A muchos niños les gusta dibujar y, además, es una actividad que les ayuda a desarrollar la imaginación, la concentración, la motricidad fina, el pensamiento abstracto y la coordinación ojo-mano, entre otras habilidades. Pero también es un vehículo perfecto para que expresen y plasmen aquello que, a veces, no saben o no pueden poner en palabras. “Dibujar es una vía de expresión simbólica de su mundo interno, una manera de sacar, sin palabras, lo que habita en su sentir psíquico. Es especialmente importante porque los niños y las niñas aún no tienen las capacidades lingüísticas para poner en palabras muchas de sus vivencias emocionales o no las tienen registradas en palabras”, explica Olga Barroso, psicóloga experta en violencia de género, trauma y apego, que sostiene que a través de los dibujos se puede llegar al mundo psíquico de los niños, sobre todo a cuestiones emocionales y relacionales.Sin embargo, los dibujos no pueden interpretarse de forma directa. “No es que si pinta un monstruo sea porque tiene miedo; cuidado con las interpretaciones arbitrarias, vacías y sin criterio. Los dibujos no sirven por sí solos y sin conocimiento para diagnosticar a los niños. Siempre deben interpretarse con cautela y dentro del contexto del niño”, advierte la psicóloga. Tal y como comenta Barroso, para que permitan conocer qué pasa por el pensamiento, las preocupaciones o el sentir de los menores es imprescindible saber qué suelen dibujar y cómo lo hacen habitualmente, para detectar si ha habido algún cambio o si empiezan a representar escenas realistas que no forman parte de su mundo o de lo esperable para su etapa evolutiva. “Esto puede alertarnos de que han tenido alguna vivencia anómala o que no conocemos”, explica Barroso. Además, señala que en los hábitos de dibujo se reflejan muchas cosas: “Si antes utilizaban colores vivos y representaban escenas alegres y, por ejemplo, dejan de hacerlo y empiezan a dibujar personas que asustan o que hacen cosas negativas, podría ser una señal de alarma. Si dibujan siempre lo mismo, podría tratarse de algo que les preocupa o que les interesa mucho”. Hay otros aspectos clave en los que los expertos se fijan: “La ubicación de los elementos puede ser una pista importante. Si los niños dibujan con angustia o con trazos muy intensos, esto puede indicar que tienen algún tipo de sufrimiento. O si se oponen a dibujar ciertas cosas que les pedimos expresamente, puede ser que exista algún conflicto relacionado con esa cuestión”, analiza la experta.En esta misma línea se mueve José del Saz Pancorbo, psicólogo clínico y neuropsicólogo del Centro Klive, que sostiene que lo más importante cuando se trabaja con un niño es acceder a su mundo simbólico para entender cómo se relaciona con el entorno y cómo interpreta sus propias emociones. “Cada niño tiene un mundo simbólico y lo fundamental es investigar, porque los dibujos significan y no significan; es decir, que el niño tiene que contar la historia que hay detrás. Un dibujo siempre se utiliza como complemento para formular hipótesis o ver por dónde hay que indagar. No se utiliza con fines diagnósticos”, asegura.No todos los garabatos que hacen los niños a cualquier edad pueden analizarse en este contexto. Es a partir de los 3 o 4 años cuando empiezan a aparecer producciones con cierto contenido simbólico, “pero no es hasta los 5 o 6 años cuando los dibujos son más estructurados y permiten una lectura más rica”, admite Barroso.Aunque no permiten diagnosticar, sí pueden ofrecer pistas sobre el malestar emocional y servir a los profesionales para detectar posibles miedos, tristeza, inseguridad, conflictos familiares o dificultades en la relación con los iguales. “También pueden aparecer indicadores de vivencias más complejas, como situaciones de violencia o experiencias traumáticas, aunque estos casos requieren siempre una valoración profesional cuidadosa y nunca deben inferirse a partir de un único dibujo”, concreta Barroso.Esta experta en trauma ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional atendiendo a mujeres supervivientes de violencia machista y ha visto muchos dibujos de niños que han sufrido violencia física, psicológica y sexual. Por eso sabe que, en algunos casos, los dibujos hablan por sí solos o incluso “gritan” que el menor ha sufrido esa violencia. “En estos casos, dibujan adultos con bocas grandes, colmillos o dientes enormes; manos grandes de las que salen rayos o elementos que dañan, y utilizan mucho el negro y el rojo. En algunos casos aparecen elementos que un niño no podría conocer si no hubiera sufrido una agresión, como genitales de gran tamaño, manos de adultos con cuchillos sobre partes de su cuerpo o líquidos saliendo de los genitales”, comenta. La psicóloga sostiene que estos dibujos “tienen la capacidad de hacerte sentir en tu tripómetro sensaciones horribles, que son las que ellos vivieron en esas situaciones”, aunque insiste en que se trata de ejemplos extremos.Cada profesional trabaja con su propio método, pero los dibujos suelen ser un buen recurso para abordar emociones con menores, que narren experiencias difíciles o construir recursos personales. Además, son una herramienta especialmente útil cuando el lenguaje verbal está limitado o el niño tiene dificultades para expresar lo que siente. “El dibujo se utiliza como una herramienta facilitadora. No se analiza de forma rígida ni aislada, sino como punto de partida para el diálogo. Se invita al niño a explicarlo, lo que permite acceder a su significado personal”, argumenta la experta.En psicología se utilizan técnicas proyectivas, es decir, herramientas que permiten que el niño proyecte aspectos de su estado emocional a través de un dibujo, por ejemplo. “Hay técnicas estandarizadas, como el test del dibujo de la familia, que debe realizarse de forma guiada y con el profesional presente. En él observamos el orden en que dibuja a los personajes, la creatividad, las siluetas, el trazo, la posición de cada figura, la distribución en el papel, el nivel de detalle o si los personajes son más simples o elaborados. Después, el niño tiene que contar una historia sobre qué hacen y cómo interactúan”, explica Del Saz, que hace hincapié en que lo importante es interpretar el conjunto e indagar. Además del dibujo de la familia, existen otras técnicas: “Está el House-Tree-Person, que consiste en dibujar una casa, un árbol y una persona. También está estandarizado qué aspectos observar y qué preguntas hacer. Otra es la caja de arena, en la que hay muchísimas figuras y el niño tiene que construir una historia con ellas o con una en concreto. Los dibujos pueden ser una forma de acceder a su mundo simbólico, pero hoy hay muchas más herramientas”, asegura el experto. Entre ellas menciona las series que les gustan, los videojuegos a los que juegan o cualquier otro elemento que permita acceder a su fantasía interna y conectar con sus intereses.Muchas familias muestran interés y preocupación por los dibujos de sus hijos y se preguntan si pueden detectar en ellos alguna señal que justifique consultar a un especialista, por ejemplo, en casos de acoso escolar. Sin embargo, Barroso aconseja que, más que tratar de interpretar mensajes ocultos, conviene conocer el estilo del niño —qué suele dibujar y cómo lo hace— para poder detectar cambios llamativos en las formas o en el contenido. “Por ejemplo, dibujos muy repetitivos, la desaparición de elementos habituales o el uso exclusivo de ciertos colores”. No obstante, aclara que lo más relevante es la actitud del niño hacia el dibujo: “Si disfruta, si evita dibujar o si muestra malestar al hacerlo”. Ante cualquier duda, recomienda preguntarle con curiosidad y sin juzgar: “¿Me cuentas qué pasa aquí?”.En el ámbito cotidiano, el dibujo también puede ser una herramienta muy valiosa. “Ofrecer espacios tranquilos para dibujar y acompañar desde la curiosidad facilita que el niño se exprese”, anima Barroso, que propone preguntas abiertas como “dibújame cómo ha sido tu día” o “cómo se siente hoy tu corazón”. “Lo importante es no dirigir en exceso ni interpretar de forma precipitada, sino escuchar y validar lo que el niño comparte”. El dibujo, concluye, “es más una puerta de entrada a la conversación que una prueba que haya que descifrar”.
¿Qué dicen los dibujos que pintan los niños sobre su mundo emocional?
Las ilustraciones son una vía de expresión simbólica del menor, pero nunca deben interpretarse de forma aislada. Los expertos explican qué pistas pueden ofrecer y cuándo convendría consultar a un profesional








