Estados Unidos lleva varios años, en especial desde este 2025, aplicando una serie de importantes aranceles globales a muchos países. En buena medida, el supuesto objetivo final de estas medidas era tanto equilibrar la balanza de pagos de EEUU como debilitar las cadenas de suministro chinas y reducir la dependencia del gigante norteamericano.De hecho, si nos quedamos con los datos superficiales, parecería que esta estrategia de presión habría funcionado de una forma perfecta. De acuerdo con un reciente informe de agosto realizado por el Instituto Peterson de Economía Internacional, la cuota de China en las importaciones bilaterales de bienes estadounidenses se desplomó de alrededor del 22% en 2017 a cerca del 9% a finales de 2025. Algunos observadores lo presentan como prueba de que el desacoplamiento avanza, pero el propio documento nos revela una realidad mucho más negativa para la industria de EEUU.
El informe de Mary E. Lovely y Christine Y. Wan utiliza tablas multirregionales de insumo-producto del Banco Asiático de Desarrollo para medir el valor añadido chino embutido en todas las importaciones estadounidenses, no solo las que cruzan la frontera directamente desde China. Si se toma como referencia el conjunto de bienes y servicios hasta 2024, la cuota bilateral china cayó unos 7 puntos porcentuales, del 18% al 11%. En ese mismo periodo, la participación del valor añadido chino solo retrocedió alrededor de 2 puntos, del 17,7% al 15,4%.








