Todas las miradas en el zoológico de Madrid se han centrado estos días en el elefante de Sumatra que nació el pasado 5 de agosto. La cría enternece a los visitantes del zoo y, en vista de que pertenece a una población catalogada en peligro crítico de extinción, su llegada ha sido celebrada por el centro como un éxito para la conservación de esta subespecie de elefante asiático. Un par de meses antes, en abril, el zoo festejó el nacimiento de Sela, un orangután de Borneo ―otra especie en peligro crítico―. Los nacimientos de estos ejemplares han ocurrido en el marco de los programas en los que participa el zoológico para mantener animales genéticamente viables y que puedan contribuir en proyectos de conservación de especies en peligro de extinción, ante la mirada crítica de los animalistas que rechazan la reproducción en cautividad. No todos los nacimientos dentro de los zoológicos son vistos desde el júbilo. Los animalistas mantienen sus críticas y rechazan la actividad tradicional de los zoológicos. Pedro Pozas, director ejecutivo de la asociación Proyecto Gran Simio, denuncia que la reproducción en cautividad es una forma de reemplazar a los animales que van muriendo, una suerte de recambio generacional para mantener los zoológicos. “El objetivo de la reproducción en cautividad de los animales en peligro de extinción es exclusivamente para que el negocio continúe”, afirma. Pozas insiste en que si la finalidad real de los programas de cría fuera la conservación, todas las especies nacidas en cautividad deberían ser trasladadas a lugares en los que estas poblaciones vivan en libertad. No obstante, el director de Gran Simio observa lo contrario: “Bajo el amparo de que tienen programas de reproducción en cautividad de especies en peligro de extinción, lo que hacen es mantener ese negocio para que los que vayan muriendo sean reemplazados con los que van naciendo”. El Partido Animalista Con el Medio Ambiente (PACMA) hace una lectura similar. Frente a nacimientos como el del elefante de Sumatra, la postura es radical: “Ha nacido un preso. Un animal que morirá en el mismo cautiverio que sus progenitores y nunca conocerá la libertad”.La cría de elefante de Sumatra todavía no tiene nombre, pero lo tendrá dentro de poco, cuando el zoo publique las opciones para que los seguidores lo escojan a través de una votación en redes sociales. Lo cuida su hermana Vera, que nació en 2017, también en el zoo de Madrid. La cría, un macho de 90 kilos, se pasea ante la mirada curiosa de los niños y adultos que se aglutinan para ver a estos gigantes. Se trata de una población que, en estado silvestre, ha perdido el 69% de su hábitat en las últimas tres décadas. Eva Martínez, veterinaria del zoo de Madrid desde hace 24 años, explica que, en el caso del elefante recién nacido, intentan intervenir “cuando es posible”. El seguimiento de rutina incluye pesarlo a diario y mantener una observación a través de cámaras para, molestando poco, tener el máximo de datos. “La madre, Cynthia, ya ha tenido crías anteriormente y ha sido buena madre”, reconoce Martínez. El comportamiento de la madre es clave ya que, en caso de ser primeriza o no haber tenido una buena experiencia con crías anteriores, el equipo veterinario del zoo tendría que intervenir con más atención.Orangután de Borneo con su cría en el zoo de Madrid.ÁLVARO GARCÍAOrangután de Borneo con su cría en el zoo de Madrid.ÁLVARO GARCÍAOrangután de Borneo con su cría en el zoo de Madrid.ÁLVARO GARCÍAAgustín López, director de biología del zoo de Madrid, afirma que “la conservación de la biodiversidad constituye uno de los pilares de la actividad” de este centro ubicado en la Casa de Campo. El zoo dispone de 22 hectáreas y alberga a 1.300 animales de 333 especies diferentes. Cerca de una cuarta parte de las especies se encuentran incluidas en alguna categoría de amenaza de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Entre las más emblemáticas figuran, precisamente, el orangután de Borneo y el elefante asiático de Sumatra, junto a especies como el gorila occidental de llanura, el lince ibérico, el panda rojo, entre otros. El mantenimiento de especies amenazadas, detalla el zoo, implica una inversión constante en alimentación especializada, bienestar animal, atención veterinaria y conservación. El panda gigante, por ejemplo, requiere un suministro continuo de bambú fresco para su dieta. La inversión anual solo para su alimento es superior a los 110.000 euros, con bambú que procede principalmente de viveros de Portugal y Francia. López pone en valor la experiencia del zoo de Madrid con esta especie, pues es el único centro español que tiene pandas gigantes y, además, tiene el récord de reproducción fuera de China, con siete ejemplares nacidos en sus instalaciones ―el primero de ellos por inseminación artificial―. La pareja que está actualmente, sin embargo, no se ha reproducido a pesar de los esfuerzos. Otro caso representativo es el del koala, que se alimenta exclusivamente de eucalipto. La inversión supone unos 40.000 euros anuales para dos ejemplares.Rinoceronte indio en el zoo de Madrid.ÁLVARO GARCÍAEva Martínez, veterinaria del zoo de Madrid.ÁLVARO GARCÍAPanda gigante en el zoo de Madrid.ÁLVARO GARCÍAElefantes asiáticos de Sumatra en el zoo de Madrid.JORGE REINO PEPINPersonas en la zona de primates en el zoo de Madrid.JORGE REINO PEPINAgustín López, director de biología del zoo de Madrid.ÁLVARO GARCÍAEl zoo también colabora con programas de protección de especies en peligro por fuera de sus instalaciones. Uno de los casos más llamativos es el de la foca monje del Mediterráneo. Un equipo español del que forma parte Eva Martínez coopera junto a uno mauritano en un proyecto de la Fundación CBD-Hábitat para proteger a la única colonia reproductora de esta especie que queda en la península de Cabo Blanco, en Mauritania. “Asesoramos y colaboramos todos los años allí con los manejos, los marcajes y la atención a los ejemplares que lo necesiten”, explica Martínez sobre la tarea de monitorizar a la colonia. La foca monje del Mediterráneo, que desapareció de España entre la década de los 50 y los 80, conserva una población que “no llega a los 400 individuos” en el mundo. No hay ejemplares en cautividad y hay colonias en Portugal, Turquía y Grecia, pero la de Cabo Blanco recibe una atención especial al ser la única reproductora en esa península. “Es una especie con la que hay que hacer todo lo que se pueda para salvarla y que se recupere”, comenta la veterinaria del zoo de Madrid. Reintroducción cuando es posibleLa reintroducción de especies en el entorno natural es el ideal de la conservación. Sin embargo, no todos los animales que nacen en cautividad lo logran. En el caso del zoo de Madrid, el caso más destacado de los últimos años es el de Nima, una nutria gigante del Amazonas nacida en este centro en 2020 y que fue trasladada tres años después al Parque Nacional Iberá, en Argentina. Tras un periodo de adaptación, el ejemplar fue reintroducido en los humedales en junio de 2025 junto a su familia para contribuir a la recuperación de una especie desaparecida localmente desde hacía décadas. El zoo también colabora regularmente en programas de rescate, cría y liberación de fauna ibérica, como lechuzas, búhos reales, cernícalos y ardillas rojas, junto a centros de recuperación y organizaciones especializadas.El zoo participa en alrededor de 60 Programas Europeos de Conservación Ex Situ (EEP), coordinados por la Asociación Europea de Zoos y Acuarios. El objetivo es mantener poblaciones animales genéticamente viables que puedan contribuir en el futuro a proyectos de conservación y, cuando las condiciones lo permitan, a programas de reintroducción en los ecosistemas de origen. Este trabajo se complementa con el apoyo a proyectos de conservación desarrollados directamente sobre el terreno y financiados a través de la Fundación Parques Reunidos, que destina alrededor de 100.000 euros anuales a iniciativas científicas y de protección de especies amenazadas, según ha detallado el zoo de Madrid.