Véronique Nichanian puso final a 38 años de carrera como diseñadora de hombre de Hermès y sirvió el plato fuerte de la segunda parte de unos desfiles que se han debatido entre la pesadumbre y las ganas de lo contrario
Es inevitable ver respuestas al momento inmediato en los desfiles de moda: esos aproximadamente 10 minutos en los que un diseñador parece reaccionar al entorno con su ropa cuando en realidad está mostrando el fruto de meses de trabajo. En cierto modo, el desfile de despedida de Véronique Nichanian tras 38 años a la cabeza de las colecciones de hombre de Hermès lleva todo ese tiempo cocinándose, pero había una potente energía que parecía plantar cara al goteo de noticias inquietantes que se comentaban entre desfile y desfile.
La despedida de Nichanian fue el plato fuerte de la segunda mitad de la semana de la moda de hombre de París, el mayor escaparate del prêt-a-porter de lujo para el próximo invierno. La veterana diseñadora, famosa por su sutileza inmune a las tendencias, propone una silueta alargada, precisa y más sexy que en otras ocasiones: los modelos caminaban con paso marcial bajo el techo altísimo de la Bolsa de París con camisetas ligeramente escotadas bajo capas de de ropa en pardos y gris oscuro, o con looks completos de cuero negro con botas a juego (el guiño estaba a medio camino entre lo ecuestre y el sadomasoquismo de Pillion, la película protagonizada por Alexander Skarsgard que se estrena en marzo). Luego estaba lo sexy de los propios materiales: abrigos de cachemir reversible, trajes de seda, gabardinas de cocodrilo brillante o pellizas negras forradas de borrego naranja. Y los detalles: dobles solapas, finas cadenas plateadas en el cuello o los bolsillos y bolsos de viaje de línea sobria y factura impecable. Tiene sentido que uno de los lemas del trabajo de esta diseñadora sean los “placeres egoístas”. Una forma íntima de entender el lujo.







