Pocos productos generan tanta frustración doméstica como comprar un aguacate duro o encontrarlo, dos días después, convertido en una pasta marrón dentro de la nevera. La clave para evitarlo está en entender que esta fruta no termina de madurar en el árbol, sino después de la cosecha, y que ese proceso se puede acelerar, frenar o gestionar según el momento en que se vaya a consumir.
El aguacate pertenece al grupo de frutas climatéricas, es decir, aquellas que siguen madurando una vez separadas de la planta gracias al etileno, un gas que ellas mismas producen. Por eso, llega firme al supermercado y necesita unos días de reposo antes de estar listo. La temperatura ambiente acelera esta reacción, mientras que el frío la ralentiza, lo que explica por qué meter un aguacate verde en la nevera puede dejarlo duro durante semanas.
Saber si está en su punto es más una cuestión de tacto que de color, ya que algunas variedades mantienen la piel verde incluso maduras. Basta con presionar suavemente cerca del pedúnculo con la yema de los dedos: si cede un poco, está listo; si se hunde con facilidad o deja marca, probablemente ya se ha pasado.
Trucos para acelerar la maduración
El método más sencillo consiste en dejarlo sobre la encimera, lejos del sol directo, durante dos o tres días. Para acortar ese plazo, meterlo en una bolsa de papel junto a un plátano o una manzana concentra el etileno que desprenden ambas frutas y suele reducir la espera a la mitad. También se puede recurrir a envolverlo en papel de periódico o enterrarlo en un recipiente con harina, dos trucos tradicionales que funcionan por el mismo principio: mantener el gas cerca de la fruta.









