0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial LVHoy derrapamos por riscos afilados. Hasta que nos sentamos a ver el final del espectáculo que está dando este atardecer marino, con su baile de tonos violeta, rojo y azul. El sol, mórbido, empieza a sumergirse. Y es entonces cuando mi amigo, con su barba blanca y la mochila al hombro, comenta que el día muere en el agua. Y, tras un silencio, sin apartar la vista del crepúsculo, añade: mi madre murió así en mis brazos. O quizás no lo dice exactamente con esas palabras, y ahora siento no recordar cada coma, para una vez que las personas nos contamos cosas que importan.Mi amigo lleva dentro un violinista, un director de orquesta, una soprano lírica, no séEl caso es que su madre era alemana y murió en sus brazos, mientras él susurraba: no te preocupes, mamá, no te preocupes por nada. Esto me cuenta en el acantilado, y también que a ella le encantaba el lied de Richard Strauss Morgen, que significa “mañana”. Y tampoco sé ahora si se lo puso en ese momento final, o se lo cantó al oído. Me da rabia no acordarme, pero no me parece bien llamarle por teléfono para preguntárselo. Lo cierto es que a mí no me cabía ya el corazón en el pecho en ese risco, viendo a su madre alemana en sus brazos, muriendo como el sol en el agua, cuando además el amigo pone el lied en su móvil a todo volumen.La bellísima música suena entre las olas y el viento durante el camino de vuelta, desde su mochila, asustando a unos surfistas que buscan en el cielo estrellado de dónde sale ese canto de otro mundo.
Strauss en el acantilado, por Clara Sanchis Mira
Hoy derrapamos por riscos afilados. Hasta que nos sentamos a ver el final del espectáculo que está dando este atardecer marino, con su baile de tonos violeta, rojo y azul. El sol, mórbido, empieza a sumergirse. Y es entonces cuando mi amigo, con su barba blanca y la mochila al...








