Actualizado a las 01:33h.
Fue cuestión de horas que, un 22 de agosto de hace diez años, todo el país conociese el rostro y el nombre de una joven madrileña que había desaparecido durante sus vacaciones en Galicia. La imagen de Diana Quer, grabada en la retina de millones ... de personas desde ese día, copó telediarios, titulares y portadas. Decenas de medios se desplegaron en A Pobra do Caramiñal, el pueblo marinero en el que se le perdió la pista, y la era del 'todo vale' se inauguró. El caso tenía, según los sociólogos, todos los ingredientes para capturar la atención del gran público. La víctima era una muchacha de 18 años y cara aniñada, de buena familia. Sus padres, rotos por la angustia, no dudaron en salir públicamente a pedir ayuda para localizarla, lo que sumó nuevos ingredientes y dio lugar a todo tipo de comentarios paralelos, muy alejados del foco de la investigación. Las primeras semanas de esta desaparición se sucedieron de manera frenética -y hermética- dentro del equipo de la Policía Judicial de la Guardia Civil de La Coruña. Tenían una última ubicación, la de Diana caminando por el paseo marítimo del Arenal, a la altura de unas naves en ruinas, además de un intercambio de whatsapps con un amigo, que no presagiaba nada bueno. «Me estoy acojonando. Un gitano me estaba llamando. Me ha dicho morena ven aquí». Tres frases que se analizaron del anverso y el reverso durante meses. Detrás, y también delante de las cámaras.








