Apenas permanecería unas horas. Sin embargo, aquellos pocos momentos terminarían convirtiéndose en una de las escenas más simbólicas de toda la Segunda Guerra Mundial. (Photo by Heinrich Hoffmann)Eran las primeras horas de la mañana del 23 de junio de 1940 cuando una pequeña comitiva alemana atravesó las calles casi vacías de París. La ciudad más admirada de Europa, la capital de las luces, del arte, de la literatura y de la moda, acababa de sufrir una de las mayores humillaciones de su historia. Francia había sido derrotada. Sus ejércitos estaban deshechos y su gobierno había capitulado. Y ahora el hombre responsable de aquella catástrofe caminaba por sus avenidas. Adolf Hitler había llegado a París.No se trataba de una visita oficial ni de una gira prolongada. Apenas permanecería unas horas. Sin embargo, aquellos pocos momentos terminarían convirtiéndose en una de las escenas más simbólicas de toda la Segunda Guerra Mundial. PUBLICIDADLas fotografías mostraban al líder nazi contemplando la Torre Eiffel, observando la Ópera Garnier, recorriendo la explanada de Los Inválidos y posando frente a algunos de los monumentos más famosos del planeta.A simple vista podría parecer un turista privilegiado visitando una ciudad extraordinaria. Pero detrás de esas imágenes se escondía una realidad mucho más profunda. París estaba ocupada y Europa temblaba. Gran parte del mundo creía que Alemania estaba a punto de ganar la guerra.PUBLICIDADPara comprender el significado de aquella visita es necesario retroceder algunos años. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939, tras la invasión alemana a Polonia, pocos imaginaban la velocidad con la que el equilibrio de poder europeo iba a derrumbarse. Durante los años treinta, Hitler había consolidado el régimen nazi y transformado a Alemania en una formidable máquina militar.La Blitzkrieg, la llamada “guerra relámpago”, funcionó de manera casi perfecta. En cuestión de días las defensas aliadas comenzaron a colapsar y las tropas británicas y francesas quedaron cercadas (The Grosby Group)La integración de Austria en 1938, la ocupación de Checoslovaquia y la creciente agresividad diplomática del Tercer Reich –régimen totalitario y nacionalsocialista que gobernó Alemania entre 1933 y 1945 liderado por Adolf Hitler que perpetró el Holocausto- habían despertado preocupación internacional, pero las democracias occidentales continuaban apostando a evitar un conflicto a gran escala.PUBLICIDADAquella estrategia fracasó. Tras la invasión de Polonia, Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania. Sin embargo, durante varios meses el frente occidental permaneció relativamente quieto. Ese período fue conocido como la “guerra de broma” o “guerra falsa”. Muchos franceses creían que la poderosa Línea Maginot, el gigantesco sistema defensivo construido a lo largo de la frontera con Alemania, impediría cualquier penetración importante.Fue nada más que una ilusión. El 10 de mayo de 1940 Alemania lanzó una ofensiva devastadora. Las fuerzas nazis invadieron simultáneamente Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos. Pero el golpe decisivo llegó a través de las Ardenas, una región boscosa que los estrategas franceses consideraban prácticamente imposible de atravesar para grandes unidades blindadas. Los alemanes demostraron lo contrario. Miles de tanques irrumpieron con una velocidad nunca vista.PUBLICIDADLa Blitzkrieg, la llamada “guerra relámpago”, funcionó de manera casi perfecta. En cuestión de días las defensas aliadas comenzaron a colapsar y las tropas británicas y francesas quedaron cercadas. La situación se volvió desesperada. Entre finales de mayo y comienzos de junio se produjo la evacuación de Dunkerque. Más de 330.000 soldados aliados lograron escapar hacia Gran Bretaña a través del Canal de la Mancha. La operación fue considerada un milagro. Pero también representó una señal inequívoca del desastre militar que se estaba desarrollando.El 22 de junio Francia firmó el armisticio. La ceremonia se realizó en el bosque de Compiègne, en el mismo vagón ferroviario donde Alemania había firmado su rendición al final de la Primera Guerra Mundial en 1918 Photo: Berliner Verlag/Archiv