EditorialEl Gobierno no puede utilizar de manera sistem�tica la capacidad simb�lica de la Corona como recurso ante cualquier crisisEl Rey Felipe VI, durante un acto oficial en Zarzuela.EFE/ J.J.GuillenActualizado Viernes,

agosto

23:25Audio generado con IALa presi�n del Gobierno para involucrar a Felipe VI en la crisis de Ceuta constituye una maniobra irresponsable para apartar el foco de su catastr�fica gesti�n. Con miles de inmigrantes vagando por una ciudad desbordada, un dispositivo incapaz de absorber las consecuencias de la oleada y Rabat pendiente de explicar su responsabilidad en la violaci�n de la soberan�a e integridad territorial espa�ola, el Ejecutivo parece m�s interesado en repartir responsabilidades que en asumirlas.La sugerencia de un ministro a Casa Real para que el Rey llamara a Mohamed VI a fin de agradecerle su colaboraci�n -publicada ayer por El Pa�s- supone otro intento de instrumentalizar al jefe del Estado. El portavoz adjunto de Sumar, Enrique Santiago, lleg� a advertir de que el Rey �est� tardando� en hablar con su hom�logo. Conviene recordar que Felipe VI ejerce la m�s alta representaci�n del Estado en las relaciones internacionales, pero la direcci�n de la pol�tica exterior corresponde al Gobierno. Una conversaci�n de semejante trascendencia requiere, por tanto, iniciativa y coordinaci�n gubernamentales.Las contradicciones dentro de la coalici�n siguen siendo, adem�s, patentes. Mientras Santiago describi� lo sucedido como un �ataque h�brido�, el PSOE insiste en elogiar la colaboraci�n de Rabat pese a las informaciones que avalan que, si no orquest� la entrada masiva, al menos s� la permiti�. En esas circunstancias, plantear una llamada de agradecimiento a Mohamed VI resulta dif�cil de justificar. La cooperaci�n posterior de Rabat para contener las consecuencias de la crisis no borra su responsabilidad. Espa�a mantiene con Marruecos una relaci�n estrat�gica que obliga a conservar canales de interlocuci�n, pero la diplomacia no implica la renuncia a defender los propios intereses.El Gobierno no puede recurrir de manera sistem�tica a la capacidad simb�lica de la Corona ante cualquier crisis. Si Pedro S�nchez considera imprescindible una conversaci�n entre Felipe VI y Mohamed VI, debe promoverla y asumir pol�ticamente su contenido. Lo inadmisible es trasladar p�blicamente la impresi�n de que el Rey ha incumplido una obligaci�n. Sobre todo en el caso de un Gobierno que ha tardado 22 d�as en nombrar a un coordinador, �ngel V�ctor Torres, para una emergencia que requer�a un mando �nico desde el principio.Felipe VI ya ha intervenido dentro de los m�rgenes de la Jefatura del Estado. Ha hablado con S�nchez, Feij�o y los presidentes de Ceuta y Melilla, y expresado una inusual �preocupaci�n e indignaci�n� por los acontecimientos. Tambi�n ha recibido al presidente ceut�, Juan Jes�s Vivas. Su disposici�n a visitar la ciudad se inscribe en esa misma funci�n institucional de respaldo a los afectados. La llamada a Mohamed VI pertenece, sin embargo, a una categor�a distinta, susceptible de ser utilizada por Rabat, que mantiene su reivindicaci�n sobre Ceuta y Melilla.Convertir una decisi�n de Estado de ese calibre en motivo para recriminar p�blicamente al Monarca ahonda la brecha entre Zarzuela y Moncloa provocando inestabilidad institucional al m�s alto nivel, uno de los objetivos de Marruecos que el Gobierno espa�ol lamentablemente est� ayud�ndole a cumplir al involucrar al Rey.