La retrospectiva que la Sala Canal de Isabel II en Madrid dedica a la diseñadora no es solo una antología de 20 años de trabajo. Es también una confirmación de que el diseño es mucho más que un producto de consumo

“La moda crea cultura, y la cultura crea acción”. La frase es de Céline Semaan. Pero verbaliza muy bien lo que Ana Locking defiende y ahora recoge la retrospectiva que la Sala Canal de Isabel II en Madrid le dedica a la diseñadora. Una muestra que, más allá de recapitular 20 años de trabajo, confirma que la moda —su moda— es más que un producto de consumo.

Lo particular de las colecciones de Ana Locking (Toledo, 55 años) es que son a la vez autobiográficas y universales. Nacen de lo personal pero conectan con algo colectivo. Time Capsule (otoño-invierno 2012) surge de una mudanza: “Cuando empaquetas toda tu casa y afloran objetos, secretos y recuerdos que habías olvidado”. What Does God Say (primavera-verano 2014) usa la simbología masona del billete de dólar que tanto le fascina para señalar “la unión entre religión, dinero y poder”. Preachers and Believers (primavera-verano 2018), con la decepción de la primera victoria de Trump en las urnas, “plantea una crítica a las mentiras y promesas vacías de falsos profetas”. Realness (primavera-verano 2019) la hace tras descubrir y enamorarse de la cultura ballroom, “como homenaje a esa disidencia de cuerpos, identidades y formas de representación underground”. A Short Story of Weird Girls (primavera-verano 2020): “Es mi personal forma de pertenecer al feminismo, y valorar lo raro como potencial identitario”, reivindicando, una vez más pero más claramente que nunca, la singularidad del individuo frente a una sociedad que rechaza lo que no encaja en un molde. “Romper los estereotipos pone en valor lo frágil que es la normalidad. Es una ilusión: lo ‘normal’ no existe”.