África y el 40% en Asia.

Tras una gestación de nueve meses y alrededor de los dos años de edad, la vaca pare por primera vez y comienza una fase de lactancia regulada por la prolactina y la oxitocina. El ordeño frecuente prolonga esa producción, mientras el calostro de los primeros días da paso a varios meses de mayor rendimiento. Las explotaciones modernas suelen inseminar de nuevo a las vacas pocos meses después del parto para mantener intervalos regulares entre gestaciones y limitar el periodo sin producción de leche.