Los biólogos señalaron que los colobos rojos figuran entre los primates más amenazados de Bioko y recordaron la extinción del búfalo forestal por caza (Imagen Ilustrativa Infobae)En la isla de Bioko, frente a la costa occidental de África, primates raros y otras especies silvestres enfrentan una caída por la caza para el comercio de carne de monte, aun cuando gran parte de sus bosques conserva un estado casi intacto.Según informó National Geographic, el contraste entre la salud del hábitat y la presión sobre la fauna quedó expuesto durante una expedición científica en esta isla de Guinea Ecuatorial. La isla, ubicada a unos 32 kilómetros del continente africano, estuvo unida a esa masa terrestre durante las eras glaciales, la más reciente hace unos 12.000 años.PUBLICIDADEl bosque permanece en pie, pero la abundancia y el comportamiento de la fauna muestran señales del impacto humano (Imagen Ilustrativa Infobae)El posterior aislamiento favoreció el desarrollo de subespecies y de una fauna particular, que incluye siete especies de monos, gálagos, pequeños antílopes, puercoespines, damanes arborícolas, ratas marsupiales y ardillas de cola escamosa.Los científicos que recorrieron la Gran Caldera y la Reserva Científica de las Tierras Altas del Sur observaron que el bosque permanece en pie, pero la abundancia y el comportamiento de la fauna ya muestran señales del impacto humano.Entre las especies registradas aparecen monos de orejas rojas, colobos negros, colobos rojos y drills. Los biólogos consideran que los colobos rojos son uno de los más amenazados y que el listado histórico de mamíferos ya sufrió pérdidas, como la extinción del búfalo forestal por caza hace cerca de un siglo.PUBLICIDADEn la isla de Bioko, la caza para el comercio de carne de monte reduce a primates raros pese a que gran parte del bosque permanece intacto (Imagen Ilustrativa Infobae)En las últimas décadas del siglo XX también se descubrieron grandes reservas de petróleo y gas natural frente a la costa, y compañías estadounidenses pasaron a extraer cerca de 400.000 barriles diarios.Ese flujo de riqueza elevó el poder de compra de parte de la población y favoreció la demanda de carne de mono, considerada un alimento apreciado y más caro que el pollo en los circuitos comerciales locales.Tom Butynski, biólogo conservacionista que visitó Bioko por primera vez en 1986, encontró entonces poblaciones de monos abundantes. En aquella etapa, la retirada de escopetas a pobladores locales entre 1974 y 1986 había dado un respiro a los primates. PUBLICIDADTambién ayudó la regeneración de sectores de selva baja que antes habían sido desmontados para plantaciones de cacao y luego quedaron abandonados.Bioko, en Guinea Ecuatorial, conserva una fauna aislada con siete especies de monos y otras especies silvestres propias del golfo de Guinea (Imagen Ilustrativa Infobae)Según los registros del Bioko Biodiversity Protection Program (BBPP), el personal del programa contabilizó en el mercado de Malabo más de 20.000 monos hasta fines de marzo de 2008, además de decenas de miles de otros animales.Las especies de monos de la isla se encuentran en peligro de desaparecer si la presión de cacería continúa. Durante los relevamientos más recientes en la Gran Caldera, detectaron una diferencia clara respecto de los años anteriores.Los mamíferos ya no se mostraban confiados frente a la presencia humana. En varios encuentros, grupos de primates emitieron llamadas de alarma y escaparon con rapidez hacia gargantas boscosas, una respuesta directa producto de la persecución de los cazadores.PUBLICIDADAun así, el trabajo de campo mostró que en sectores remotos del cráter persiste una población importante. Butynski estimó que el bosque de la caldera alberga algo más de una tropa de estos individuos por kilómetro, una tasa menor a la observada en 1986, cuando había casi el doble.El investigador sostuvo que la integridad del hábitat sigue siendo una ventaja decisiva, porque el problema principal no es la destrucción del área boscosa sino la caza. “Recuerdo haber pensado lo ingenuos que eran. Pudimos observarlos de cerca con detalle”, afirmó el biólogo.El auge del petróleo y el gas natural en Guinea Ecuatorial elevó la demanda de carne de mono, un producto más caro que el pollo en Malabo (Imagen Ilustrativa Infobae)En octubre de 2007, el presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, emitió una prohibición contra la captura, venta y consumo de carne de primates, después de gestiones del BBPP.PUBLICIDADDurante los primeros dos meses de vigencia, los cadáveres de monos desaparecieron del comercio, aunque siguieron a la venta otros animales silvestres como duikers, pangolines, pitones, puercoespines y ratas marsupiales.Parte del decreto justificó la medida por razones sanitarias y advirtió que los primates pueden portar epidemias y otras patologías transmisibles a las personas. Gail Hearn afirmó que el área protegida carece de vigilancia y permite el ingreso de cazadores (Imagen Ilustrativa Infobae)Los epidemiólogos detectaron en varias especies virus de inmunodeficiencia simia, entre ellos los precursores del VIH-1 y del VIH-2.Pese a ese primer efecto, la prohibición no frenó de forma definitiva el comercio, ya que al día siguiente del regreso de la expedición a Malabo, reaparecieron a la venta un drill y dos colobos rojos.PUBLICIDADGail Hearn, impulsora del programa de protección de la biodiversidad en Bioko, sostuvo que “saben que es un área protegida, pero no hay vigilancia, así que entran sin más y disparan a monos y duikers”.La prohibición de 2007 contra la captura, venta y consumo de carne de primates tuvo un efecto inicial, pero la falta de vigilancia permitió que el comercio reapareciera en Malabo (Imagen Ilustrativa Infobae)Hearn advirtió que los cazadores podrían estar utilizando senderos abiertos por los propios equipos científicos y afirmó que “en el mercado de Malabo incluso te dicen descaradamente: ‘Es un mono de Gran Caldera’”.Félix Elori, excazador y empleado de la industria petrolera, consideró que una multa de hasta 1.000 dólares puede ser un factor de disuasión más fuerte que los argumentos sanitarios.“Ya no puedo comer monos. Parecen personas. Y, además, es más económico comer pollo”, sostuvo Elori, quien relató que dejó de comer carne de mono después de criar dos crías de drill huérfanas.PUBLICIDADSi la cacería se frena de forma permanente, los ejemplares que aún sobreviven en la caldera podrían expandirse nuevamente hacia otros bosques de la isla, ya que gran parte del hábitat permanece conservado.