Con perplejidadNo razonamos para averiguar la verdad, sino para proteger la identidadEl presidente del Gobierno, Pedro S�nchez.EFEActualizado Domingo,
agosto
23:23Audio generado con IASucedi� en los d�as del proc�s. Un amigo me pregunt� si pod�a imaginar un suceso capaz de desactivarlo. Entregado al disparate, respond�: que Pujol, padre de la criatura, reconociera p�blicamente su delito fiscal; no que se documentara, sino que �l mismo confesara: �Os he enga�ado durante a�os�. Lo dije como quien imagina que Dios baja a la Plaza de San Pedro y dice que el Papa es un farsante.Y acert�. O eso cre�. Porque, aunque las cosas sucedieron como las imagin�, nadie corrigi� sus juicios. La confesi�n lleg� y el edificio sigui� en pie, indiferente a la corrupci�n de sus cimientos.Algo parecido ocurre ahora con muchos votantes socialistas. Disponemos de algo semejante a dos experimentos naturales -sin posibilidad de r�plica- que desnudar�an a cualquier proyecto pol�tico: la flagrante inconsistencia entre las palabras (�traer� a Puigdemont�) y los actos (amnist�a), y una corrupci�n documentada del moralista de guardia, Zapatero. Y, sin embargo, dejando aparte -que ya es dejar- a los interesados en el negocio, hay personas razonables que se mantienen fieles al PSOE.Y eso sucede no s�lo entre votantes comunes, sino entre sesudos acad�micos, capaces de discutir con mil matices sobre si conviene desviar un tranv�a para matar a uno y salvar a cinco, o si una frase como �el actual rey de Francia es calvo� es falsa o carece de sentido. Para que me entiendan, entre sofisticados fil�sofos del derecho y refinados l�gicos o fil�sofos del lenguaje de nuestros mejores departamentos universitarios.A quienes confiamos en la raz�n, estas cosas nos apenan. Pero suceden, y hay explicaciones. Jonathan Haidt, Hugo Mercier, Dan Sperber o Daniel Kahneman han mostrado que la imagen autocomplaciente de �animales racionales� es un cuento que nos contamos para ir tirando. Turi Munthe ha resumido recientemente esos hallazgos con eficacia en Why We Think What We Think. Para entender nuestras ideas la fertilidad del suelo o el clima importan m�s que la l�gica de primer orden.El repertorio de los mecanismos es conocido. Sesgo de confirmaci�n: buscamos pruebas que avalen lo que ya cre�amos. Motivated reasoning: no razonamos para averiguar la verdad, sino para proteger la identidad. Tribalismo: preferimos coincidir con los nuestros a tener raz�n. Y, sobre todo, porque a la intemperie hace fr�o: las opiniones prescinden del mundo, se�alan pertenencia, generan confianza, distinguen aliados, exhiben identidad.La conclusi�n: ante la misma evidencia, dos personas inteligentes pueden llegar a conclusiones opuestas y ninguna estar� mintiendo. Solo estar� haciendo, con esmero, lo que la especie sabe hacer mejor: creer lo que conviene creer.Que, bien mirado, es la �nica confesi�n p�blica que nunca vamos a escuchar.






