0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn el tercer canto de la Ilíada, Príamo, rey de Troya, observa desde la alta muralla a los combatientes enemigos. No los conoce y va preguntando a Helena quién es quién. Ella contesta a su suegro, atenta pero entristecida: se siente culpable. Príamo intenta tranquilizarla: los responsables de la guerra son los dioses. Hablan de Agamenón (su excuñado) y de Odiseo. ¿Y este guerrero tan alto? “Es el gigantesco Áyax, baluarte de los aqueos”, explica ella. Áyax es, después de Aquiles, el mejor combatiente griego. El más audaz, fuerte y valiente. Se ha enfrentado al caudillo troyano, Héctor, y han quedado empatados. Héctor regala a Áyax una espada.Cerámica griega del siglo VI a.C. ArchivoExisten otras fuentes, además de las de Homero. La Ilíada es oscura y trágica: el destino, el honor, el combate, los duelos, el dolor, la fuerza, son su materia principal. En cambio, La pequeña Ilíada (un texto perdido del que se conservan fragmentos y resúmenes) es una colección de aventuras que pone en valor la astucia. Como es fácil de imaginar, Odiseo o Ulises, el más listo, es el gran protagonista.“No veo en nosotros, todos los que vivimos, nada más que fantasmas”Una escena clave es la herencia de Aquiles. Muerto el héroe, ¿quién heredará sus armas? En la Ilíada se narra brevemente: los jefes griegos las conceden a Odiseo, aunque Áyax también las quería. En La pequeña Ilíada la elección tiene más sustancia: los jefes creen que los enemigos elegirán de forma más objetiva al heredero. Unos espías escuchan a mujeres troyanas elogiar a Odiseo, quien recibe por ello las armas de Aquiles. Áyax se descontrola. Intenta vengarse. Pero la diosa Atenea, protectora de Odiseo, lo perturba. Mata ovejas y vacas pensando que son los compañeros que lo han humillado. La diosa se burla. Después, recuperada la lucidez, Áyax se da cuenta de que ha hecho el ridículo, y se hunde. Se suicida con la espada que le había regalado Héctor.Sófocles le dedica una tragedia extraordinaria que pone el acento en la debilidad de la condición humana. Áyax sostiene que “vivir con honor o morir con honor es el deber del hombre noble”. El rival Odiseo, compasivo, observa en el comportamiento enloquecido del valiente Áyax la fragilidad de todos los seres humanos: “No veo en nosotros, todos los que vivimos, nada más que fantasmas o una sombra ligera”.
Humanos, sombras ligeras, por Antoni Puigverd
En el tercer canto de la Ilíada, Príamo, rey de Troya, observa desde la alta muralla a los combatientes enemigos. No los conoce y va preguntando a Helena quién es quién. Ella contesta a su suegro, atenta pero entristecida: se siente culpable. Príamo intenta tranquilizarla: los...









