El mismo lugar no sirve para un plátano verde y para otro que ya está amarillo y en su punto. Buena parte de los consejos contradictorios sobre cómo conservar los plátanos vienen de ahí: unos recomiendan dejarlos fuera de la nevera y otros aseguran que el frío alarga su vida. Las dos cosas pueden ser correctas, pero en momentos distintos.
Los plátanos y las bananas de postre siguen madurando después de la cosecha. Durante ese proceso, el almidón de la pulpa se transforma en azúcares, la fruta se ablanda y la piel pasa del verde al amarillo antes de llenarse de motas marrones. El calor acelera estos cambios; el frío los frena, aunque también puede oscurecer la cáscara.
Por eso, para mantener los plátanos frescos durante más tiempo, conviene mirar primero su grado de madurez. Los verdes necesitan terminar de madurar fuera del frigorífico. Los amarillos pueden mantenerse en un lugar fresco o pasar a la nevera cuando ya tienen el punto que nos gusta. Los que empiezan a estar muy blandos deben consumirse, cocinarse o congelarse cuanto antes.
Dónde guardar los plátanos según su grado de madurez
Esta es la regla doméstica más útil:








