Los pies suelen quedar relegados dentro de las rutinas de cuidado corporal, pese a soportar buena parte de nuestra actividad diaria. Una práctica sencilla combina dos ingredientes habituales: sal y aceite de oliva. Según los expertos, este método puede resultar útil para cuidar la piel, combatir la sequedad y proporcionar una agradable sensación de descanso. El procedimiento aprovecha propiedades diferentes. La sal gruesa o marina contribuye a retirar impurezas y suavizar las zonas endurecidas, mientras que sumergir los pies en agua templada favorece la relajación. Después entra en juego el aceite de oliva, cuyos ácidos grasos y antioxidantes ayudan a hidratar y mejorar la elasticidad de la piel. Cómo utilizar la sal y el aceite de oliva en los pies La combinación de sal y aceite de oliva puede ayudar a suavizar durezas, hidratar la piel seca y aliviar la sensación de cansancio en los pies (Pexels) Para realizar este cuidado en casa, primero hay que preparar un recipiente con agua tibia y añadir dos o tres cucharadas de sal gruesa o marina. Los pies deben permanecer sumergidos entre 15 y 20 minutos. Después resulta fundamental secarlos cuidadosamente, prestando especial atención al espacio entre los dedos para no dejar humedad. El último paso consiste en extender unas gotas de aceite de oliva mediante un masaje por los talones, la planta y los dedos hasta su absorción. Muchas personas optan por realizar este ritual antes de acostarse para aprovechar la sensación de relajación. Con unos pies sanos, una frecuencia de una o dos veces semanales suele considerarse suficiente. Cuándo conviene evitar este cuidado casero La combinación de sal y aceite de oliva puede ayudar a suavizar durezas, hidratar la piel seca y aliviar la sensación de cansancio en los pies (Pexels) Aunque puede ayudar con las asperezas, los talones secos y el cansancio, este procedimiento no sustituye ningún tratamiento médico. Los especialistas desaconsejan los baños con sal cuando existen heridas abiertas, infecciones, lesiones o ampollas importantes, porque podrían provocar molestias y dificultar la correcta cicatrización de la zona afectada. También deben extremar las precauciones quienes tengan diabetes, problemas circulatorios o enfermedades que alteren la sensibilidad de los pies. En estos casos es recomendable consultar previamente con un profesional sanitario. Asimismo, grietas profundas con sangrado, inflamación, dolor persistente, secreciones, cambios de color o posibles signos de infección requieren valoración profesional. Los pies suelen quedar relegados dentro de las rutinas de cuidado corporal, pese a soportar buena parte de nuestra actividad diaria. Una práctica sencilla combina dos ingredientes habituales: sal y aceite de oliva. Según los expertos, este método puede resultar útil para cuidar la piel, combatir la sequedad y proporcionar una agradable sensación de descanso.