Con los melocotones hay un momento en el que la nevera ayuda y otro en el que puede estropear el plan. Si todavía están duros, necesitan madurar fuera; si ya están en su punto, el frío sirve para frenar el proceso. Meter toda la compra directamente en el frigorífico es cómodo, pero no es la mejor forma de sacarles sabor, aroma y una textura jugosa.

Además, el color rojo engaña bastante. En muchas variedades ese rubor aparece antes de que la fruta esté realmente madura, así que no conviene decidir solo por lo rojo que esté el melocotón. Importan más el color de fondo, el aroma y que la pulpa ceda un poco al tocarla sin apretar. Es una de las particularidades de las frutas con hueso, un grupo en el que el punto de compra y el de consumo no siempre coinciden.

El melocotón continúa madurando después de la cosecha, de modo que podemos organizar la fruta según cómo llegue a casa. Los firmes van a temperatura ambiente, los maduros a la nevera y los cortados necesitan frío desde el principio. Si tenemos más de los que vamos a comer, congelar o cocinar a tiempo es bastante mejor que esperar a que se pasen.

Primero, separa los melocotones según estén duros, maduros o tocados

Antes de buscarles sitio, merece la pena revisar la compra. No todos los melocotones de una misma bandeja maduran al mismo ritmo, y tratarlos como un lote único suele acabar regular. Dejamos aparte los que ya desprenden aroma y ceden ligeramente al tacto, mantenemos separados los más firmes y usamos primero los que tengan algún golpe.