La inmigración se ha convertido, una vez más, en una herramienta de presión política. La situación en Ceuta es compleja, pero también ha puesto de manifiesto hasta qué punto el debate migratorio está condicionado por el discurso de la extrema derecha. La reacción de algunos gobiernos europeos ha resultado especialmente reveladora. En lugar de mostrar solidaridad con España o tratar de comprender las circunstancias que habían provocado la crisis, sus primeras respuestas estuvieron marcadas por las acusaciones contra el Gobierno de Pedro Sánchez y su política migratoria. La primera en reaccionar fue la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, cuyo Gobierno llegó a suspender temporalmente el régimen de libre circulación de Schengen con España y reintrodujo controles en los puertos y aeropuertos italianos para determinados viajeros procedentes de España. Una decisión especialmente llamativa teniendo en cuenta que Italia y España no comparten frontera terrestre y que Ceuta, además, está excluida del espacio Schengen. A las pocas horas de que salieran a la luz las primeras imágenes de miles de migrantes entrando en Ceuta, 22 líderes de la Unión Europea decidieron criticar a Madrid en lugar de valorar qué apoyo podría necesitar España. Esta medida demuestra lo fácil que es dividir a la UE y refuerza la imagen que líderes como Vladimir Putin o el presidente de EE. UU., Donald Trump, quieren ver: una unión débil y polarizada. Esto no es nada nuevo. En los últimos años, a nivel mundial, la extrema derecha ha dominado el discurso sobre la inmigración. Aparte de la crisis de Ceuta, el ejemplo más reciente es el nuevo reglamento aprobado el 17 de junio por el Parlamento Europeo, que aumenta las deportaciones y permite a los Estados miembros de la UE establecer centros de internamiento en terceros países, también conocidos como «centros de retorno». Los últimos acontecimientos en Ceuta han suscitado la preocupación entre los expertos de que la información no contrastada y los mitos —como calificar el cruce de «invasión» o afirmar que supone un riesgo para la seguridad de Europa— hayan permitido que las narrativas políticas se adelanten a los hechos. La defensa de la democracia no consiste únicamente en proteger las instituciones, sino también en preservar un debate público basado en hechos. Los gobiernos tienen una responsabilidad particular en este sentido: deben contrastar la información antes de hacer declaraciones que puedan perjudicar a un aliado o contribuir a profundizar las divisiones dentro de la Unión Europea. TE PUEDE INTERESAR Opinión Agresión a España POR El Confidencial Así que, hablemos de algunos hechos: 1. Una persona que entre en Ceuta no llegará necesariamente a la España peninsular ni a Europa Ceuta se encuentra fuera del espacio Schengen, lo que significa que cualquier persona que entre en Ceuta sin documentación no puede cruzar a la zona de libre circulación de la UE. El hecho de que la primera reacción del Gobierno italiano fuera suspender temporalmente el acuerdo fronterizo de Schengen con España es una medida simbólica destinada a generar miedo, más que una medida política real. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, se encuentra ahora bajo la presión de la extrema derecha de su propio país. A la luz de las próximas elecciones en Italia el año que viene, ha surgido en el panorama político italiano un nuevo rival de extrema derecha, Roberto Vannacci, que está ganando terreno en las encuestas y presionando a Meloni para que endurezca aún más su retórica sobre la migración y la seguridad. Esta dinámica también se observa en Alemania, donde Friedrich Merz ha endurecido su postura migratoria ante el auge de la AfD. El partido lidera las encuestas en Sajonia-Anhalt, para las próximas elecciones el 6 de septiembre y podría convertirse, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, en la primera fuerza de extrema derecha en gobernar un estado federado alemán. TE PUEDE INTERESAR 2. La política de regularización de España no guarda relación con el incidente de Ceuta A principios de agosto, 22 gobiernos de la UE, encabezados por Italia y Dinamarca, organizaron una reunión de emergencia para debatir los acontecimientos de Ceuta. Emitieron un comunicado en el que afirmaban que el programa de regularización del Gobierno español, que había permitido a hasta 500 000 migrantes indocumentados que ya vivían en el país solicitar permisos de residencia y de trabajo legales, fue el «factor de atracción» que desencadenó el episodio de Ceuta. La realidad es que a nadie que entrara en España de forma irregular se le concedería el derecho a permanecer en el país de forma inmediata, y mucho menos a solicitar el programa de regularización (que solo se aplicaba a las personas que ya residían en España antes de finales de 2025). Sánchez se ha convertido en un blanco conveniente en un contexto en el que los gobiernos de la UE afrontan una presión cada vez mayor de los partidos de extrema derecha para endurecer sus políticas migratorias. 3. Ceuta no fue «invadida» Desde hace muchos años, hay personas que intentan cruzar las fronteras hacia Ceuta y Melilla. En esta última ocasión, la causa inmediata sigue sin estar clara. Sin embargo, en un reciente análisis publicado en The Guardian, Ruben Andersson, profesor de Antropología Social en la Universidad de Oxford, cuestiona el relato de la "invasión" utilizado por la extrema derecha para describir la crisis migratoria de Ceuta. Andersson señala que, aunque miles de personas cruzaron hacia el enclave español, Ceuta cuenta con una de las fronteras más militarizadas de Europa y sostiene que lo ocurrido debe entenderse fundamentalmente como una crisis geopolítica, en la que la migración fue utilizada como instrumento de presión. Unir a una Europa dividida Sánchez ya se ha enfrentado a varias crisis desde que fue elegido presidente del Gobierno. Probablemente no esperaba que la siguiente fuera que sus homólogos europeos rechazaran la solidaridad y le culparan públicamente de la situación en Ceuta. Entonces, ¿qué ocurre cuando los gobiernos europeos utilizan la política migratoria principalmente para ganar puntos políticos en casa? Esto debería ser también una llamada de atención para los gobiernos y para la ciudadanía. La presión de la extrema derecha está llevando el debate migratorio hacia una visión cada vez más centrada en el control y la confrontación, alejándonos de los beneficios de la cooperación y de la capacidad de Europa para construir respuestas comunes y humanas. TE PUEDE INTERESAR Ceuta ha demostrado lo fácil que es dividir a los países de la UE, como consecuencia de que el debate migratorio europeo se vea condicionado por los discursos de la extrema derecha. Las secuelas de Ceuta inundaron las redes sociales de noticias falsas y desinformación que han polarizado aún más al bloque a nivel político. A medida que aumenta el apoyo a los partidos de extrema derecha en toda Europa, la respuesta adecuada hubiese sido un enfoque unido, sólido y humano, que incluyera una postura colectiva contra la instrumentalización de la migración y que ofreciera a España solidaridad y apoyo práctico y humanitario. Con todo esto, la extrema derecha, sin embargo, no ha necesitado ganar de forma rotunda en las urnas. Solo necesitaba desplazar el centro de gravedad y, en materia de inmigración, lo ha conseguido. Los partidos tradicionales que han seguido este giro no han frenado la marea, sino que la han reforzado, como en Alemania, Francia o el Reino Unido. El problema no es solo que la inmigración se haya politizado, sino que los discursos políticos priman cada vez más sobre los hechos, lo que dificulta determinar qué ocurrió realmente y, presumiblemente, dar una respuesta basada en humanidad y compasión. TE PUEDE INTERESAR Ceuta debería servir como una advertencia para Europa. Si cada episodio migratorio se convierte en una oportunidad para que los Estados miembros se culpen mutuamente, refuercen sus fronteras nacionales y compitan por demostrar quién adopta la postura más dura, el resultado no será un mayor control, sino una Unión Europea más débil y dividida. Y una Europa dividida es también una Europa más vulnerable. Rusia y Estados Unidos observan las fracturas internas de la UE y pueden aprovecharlas para profundizar las divisiones existentes en el debate político europeo. Hay, en cualquier caso, un principio que debería mantenerse: los hechos deben prevalecer siempre sobre la conveniencia política. Los Estados miembros no deberían permitir que las presiones internas dicten su respuesta a la migración, ni que los flujos migratorios se conviertan en una herramienta de coacción capaz de erosionar la unidad europea, y los principios humanitarios. *Mireia Faro Sarrats, fellow en el European Council on Foreign Relations. La inmigración se ha convertido, una vez más, en una herramienta de presión política. La situación en Ceuta es compleja, pero también ha puesto de manifiesto hasta qué punto el debate migratorio está condicionado por el discurso de la extrema derecha. La reacción de algunos gobiernos europeos ha resultado especialmente reveladora. En lugar de mostrar solidaridad con España o tratar de comprender las circunstancias que habían provocado la crisis, sus primeras respuestas estuvieron marcadas por las acusaciones contra el Gobierno de Pedro Sánchez y su política migratoria. La primera en reaccionar fue la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, cuyo Gobierno llegó a suspender temporalmente el régimen de libre circulación de Schengen con España y reintrodujo controles en los puertos y aeropuertos italianos para determinados viajeros procedentes de España. Una decisión especialmente llamativa teniendo en cuenta que Italia y España no comparten frontera terrestre y que Ceuta, además, está excluida del espacio Schengen.