De paso por Madrid, Elisabetta Franchi habla de moda con una convicción que parece anterior a cualquier estrategia de marca. Para la diseñadora, la ropa no empieza ni termina en la prenda, sino en la sensación que produce. “Una mujer no busca solo un vestido, busca una emoción”, dice. La frase resume bien el territorio que ha construido: una feminidad reconocible, pulida, enfática, muy consciente de su poder escénico, pero defendida por ella como un acto de libertad más que como una obligación estética.En una industria cambiante, Elisabetta Franchi ha sostenido su idea de sofisticación: la de una mujer que no desaparece para resultar elegante. Su conversación se mueve entre la identidad italiana, el deseo de gustarse, el peso de las redes sociales y la responsabilidad de dirigir una firma que lleva su propio nombre. “La moda no debería ser una máscara”, afirma Franchi. “Debería ser una forma de expresar quiénes somos”.Durante años, el buen gusto en moda ha estado asociado a la discreción. ¿Siente que el péndulo cultural está cambiando y que, quizá, más vuelve a ser más?No creo que el buen gusto haya significado nunca invisibilidad. Para mí tiene que ver con la armonía, con la conciencia y con saber quién eres. Una mujer puede elegir un look sofisticado o bien algo más atrevido, ­pero lo importante es que aquello que lleva refleje su esencia. Tampoco creo que hoy exista tanto un miedo al exceso como una búsqueda de equilibrio. Cuando una mujer elige una prenda no simplemente para ser vista, sino para sentirse bien consigo misma, es cuando la moda encuentra su sentido más auténtico.La moda italiana siempre ha entendido algo que otras industrias de lujo a veces olvidan: que el glamur también puede ser emocional. ¿Qué queda hoy de esa idea de mujer?La mujer italiana tiene una herencia única: la atención al detalle, el amor por la calidad y una manera natural de combinar elegancia y carácter. No necesita ser ruidosa para ser notada. Su fuerza está en la confianza con la que se presenta ante el mundo, en su feminidad y en su presencia. Creo que fuera de Italia todavía se proyecta sobre ella una idea muy poderosa: una mujer que entiende la belleza como parte de la vida, no como algo superficial.Uno de los vestidos de la colección otoño-invierno 2026Filippo FortisSus clientas suelen decir que su ropa les da seguridad. ¿Qué cree que busca emocionalmente una mujer cuando compra moda hoy?Las mujeres no buscan solamente una prenda. Buscan una sensación. Una pieza ­debe hacerlas sentirse bellas, fuertes y seguras. Cuando una mujer me dice que llevar una de mis creaciones la hace sentirse más segura, ese es para mí el resultado más importante.Existe una conversación constante sobre empoderamiento femenino, pero también una enorme presión estética sobre las mujeres. ¿La moda libera, exige o ambas cosas a la vez?La moda puede ser una de las formas más poderosas de libertad. No creo que el empoderamiento signifique renunciar a la feminidad ni al deseo de sentirse bella. Al contrario. Significa tener la libertad de elegir quién quieres ser, sin reglas impuestas. El cambio más importante de los últimos años ha sido cultural. Las mujeres hablan hoy de sí mismas, de sus cuerpos y de su imagen con más libertad. La belleza ya no responde a un único estándar.Cuando mira a las mujeres jóvenes, ¿qué cree que se permiten desear que quizá su generación no se permitía?Creo que se permiten definirse con más libertad. Hablan de sus deseos, de su cuerpo y de su identidad de una manera mucho más abierta. Ya no existe una sola forma de belleza ni una única manera de sentirse femenina. Esa libertad es muy importante. Para mi generación, muchas veces había modelos más rígidos. Hoy una mujer joven puede construir su imagen desde un lugar más personal, más consciente, más suyo.Fundó una empresa con su propio nombre cuando el lujo estaba menos dominado por grandes grupos. ¿Qué ha ganado y qué ha perdido manteniendo ese nivel de control?Tener una empresa que lleva mi nombre es una gran responsabilidad, pero también un privilegio. Siempre he creído en la importancia de seguir una visión personal, porque una marca se construye ante todo sobre una identidad. Ese control aumenta todavía más mi sentido de la responsabilidad. Cada decisión habla de mí, de mi historia y de la mujer que imagino. Pero estoy muy orgullosa de dirigir mi compañía junto a mi equipo.Presentada en el Palazzo Acerbi, la ‘casa del Diavolo’ milanesa, la colección de este invierno transforma una arquitectura de sombra y leyenda en relato de afirmaciónFilippo FortisMuchas firmas independientes acaban pareciéndose entre sí cuando crecen, o para crecer. ¿Cómo se protege una identidad estética fuerte sin volverse demasiado previsible?El reconocimiento nace de la coherencia, no de la repetición. Una mujer debe poder verse reflejada en una prenda, pero también sentirse inspirada por ella cada vez, como si descubriera algo nuevo. La clave está en evolucionar sin perder los valores que están en el corazón de la marca. Una identidad fuerte no debe quedarse inmóvil. Tiene que avanzar con las mujeres, con sus deseos y con su manera de vivir.Las redes sociales han cambiado la relación entre deseo y validación. ¿Cree que hoy las mujeres se visten más para sí mismas o para la imagen que proyectan digitalmente?Las redes sociales han acelerado la manera en que la moda se vive y se comparte. Pero creo que, al final, una mujer sigue buscando lo mismo: sentirse bella, segura y cómoda en su propia piel. La imagen que mostramos a los demás forma parte de lo que somos, pero no puede sustituir la sensación que experimentamos cuando elegimos una prenda y nos sentimos realmente nosotras mismas. La moda no debería ser una máscara. Debería ser una forma de expresar quiénes somos. Cuando una mujer elige algo para sí misma, esa confianza llega naturalmente a los demás, sin necesidad de construirla.