El 25 de agosto de 1944, la capital de Francia fue liberada por la ResistenciaLa ciudad llevaba 1.530 días esperando ese momento. Cuatro años, dos meses y tres días después de que las tropas alemanas desfilaran triunfantes por los Campos Elíseos, París volvió a escuchar un sonido que había olvidado: las campanas de sus iglesias repicando por la libertad. En los balcones aparecieron banderas francesas escondidas durante la ocupación. Mujeres y hombres salieron de los sótanos, arrancaron carteles nazis de las paredes y levantaron barricadas con adoquines, muebles y tranvías volcados. Algunos lloraban. Otros cantaban “La Marsellesa”. Muchos simplemente se abrazaban sin decir una palabra.PUBLICIDADEl 25 de agosto de 1944, la capital de Francia fue liberada por la Resistencia, la 2ª División Blindada francesa del general Philippe Leclerc y la 4ª de Infantería estadounidense, poniendo fin a más de cuatro años de ocupación nazi. La jornada no sólo significó la recuperación de una ciudad: representó el renacimiento político y moral de un país que había vivido dividido entre la resistencia y la colaboración con el régimen de Vichy –gobierno de Francia que colaboró con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial-.Pero aquella victoria estuvo a punto de convertirse en una tragedia irreversible. Horas antes de la rendición, Adolf Hitler había ordenado destruir París antes de entregarla. La pregunta que, según la leyenda, repitió obsesivamente por teléfono desde su cuartel general quedó inmortalizada para siempre: “¿Arde París?”. La respuesta fue un rotundo no.PUBLICIDADEn los balcones aparecieron banderas francesas escondidas durante la ocupación. Mujeres y hombres salieron de los sótanosEl 14 de junio de 1940, París cayó prácticamente sin combatir. El gobierno francés había declarado la ciudad “abierta” para evitar una destrucción masiva, y las tropas de las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi desde 1935 hasta 1945, la llamada Wehrmacht, ingresaron sin encontrar una resistencia significativa.Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Soldados alemanes marchando frente al Arco del Triunfo, la bandera con la esvástica ondeando sobre edificios públicos y Adolf Hitler recorriendo la Torre Eiffel y la Ópera de París pocas semanas después de la ocupación. Comenzaban años de miedo.PUBLICIDADLa vida cotidiana cambió de un día para otro. Había toque de queda, racionamiento de alimentos, escasez de combustible, controles permanentes y persecuciones. Miles de judíos fueron identificados, deportados y enviados a campos de exterminio. También fueron perseguidos comunistas, intelectuales, homosexuales y miembros de la Resistencia.La Ciudad Luz quedó sumida en una oscuridad literal y simbólica. Los cafés seguían abiertos, los teatros funcionaban y algunos intentaban sostener una apariencia de normalidad. Pero detrás de esa fachada existía otra realidad: la de las reuniones clandestinas, los periódicos secretos y las radios ocultas que escuchaban las emisiones de Londres.PUBLICIDADLas imágenes dieron la vuelta al mundo. Soldados alemanes marchando frente al Arco del Triunfo, la bandera con la esvástica ondeando sobre edificios públicos y Adolf Hitler recorriendo la Torre Eiffel y la Ópera de París (United States National Archives and Records Administration)París esperaba una oportunidad, que comenzó el 6 de junio de 1944. El desembarco aliado en Normandía abrió el frente occidental más esperado de la Segunda Guerra Mundial. Miles de barcos y más de 150.000 soldados llegaron a las playas francesas y comenzaron el avance hacia el interior del país.Sin embargo, la ciudad no era inicialmente una prioridad militar. El comandante supremo aliado, Dwight Eisenhower, consideraba más conveniente rodearla y continuar el avance hacia Alemania para evitar una batalla urbana que pudiera destruir la capital y retrasar la ofensiva. Pero la situación dentro de París empezó a escapar del control alemán.PUBLICIDADEl 19 de agosto de 1944, la Resistencia francesa decidió que había llegado el momento. Policías parisinos ocuparon la Prefectura de Policía y volvieron a izar la bandera tricolor. Obreros, ferroviarios y empleados públicos iniciaron huelgas. Combatientes de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) levantaron barricadas en distintos barrios.Así París se convirtió en un laberinto de calles cortadas, ventanas convertidas en puestos de francotiradores, mensajeros cruzando avenidas bajo el fuego y jóvenes armados con fusiles viejos enfrentando tanques y ametralladoras alemanas. Durante seis días se combatió casa por casa. Los parisinos sabían que resistir solos era casi imposible, pero también entendían que si esperaban demasiado podían perder la oportunidad de liberar su propia ciudad. El levantamiento popular obligó a Dwight D. Eisenhower, Comandante Supremo de los Aliados en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, a modificar sus planes. Ya no podía ignorar París.PUBLICIDADLos nazis ocuparon París durante cuatro años (The Grosby Group)El encargado de entrar primero fue el general Philippe Leclerc de Hauteclocque, comandante de la 2ª División Blindada, integrada por soldados de la Francia Libre. Esa fuerza tenía un enorme valor simbólico: eran franceses regresando para liberar la propia Francia. En la noche del 24 de agosto, una avanzada encabezada por la compañía conocida como “La Nueve”, formada en gran parte por republicanos españoles exiliados que habían combatido al franquismo, fue la primera unidad aliada que llegó al Ayuntamiento de París.Poco antes de la medianoche, los vehículos blindados entraron en la Plaza del Hôtel de Ville entre una multitud delirante. Las campanas comenzaron a sonar. Y la noticia se propagó como un incendio: “¡Han llegado! ¡Han llegado los franceses!”. La liberación ya era irreversible. PUBLICIDADPero llegó la orden más feroz de Hitler. Mientras los aliados avanzaban, emitió una instrucción desesperada. París debía ser destruida antes de caer. Los puentes sobre el Sena debían volar. También la Torre Eiffel, la catedral de Notre-Dame, el Museo del Louvre. También debían correr la misma suerte los edificios públicos, las fábricas y las estaciones ferroviarias. Todo debía quedar reducido a ruinas.El encargado de ejecutar esa orden era el gobernador militar alemán de París durante la Segunda Guerra Mundial, el general Dietrich von Choltitz. Entonces, gran cantidad de explosivos fueron colocados en varios puentes y edificios estratégicos. Durante años se discutió cuánto estaba dispuesto realmente Von Choltitz a cumplir la orden. Lo cierto es que, el 25 de agosto, decidió rendirse y desobedecer la instrucción de Hitler. Esa determinación salvó gran parte del patrimonio histórico de la Ciudad Luz, que estuvo a horas de desaparecer.PUBLICIDADOtra imagen de la liberación de París.La mañana del 25 de agosto comenzó con combates aislados. La resistencia alemana se derrumbaba rápidamente. Las tropas francesas rodearon el Hotel Meurice, convertido en cuartel general alemán. Von Choltitz fue capturado y trasladado primero a la Prefectura de Policía y luego a la estación de Montparnasse, donde firmó oficialmente la capitulación de la guarnición alemana. A las 14.30, París dejó oficialmente de estar ocupada. Miles de soldados alemanes fueron hechos prisioneros. Las banderas nazis desaparecieron de los edificios. La ciudad cambiaba de dueño y de destino.Horas después apareció la figura que sintetizaría el renacimiento francés: Charles de Gaulle, líder de la Resistencia y quien encabezaba las Fuerzas Francesas Libres que lucharon contra la ocupación nazi desde el exilio. Caminó entre una multitud inmensa hasta el Ayuntamiento. Allí pronunció uno de los discursos más célebres del siglo XX. “¡París ultrajado! ¡París quebrantado! ¡París martirizado! ¡Pero París liberado!”, sentenció. Sus palabras recorrieron Francia. Insistió con un mensaje político fundamental: la capital había sido liberada “por sí misma”, con la ayuda de toda Francia. Era una manera de devolverle protagonismo al pueblo y afirmar la legitimidad del Gobierno Provisional frente al régimen colaboracionista de Vichy. Aquella frase quedó grabada en la memoria colectiva.La imagen habitual muestra multitudes felices desfilando por los Campos Elíseos. Pero la realidad fue mucho más caótica. Todavía había francotiradores alemanes ocultos. Grupos de las SS –organización paramilitar de élite del Partido Nazi- seguían combatiendo. Durante el desfile del 26 de agosto, cuando De Gaulle se dirigió hacia Notre-Dame, se escucharon disparos y parte de la multitud corrió desesperada buscando refugio. Pese a todo, el general continuó caminando. Las fotografías de aquel momento se volvieron icónicas. El peligro no había terminado. Pero la ciudad ya no retrocedería.Soldados de La Nueve en la liberación de París (Wikimedia Commons)La liberación también tuvo protagonistas menos conocidos. Mujeres que actuaron como mensajeras, enfermeras o espías. Niños que transportaban armas escondidas. Obreros que sabotearon líneas ferroviarias. Policías que abandonaron la obediencia al ocupante y se sumaron al levantamiento. Y miles de integrantes de la Resistencia que combatieron durante días prácticamente sin apoyo pesado.Las bajas fueron importantes. Se estima que alrededor de 1.600 miembros de la Resistencia murieron durante la batalla por París y otros 1.500 resultaron heridos. Del lado alemán hubo miles de muertos y más de doce mil prisioneros. La libertad tuvo un precio muy alto.Con el paso de los años surgió una pregunta inevitable. ¿Por qué Von Choltitz desobedeció? Él sostuvo posteriormente que comprendió que destruir París no tenía sentido militar y que no quería pasar a la historia como el hombre que aniquiló una de las ciudades más importantes del mundo. Otros historiadores creen que la situación militar hacía imposible cumplir completamente la orden de Hitler. Sea cual haya sido la motivación, el resultado cambió la historia ya que los puentes permanecieron en pie. La Torre Eiffel también. Notre-Dame siguió dominando el horizonte parisino. El Louvre conservó su estructura. Y París escapó al destino que sufrieron otras ciudades europeas devastadas por la guerra.La liberación de París no significó el fin de la Segunda Guerra Mundial. Alemania todavía combatiría durante ocho meses más (Wikimedia Commons)La liberación de París no significó el fin de la Segunda Guerra Mundial. Alemania todavía combatiría durante ocho meses más. Pero sí marcó el final del régimen nazi en la capital francesa y el comienzo de la reconstrucción política del país. También abrió un período complejo. Comenzaron los juicios contra colaboracionistas. Hubo venganzas y ejecuciones sumarias. Miles de mujeres acusadas de haber mantenido relaciones con soldados alemanes fueron rapadas públicamente en escenas de enorme violencia y humillación.El 25 de agosto de 1944, París dejó de ser la capital ocupada del Tercer Reich y volvió a convertirse en el corazón de Francia. Durante cuatro años había vivido bajo el miedo, el hambre, las deportaciones y la censura. Esa tarde recuperó su voz y los cafés volvieron a estar repletos. Mientras el humo de los últimos combates todavía se elevaba sobre algunos barrios, la ciudad demostraba una verdad que sobrevivió a toda la guerra: Hitler había ordenado destruir París, pero la historia decidió otra cosa.