Arashiyama es una de las dos laderas cuajadas de templos entre las que se levanta la ciudad de Kioto. La otra es la ladera de Higashiyama. Arashiyama es un famoso distrito turístico, imprescindible en toda visita a la ciudad más interesante de Japón, que fue durante 1.000 años capital del imperio. Aunque alberga una importante concentración de templos y recintos históricos, hay dos lugares que cualquier agencia de viajes o influencer que sigas en redes sociales venden como imprescindibles. Uno es el Kinkaku-Ji o Pabellón Dorado, realmente un lugar espectacular. Una villa de descanso mandada construir por el shogun Ashikaga Yoshimitsu en 1397 y transformada en templo zen a su muerte. Ofrece la estampa más armónica de todo Japón, sobre todo en otoño, con su jardín cuajado de colores ocres, verdes y amarillos; eso sí, lo tendrás que ver a la carrera, entre codazos de una riada de visitantes que literalmente te llevará cual hoja de árbol en medio de un torrente.El otro imprescindible es el bosque de bambú de Arashiyama. Cuando ves fotos de este espacio natural en portadas de guías de renombre o en el timeline de instagramers y tiktokers, te imaginas un bosque enorme, mágico y solitario en el que perderte, con una luz suave que se filtra entre las hojas de rectilíneos troncos cilíndricos mecidos por el viento; con un poco de suerte, en un recodo te cruzarás con una joven vestida con un kimono de largas mangas colgantes y colores vibrantes… y te harás el selfi de tu vida. Pero nada más lejos de la realidad. Para empezar, de grande el bosque tiene poco: son apenas 250 metros de camino pavimentado del que no te puedes salir, con grandes ejemplares de bambú a ambos lados. Y el gentío que suele haber —todos intentando hacerse la foto y que parezca que están solos— quita cualquier resquicio de encanto. A lo que hay que sumar los rickshaws, con turistas que se creen en el casting de Memorias de una geisha. El bosque de bambú de Arashiyama es de los lugares más sobrevalorados que conozco de un país fascinante como es Japón.Si quieres verlo con cierto encanto y con una atmósfera envolvente tienes que madrugar mucho; llegar antes de las ocho de la mañana como tarde. A partir de esa hora se llena hasta la bandera. Por eso conviene saber que hay otros bosques de bambú en Kioto más grandes y menos masificados, como el de Takenomichi, al suroeste de la ciudad, en el distrito de Muko; o el de Nishikyo-ku, a un cuarto de hora en tren al oeste de la metrópoli.En cualquier caso, y como siempre, todo depende de las expectativas que uno se haya hecho. Si eres consciente de lo que te vas a encontrar, el bosque de bambú será un paseo de 15 minutos más dentro de un día intenso visitando las otras maravillas que sí ofrece esta ladera de Arashiyama. Además del ya mencionado Pabellón de Oro —patrimonio mundial de la Unesco—, aquí esperan el Tenryu-ji, templo budista fundado en 1339; el Ryōan-ji, con su famoso jardín zen solo con piedras y grava, o el puente Togetsukyo sobre el río Katsura.