Una cría que depende de la leche materna durante meses o años recibe mucho más que alimento. Entre los mamíferos, la lactancia cumple una función decisiva en el crecimiento, la protección frente a enfermedades y el aprendizaje de los primeros comportamientos. La duración de ese periodo cambia mucho de una especie a otra porque cada una sigue un ritmo distinto de desarrollo.
Cuando una madre prolonga ese cuidado durante largo tiempo, también retrasa la llegada de nuevas crías. Esa relación entre alimentación, supervivencia y reproducción forma parte de la biología básica de los mamíferos.
Las hembras retrasan nuevos nacimientos durante varios años
El orangután de Borneo acaba de situarse en la parte más alta de esa clasificación. Un estudio dirigido por la investigadora Nur Syamimi Makbul, de SOKENDAI, y publicado en Communications Biology, demuestra que las crías de Pongo pygmaeus siguen consumiendo leche materna al menos hasta los seis años y medio de edad. El trabajo confirma de manera evidente una duración de la lactancia que durante décadas había sido sugerida por distintos estudios, aunque sin pruebas concluyentes.
Ese periodo tan largo tiene consecuencias importantes para la especie. Una hembra que dedica más de seis años a alimentar a una sola cría tarda mucho más en iniciar una nueva gestación, por lo que el intervalo reproductivo puede alcanzar siete u ocho años. En una especie amenazada por la pérdida de hábitat y la caza furtiva, esa lentitud dificulta la recuperación de las poblaciones. Cada cría perdida representa una reducción difícil de compensar porque el reemplazo natural requiere mucho tiempo.














