Actualizado Martes,

agosto

00:07Un preso encarcelado por un asunto de drogas. Otro esperando juicio por el c�lebre crimen de los marqueses de Urquijo. Una c�mara Betamax, dos magnetoscopios y una de las c�rceles m�s brutales y hacinadas de la Espa�a de los a�os ochenta. �sa fue la improbable mezcla de la que naci� Teleprisi�n: una televisi�n hecha por presos para presos en una Carabanchel concebida para unos 800 reclusos y que lleg� a amontonar habitualmente entre 2.000 y 2.300 hombres. Drogas, sida, suciedad, chinches y galer�as saturadas formaban parte del paisaje. Corr�a 1985. Adolfo Garijo y Javier Anastasio ten�an pocos medios y algo que all� sobraba por encima de todo: �mucho tiempo�, recuerda el primero.Con aquel equipo rudimentario comenzaron a grabar el opresivo microcosmos que ten�an delante y terminaron levantando uno de los experimentos audiovisuales m�s singulares de la historia audiovisual espa�ola. En aquel penal, los presos se cortaban las venas para protestar por sus condiciones y los problemas materiales eran constantes. Garijo resume el clima recordando las dos filosof�as que se disputaban entonces la c�rcel: responder al caos �a palo limpio� o intentar que los propios presos limpiaran, trabajaran y tuvieran algo que hacer.Internos en la sala de televisi�n de la c�rcel de Carabanchel.E.M.Garijo lleg� all� en 1985 por un asunto de drogas. No entr�, sin embargo, ajeno al lenguaje de la c�mara. Hab�a formado parte del Colectivo de Cine de Madrid y trabajado en grabaciones relacionadas con episodios de la Transici�n, desde las movilizaciones por la amnist�a hasta los abogados de Atocha. Unas vivencias sobre las que versa su �ltimo libro, Reporteros clandestinos de la Transici�n. Ya dentro encontr� material y grabaciones facilitados por asociaciones y ONG que en la c�rcel se conoc�an como �los de derechos humanos�. �Empec� a trastear con una hora de aquellas grabaciones y termin� montando un documental para entretenerme�. A los educadores les gust� y lo que hab�a empezado para matar las horas comenz� a crecer.A su lado apareci� Javier Anastasio, entonces preventivo por el caso de los marqueses de Urquijo y uno de los nombres m�s conocidos de la cr�nica negra espa�ola, que tras quedar en libertad provisional acabar�a fug�ndose a Sudam�rica con una identidad falsa. La pareja era dif�cil de imaginar fuera de Carabanchel: un hombre con experiencia cinematogr�fica y uno de los sospechosos m�s c�lebres de aquellos a�os detr�s de una c�mara. �El equipo de Teleprisi�n �ramos los dos y se nos fue sumando una cuadrilla de presos: presentadores, cantantes, actores, decoradores, ayudantes de producci�n... y algunos de ellos con much�simo talento�.Un interno presenta una pieza humor�stica desde el retrete.E.M.En 1986, aquella experiencia termin� adoptando la forma de una peque�a cadena interna. �Empezamos retransmitiendo los partidos de f�tbol entre las galer�as�. El invento funcion�. �Desarroll� una audiencia enorme�, recuerda Garijo. Luego aparecieron los telediarios humor�sticos, las actuaciones musicales, las entrevistas y otros programas. Tambi�n piezas de supervivencia: c�mo presentar una instancia, qu� trabajos pod�an solicitarse o c�mo funcionaba el comedor. Mientras en la calle tan solo operaban un pu�ado de televisiones convencionales, los miles de hombres encerrados en Carabanchel ten�an sus propios presentadores, c�maras, partidos e informativos.Teleprisi�n no naci� como una emisora clandestina de denuncia. Fue fruto de llenar el vac�o de una c�rcel donde pr�cticamente �no hab�a nada que hacer� y la televisi�n se convirti� en el gran entretenimiento delante y detr�s de la c�mara. Sin embargo, el simple hecho de filmar Carabanchel desde dentro termin� convirti�ndola en algo mucho m�s inc�modo.Javier Anastasio con la c�mara.E.M.Los periodistas que acud�an desde el exterior apenas penetraban en aquella mole. �No pasaban de determinadas zonas, como el centro o la enfermer�a�, explica Garijo. Los miembros de Teleprisi�n ten�an una ventaja imposible de replicar: ellos estaban presos. Pod�an entrar en las galer�as, volver horas despu�s, encontrarse de nuevo con un entrevistado en el patio y filmar lugares donde los equipos de televisi�n convencionales no llegaban. �Nosotros pod�amos acompa�arlos y movernos por el interior�. As�, la c�rcel dej� de estar observada �nicamente desde la puerta y empez� a grabarse a s� misma.Y en aquel ecosistema pod�an suceder escenas que hoy parecen escritas para una pel�cula. Un d�a, recuerda Garijo, los funcionarios se pusieron en huelga total. En Carabanchel entraron entonces fuerzas especiales de la Guardia Civil. Los agentes conoc�an el penal mucho peor que los hombres encerrados dentro. �l y otros presos vinculados a Teleprisi�n acabaron haciendo de cicerones en aquel infierno: inform�ndoles de d�nde estaba el comedor, de los horarios del rancho o gui�ndolos por puertas, pasillos y galer�as. La naturalidad con la que conoc�an la c�rcel llev� al mando de la Guardia Civil a confundirlos con funcionarios: �Menos mal que alguno de ustedes son responsables y no han hecho huelga�. Ellos respondieron: �Oiga, que nosotros somos presos�. �Podr�an haberse fugado en aquel momento? �Es posible, pero nunca lo hab�a pensado hasta ahora�, cuenta entre risas.Un interno con su rat�n durante una de las emisiones de Teleprisi�n.E.M.Con el tiempo, las c�maras comenzaron a tropezar con asuntos menos inofensivos: el hacinamiento, la droga o la relaci�n entre presos y funcionarios. No hac�a falta fabricar una denuncia. Bastaba con encender la c�mara.En 1987, Garijo llev� aquella experiencia un paso m�s all�. Rod� S�ptima galer�a, un docudrama con presos de Carabanchel como int�rpretes, y Carabanchel, la otra orilla, el documental que termin� abriendo al exterior la ventana creada por Teleprisi�n. El 14 de diciembre de 1987, con Garijo en libertad, TVE emiti� ambos trabajos en Documentos TV. Entonces, las im�genes hab�an recorrido las galer�as de un penal se colaron en las casas de toda Espa�a.El salto provoc� una bronca que salt� los muros: 55 funcionarios de prisiones escribieron un manifiesto para protestar por el documental, al que acusaban de ofrecer una visi�n sesgada. Para Garijo, aquel momento marca tambi�n el principio del fin. D�cadas despu�s sigue defendiendo que la salida de las im�genes cambi� la actitud de las instituciones hacia Teleprisi�n. El proyecto se desvanecer�a poco despu�s, tras lo que Garijo califica de un �viraje pol�tico del PSOE�. Asegura que todo lo relacionado con aquella experiencia qued� de alguna manera �maldito�: las cintas, la inmensa mayor�a del material y la propia Teleprisi�n terminaron desapareciendo. Cuando intent� despu�s obtener explicaciones de Interior, siempre obtuvo �la callada por respuesta�.La historia todav�a dio otro giro. Garijo volvi� a prisi�n y asegura que lo enviaron de entrada a la tercera galer�a, uno de los destinos m�s duros del penal. �l lo interpreta como una represalia. Un funcionario que lo conoc�a lo sac� de all� y lo mand� a la quinta, �con gente normal�. All� fue nombrado encargado de una revista penitenciaria que, mientras �l sigui� preso, no volvi� a publicar �ni un solo n�mero�. Despu�s lleg� el indulto.Carabanchel cerr� definitivamente en 1998 y fue demolida una d�cada despu�s. Para entonces Teleprisi�n llevaba a�os desaparecida y con ella se hab�a perdido la mayor parte de su metraje, aunque parte de lo que sobrevivi� predijo el destino del infame penal madrile�o: alg�n d�a Carabanchel desaparecer�a y en su lugar s�lo quedar�a �un hermoso solar lleno de gatos�.