La región sudamericana atraviesa días de gran intensidad geológica. En sólo seis semanas, una secuencia de sismos de magnitudes significativas sacudieron Venezuela, Colombia y Perú, reactivando la pregunta sobre si estamos ante una cadena sísmica interconectada. Sin embargo, los científicos son tajantes: aunque la coincidencia temporal impresiona, los eventos son fenómenos independientes. El reciente sismo de 7,4 en Colombia —uno de los más graves de los últimos 50 años— y el movimiento de 7,2 registrado en Perú este jueves, se enmarcan en un escenario tectónico de una complejidad extrema. El profesor Carlos Alberto Vargas, de la Universidad Nacional de Colombia, explicó a medios internacionales que el país se asienta sobre una zona de convergencia donde interactúan las placas de Nazca, la sudamericana y la del Caribe.
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La acumulación de esfuerzos es constante; las placas chocan a velocidades sostenidas y, al encontrar “asperezas” que bloquean su desplazamiento libre, la energía se libera violentamente mediante fracturas de la roca. El otro punto crucial es la profundidad de los epicentros. Mientras que en Venezuela los sismos suelen ser superficiales, lo que eleva su capacidad destructiva local, el terremoto colombiano tuvo su origen a unos 100 kilómetros de profundidad en el Chocó. Arancha Izquierdo, sismóloga del Instituto Geográfico Nacional de España, señaló al diario El País de España que la profundidad actúa como un atenuador: al igual que una piedra lanzada en un estanque, las ondas sísmicas profundas se dispersan en un radio mayor, llegando a la superficie con menor intensidad destructiva inmediata, pese a ser percibidas en áreas extensas. La sincronía temporal, aunque anecdótica desde el punto de vista tectónico, subraya la realidad de vivir sobre el “Cinturón de Fuego del Pacífico”. Esta inmensa franja de 40.000 kilómetros ha sido responsable de los eventos más potentes de la historia moderna, como el terremoto de Valdivia (1960) o el de Maule (2010) en Chile. Colombia, por su posición privilegiada en este sistema, actúa como un termómetro de la actividad global. El año pasado, su Red Sismológica Nacional detectó más de 23.000 sismos, la mayoría imperceptibles. Los expertos ponen el foco en la prevención. La ciencia permite localizar con precisión las zonas de riesgo, pero no anticipar el momento exacto del desastre. Por ello, especialistas como Vargas e Izquierdo coinciden en que la vulnerabilidad no es una fatalidad geográfica, sino una construcción humana. Afirman que es necesario una política pública que, en lugar de ser meramente reactiva ante la emergencia, apueste por una planificación urbana rigurosa, con normas de construcción estrictas.










