Cartas desde el subsueloHas deshumanizado a los migrantes, reduci�ndolos a presas de jornada de picnic dominicalActualizado Viernes,
agosto
23:25Qu� man�a ten�is los vuestros con la caza y pegar balazos a todas horas. Ya lo retrat� Luis Garc�a Berlanga en aquella saga disparatada y maravillosa sobre las �lites del franquismo llamada La escopeta nacional, que conviene revisar cada cierto tiempo para no olvidar, precisamente, las reglas del juego. Porque la caza es algo m�s que un, digamos, deporte de recreo. Tambi�n responde a una l�gica de acumulaci�n, posesi�n y exhibici�n con la que se obtienen reconocimientos y recompensas, desde el sencillo acto contemplativo del animal disecado, como un trofeo de masculinidad con patas peludas, exhibido en la pared de la finca ante la mirada de los dem�s, de los ricos y de muchos pobres aspiracionales, es decir, de una gran parte del electorado de Vox, que sue�a con ascender y as� ocupar alg�n d�a el lugar del terrateniente.Pero la caza tambi�n ha sido, por otros motivos, una de las actividades nacionales favoritas de los privilegiados, a quienes siempre les ha gustado amontonar ejemplares y as� multiplicar los beneficios obtenidos de su aprovechamiento comercial. Porque de otras cosas tal vez no and�is muy sobrados, pero de Barbours de color verde botella e intercambio de bienes materiales sab�is un Rato (aqu�, chiste antropon�mico). De hecho, y siguiendo con la gracia de los apellidos, parece ser que un antepasado cambi� el com�n Fern�ndez por Figaredo, con m�s rancio abolengo, que tal vez no presume de la gracia del sainete y la astracanada de un �De las Marismas�, pero que, a tenor de la historia empresarial de tu familia y de la explotaci�n minera desarrollada desde el siglo XIX, os ha funcionado como un tiro (nunca mejor dicho).Detr�s de las gafas de colono, tu pelo con forma de boina y las patillas ib�ricas, un must para cualquier ultraliberal conservador y creyente con un shaving impecable, se esconde un joven se�or obsesionado con militarizar las fronteras a toda costa. Me encantar�a acercar mi hocico de raposa para deleitarme, apuesto, con una fragancia exquisita, con notas de madera tosca y almizcle t�pico asturiano. T� has evocado una pulsi�n ancestral, la de la caza, como si fueses el hombre de las cuevas, y la verdad es que tiene sentido que lo hagas as�, aunque sea en parte por la traici�n del recuerdo inconsciente y de lo familiarmente conocido, desde donde est�is construyendo, t� y otros de pelaje similar, un desolador nuevo modelo de masculinidad: a veces inc�lico, manosf�rico, con hombres perdidos en el looksmaxxing, pero todos pertenecientes a un mismo ecosistema ideol�gico, auspiciado por la tendencia a la simplificaci�n de cualquier contenido radicalizado en internet a trav�s de palabras agresivas como las tuyas.No sabemos si prosperar�n las denuncias ya presentadas contra ti a ra�z de tus desacertadas declaraciones en distintos medios sobre la caza y pesca de personas migrantes, a las que directamente has deshumanizado reduci�ndolas a presas de jornada de picnic dominical. Pero lo que s� es cierto es que contemplo c�mo te resulta imposible salirte del campo sem�ntico que un d�a te vio nacer, porque, aunque suponemos que la realidad de un hombre es tan solo una opci�n escogida entre muchas otras, la tuya, desde tu alta cuna, estaba bien clara.Se despide una mujer en busca y captura.






