A través de las prendas, las siluetas o los materiales, las sociedades proyectan narraciones sobre sí mismas, sobre quiénes somos, de dónde venimos o qué aspiramos a ser. Los desfiles de Chanel, Louis Vuitton y Miu Miu profundizan sobre la moda como hecho humano

La moda es una industria millonaria, una potente (y a veces infravalorada) forma de cultura, y cada vez más una especie de plataforma de entretenimiento. Pero la ropa también es una herramienta antropológica, un modo de expresar individualidad y, sobre todo, comunidad. Se puede trazar una historia del mundo a través de una historia del traje. La antropología utiliza el relato, el mito, como forma de explicar las sociedades, el modo en que ellas mismas se cuentan para explicar el mundo está en la base de cualquier cultura. La moda cumple una función similar. A través de las prendas, las siluetas o los materiales, las sociedades proyectan narraciones sobre sí mismas, sobre quiénes somos, de dónde venimos o qué aspiramos a ser.

Hay un mito, un relato eterno que no pasa de moda y que sirve para explicar la propia moda. Se titularía algo así como Vida y obra de Coco Chanel. Se han escrito y se escriben a día de hoy ríos de tinta sobre dónde estuvo, con quien y por qué, se investigan anécdotas nimias y hasta se hace arqueología de la decoración de los lugares en los que vivió la diseñadora para explicar, o tratar de entender, cómo fue capaz de cambiar a principios del siglo pasado las reglas del vestir femenino ella solita y de crear un uniforme que no solo sigue vigente un siglo después, también logró erigirse en sinónimo de moda y lujo. Vestir Chanel, antes y ahora, es vestir un mito, una leyenda que habla de exclusividad, clasicismo y audacia, pero que hacía tiempo que había perdido el lenguaje primigenio y fundacional de la autora, es decir, la libertad femenina, el ingenio y la rebeldía. Matthieu Blazy lo ha recuperado, y por eso, por haber sabido darle a una nueva vida a un lenguaje que todos hablan, se ha convertido en tiempo récord en el mejor diseñador de la actualidad. “Cuando a Chanel le preguntaban qué era Chanel respondía: pues Chanel. Y claro, es difícil lidiar con eso”, bromeaba ayer tras su desfile junto a un pequeño grupo de medios, entre ellos este periódico. Así que Blazy, en lugar de revisitar su biografía, como la casa acostumbraba en los últimos años, se puso a leer crónicas y entrevistas para tratar de entender al mito. Y encontró una en Le Figaro de los años cincuenta en la que Coco hablaba de la marca “como la mariposa y la oruga”, contaba, “la mariposa no va al mercado y la oruga no va al baile”. Es decir: la función y la cotidianeidad dialogan con el cuento de hadas, lo práctico se enfrenta a lo deseado y lo imaginado.