En este verano de 2026 en el que tenemos aquí mismo una tremenda crisis humanitaria, entre otros calificativos posibles, pero siendo éste el más importante, por la llegada de miles de personas migrantes a Ceuta y en el que, más lejos pero cada vez a menos distancia real, en la República Democrática del Congo, un brote del virus del Ébola está causando estragos y generando miles de contagios y una alta mortalidad, aunque no parezca posible, también se están produciendo buenas noticias. Algunas, incluso, muy buenas.

Cierto que, además de esos dos casos de graves crisis que menciono, relacionados con la tremenda situación de millones de personas en el continente africano, notablemente en el área subsahariana, existe una enorme crisis de base, relativa a la falta de medios de vida dignos y respetuosos de los derechos humanos y, en particular, del derecho a la salud.