A todas horas, el mismo tema: inmigración, inmigración, inmigración. Y parecidos términos: “saturación”, “inseguridad”, incluso “invasión”. La crisis de Ceuta no es solo migratoria, pero también es migratoria. Y hace que la inmigración, asociada a una emergencia que depara a diario imágenes y testimonios impactantes, lleve cerca de un mes en las portadas de los periódicos, en sus análisis y columnas, abriendo los telediarios, protagonizando los informativos de radio, encendiendo los debates políticos, saturando las redes sociales, llegando a la charla en el bar. Consumiendo largas horas de atención en todo el país, día tras día, cerca de un mes ya y lo que queda. Con la crisis aún pendiente de alcanzar una resolución que no se prevé a corto plazo, sí se vislumbra un firme candidato a convertirse en beneficiario político: Vox. La investigación académica lleva dos décadas acreditando la existencia de un patrón en toda Europa: cuando crece la atención mediática a la inmigración, sobre todo vinculada a situaciones conflictivas, y también cuando sube la importancia que los electores le dan al tema, fenómeno entrelazado con el anterior, los partidos antiinmigración más duros suelen salir reforzados. No ocurre siempre, ni tienen por qué ser los únicos beneficiados, pero esa es la regla general. Las conclusiones de hasta siete estudios recabados para este artículo y los análisis de cinco expertos en opinión pública consultados por EL PAÍS coinciden en este diagnóstico, resumido así por el sociólogo Tarek Jaziri Arjona, investigador en la ONG More in Common, que hace encuestas tanto de voto como de valoración de la inmigración: “Cuando un tema sube mucho su importancia, el actor percibido como el más claro sobre ese tema, no necesariamente el más competente, suele salir beneficiado”. Así que el último curso político de la legislatura arrancará con la política española en el marco más propicio para la extrema derecha.Un fenómeno europeo y españolEl auge de la extrema derecha en todo el continente ha corrido en paralelo al crecimiento del protagonismo en el debate público de la inmigración, con un hito destacado en la crisis de los refugiados sirios de 2015. “En Reino Unido, Nigel Farage acaba de renovar de forma clara su escaño mientras es investigado por corrupción. Si el tema estrella es la inmigración, la extrema derecha tiene el trabajo hecho”, señala el politólogo David Hijón, de Dialoga Consultores, que extiende su análisis al grueso de los principales países europeos. Si Reform UK comparte la cabeza en las encuestas con el Partido Laborista, revitalizado por su nuevo liderazgo, los sondeos colocan a Hermanos de Italia, Reagrupamiento Nacional en Francia o Alternativa para Alemania primeros en solitario. En España, donde la irrupción de la extrema derecha es posterior, la situación es diferente. Vox es tercero en las encuestas, con un 17% del voto de media. No obstante, Santiago Abascal y los suyos también han tenido ya la oportunidad de comprobar, como sus pares europeos, cómo la subida del relieve de la inmigración en la agenda engorda su bolsa de votos. Tras romper sus pactos autonómicos con el PP en julio de 2024 acusando a su socio de incumplirlos al aceptar menores extranjeros llegados de Canarias, Vox se ha ido especializando cada vez más como partido antiinmigración, haciendo todo lo posible para mantener siempre el tema en el candelero, encadenando iniciativas de alto impacto mediático. La última, la defensa de la “prioridad nacional”. ¿Le ha funcionado? El partido lleva dos años al alza en las encuestas y es el único que ha subido en las últimas cuatro elecciones autonómicas, todo mientras la inmigración se consolidaba como uno de los problemas percibidos como más graves, según la serie del CIS, donde ahora es el segundo tras la vivienda. En septiembre de 2024, con la crisis canaria en su apogeo, el porcentaje que pasó a ver la inmigración como uno de los tres principales problemas saltó al 30,4% desde el 16,9%, colocándose como el más grave, mientras Vox arrancaba su escalada demoscópica. Hijón cree que hay razones para pensar que en septiembre este indicador subirá con fuerza desde el 23,4% actual. Cuanto más lo haga, analiza, mejor para Vox, que igualó su máximo histórico en el CIS en febrero tras el anuncio del Gobierno de una regularización masiva de inmigrantes.“Problemas” y “amenazas”Rens Vliegenthart, profesor de Comunicación Estratégica en la Universidad de Wageningen, en Países Bajos, tiene una posición privilegiada para observar este terreno. Ya en 2007 publicó en Electoral Studies una investigación que vinculaba la mayor atención mediática a la inmigración con el auge de la extrema derecha. A su juicio, la crisis ceutí constituye una oportunidad de crecimiento para Vox. ¿Por qué? Si la “derecha populista antiinmigración” es beneficiaria cuando su tema llega a las portadas, aún más si “el enfoque” se centra en “problemas y amenazas”. Es lo que ocurre ahora, con la cobertura marcada por escenas tumultuosas y testimonios de incertidumbre.Autor del ensayo Los medios y la extrema derecha en Europa Occidental (Cambridge University Press, 2010), Antonis Ellinas ve en el caso ceutí “material de primera” para “los actores políticos contrarios a la inmigración”. “Su relevancia, amplificada por los medios y la confrontación política, proporciona un terreno fértil para el avance electoral de quienes han logrado apropiarse de la cuestión migratoria, al menos a corto plazo”, señala el investigador, profesor de Política Comparada en la Universidad de Chipre, que en 2018 publicó en Oxford University Press un trabajo con conclusiones en la misma línea que Vliegenthartb, en su caso sobre países como Austria y Bélgica. Ellinas subraya que el protagonismo de la inmigración favorece a la extrema derecha, pero no determina por fuerza su ascenso, que puede verse lastrado por múltiples factores. Eso sí, advierte: el debate migratorio suscitado por la emergencia ceutí se mezcla con la “geopolítica” y la “soberanía nacional”, una fórmula que le recuerda a la crisis de 2020 en la frontera nororiental de Grecia con Turquía y que “hace que los mensajes antiinmigración sean aún más difíciles de contrarrestar”. Un debate emocional“Cuando los votantes empiezan a considerar la inmigración como una de las cuestiones políticas más importantes, aumenta su probabilidad de votar a la derecha radical”, expone el investigador británico James Dennison, coautor del ensayo Lo que piensan los europeos sobre la inmigración y por qué importa (Oxford University Press, 2026) y profesor en el Instituto Universitario Europeo, que afirma con prudencia —“no es una predicción”— que la crisis ceutí podría crear “condiciones favorables para Vox”. Esta dinámica propicia para los ultras no es fácil de frenar ni siquiera si otras formaciones abordan la inmigración con propuestas y discursos diferentes a los del populismo xenófobo. Así lo expone Dennison, autor de diversas investigaciones sobre este campo, incluyendo una en 2023 que analiza 28 países europeos, entre ellos España: las “narrativas alternativas” —afirma— pueden tener el “efecto general”, pese a no pretenderlo, de añadir importancia a la inmigración como determinante del voto, lo que favorece a los partidos especializados en el tema. Ello concuerda el análisis que, antes de las europeas de 2024, publicó el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, laboratorio de ideas presidido por el intelectual búlgaro Ivan Krastev, autoridad en el análisis del auge del populismo. El informe destilaba una idea central: si los partidos europeístas querían contener el auge ultraderechista, debían apartar la atención de la inmigración. En suma, hablar de otros temas. La advertencia no caló. Es más, la Eurocámara aprobó a las puertas de la cita con las urnas un pacto migratorio que debía “quitar argumentos a la extrema derecha”, según afirmaba la socialdemócrata Ylva Johansson, entonces comisaria de Interior. En la práctica, contribuyó a que la inmigración fuera el gran tema de una campaña que culminó con una fuerte subida de los ultras. Pese a las cábalas de Johansson, el debate migratorio no había pivotado sobre argumentos, sino sobre emociones.Sin “efecto bandera”“La inmigración es un terreno donde Vox lo tiene todo a favor porque, como toda la ultraderecha, está especializada en movilizar emociones contra un enemigo exterior, presentado como una amenaza. Las imágenes de Ceuta son perfectas para eso. Y además, aunque vivimos en una sucesión de crisis y nadie puede garantizar que en dos semanas no estemos en otro tema, la situación parece que puede marcar la actualidad durante bastante tiempo”, apunta el politólogo Hijón. Las dificultades para aplicar al debate un filtro “emocional” en clave progresista cuando este viene determinado por una crisis de la gravedad —no solo migratoria— de la ceutí es uno de los lastres del Gobierno, añade Hijón. Pero no el único. Pedro Sánchez, que a su juicio ha obviado que Marruecos “al menos ha tolerado” la entrada masiva a Ceuta, ha perdido la oportunidad de “armar un relato fuerte” a base de “firmeza” y de recurrir al llamamiento a la unidad en torno al líder ante una amenaza exterior, lo que en jerga politológica se llama “rally round the flag” o “efecto bandera”. “La sensación es que el Gobierno se ha ablandado ante Marruecos, y que la firmeza está en la derecha”, señala.Arma de doble filo para el PPLa competencia en demanda de “firmeza” es aguda en la derecha, donde Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, se ha sumado a la propuesta de Abascal y los suyos de expulsar a todos los llegados, menores incluidos, pese a la imposibilidad legal de esta demanda. “En Vox es normal, hace pura propaganda, como si no supiera que deportar sin garantías es prevaricación. Pero el PP, un partido de gobierno, se comporta así solo para competir en dureza”, señala Hijón. Es una decisión, la de competir con Vox en mano dura, que para Jaziri Arjona entraña riesgos. Si el PP, analiza, “compra el marco de invasión” de Vox pero a la hora de la verdad “defiende medidas más flojas”, lo que ocurre es que primero enardece la demanda del electorado alarmado por las imágenes de Ceuta y luego lo deja insatisfecho, fenómeno acentuado por la normalización del ideario ultraderechista sobre inmigración. Desde Chipre, Antonis Ellinas también desaconseja que los partidos tradicionales entren en pujas al alza, porque “legitiman las posiciones de la extrema derecha”.Pese a todas estas dificultades, el sociólogo Jaziri Arjona cree que el PP también está en condiciones de obtener rédito. No solo porque comparte un mismo bloque derechista con Vox al que las encuestas dan mayoría absoluta, sino también —añade— porque el PP puede jugar la baza de “partido con experiencia de gobierno” si consigue que el debate se aleje de las ideas de “inseguridad y delincuencia” en las que la ultraderecha es especialista y gane presencia la “pérdida de control del Gobierno sobre las fronteras”. El escenario óptimo para el PP, concluye, es que la idea que cuaje en la mayoría de su electorado potencial sea: “Esto con el PP no pasaba”.
Crisis migratoria: la política española se instala en el marco propicio para la extrema derecha
Veinte años de investigaciones vinculan el protagonismo de la inmigración en el debate público, sobre todo ligada a problemas y conflictos, con el auge del populismo xenófobo en Europa









