Un trueno rompe de golpe el silencio sepulcral. tracatr�-tracatr�-tracatr�. Y de nuevo, el vac�o. Los zapatos negros ahora resuenan contra el m�rmol, ahora se deslizan con un leve siseo. Las paredes retumban, responden a la afrenta con un eco descarnado. El edificio vac�o de buena ma�ana se estremece, se oscurece. No existen nada m�s que los colores vivos y las formas informes del surrealismo, nada m�s all� de esa sala 44 del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid en la que un hombre baila sin m�sica.En la que un hombre le baila a los cuadrosLa cabeza lisa y brillante de Francisco Hidalgo resplandece mientras su cuerpo se agita. Zapatea, tracatr�-tracatr�-tracatr�, mira al infinito, a la nada, frena en seco, resbala despacio, lento, se vuelve con infinita quietud. Observa El proscrito deslumbrante de Roberto Matta (1966) y la impresionante composici�n lo envuelve, las cinco obras dispuestas en un cubo abierto terminan por acogerlo entre verdes, rojos y amarillos, lo funden con los gruesos trazos negros que recorren su geograf�a. Un universo abstracto como sus movimientos ecl�cticos, tambi�n como su mirada. Es imposible ponerse en su piel, ver con sus ojos, sonar con sus pies, sentir con sus manos, sumergirse en el misterio de su gesto. Pero a la vez, en esa concentraci�n infinita y contagiosa, todo cobra sentido.El bailaor toma aire, su pecho se infla bajo la camisa negra abierta que vuela en cada giro, suena la pintura, vibran los colores, su sombra se extiende sobre el lienzo, penetra en su historia, se adue�a de su discurso. Llena el silencio. Hace tiempo que Francisco Hidalgo decidi� que lo suyo era liberarse de las ataduras del ritmo y bailarle al silencio. Al silencio y a la pintura. Lleg� al arte pict�rico por pura curiosidad y se qued� a vivir en esa sinergia para convertirla en su gran proyecto de investigaci�n.�Yo siempre he querido bailar, pero necesitaba encontrar una forma personal de hacerlo, hab�a algo en m� que no ten�a cabida en el flamenco ortodoxo�, asegura. Ni siquiera su propio f�sico se adapta a los c�nones cl�sicos empezando por el pelo, o por la ausencia del mismo. Confiesa sotto voce que la alopecia le ha costado m�s de un disgusto y alg�n que otro rechazo los tablaos m�s puristas. �He encontrado en las artes pl�sticas una herramienta para llegar a mi cuerpo, a mi imaginario, para dar una consistencia a mi danza y encontrar otros mundos�, explica. Ese camino lo ha llevado a bailar a las obras de los residentes de la Casa de Vel�zquez, a transformar en movimiento las fotograf�as de Paolo Gasparini y Carlos P�rez Siquier en la Fundaci�n Mapfre, a trasponer en performance el universo de Oswaldo Guayasam�n y a dejar que La Lectura lo acompa�e hoy por los pasillos del Thyssen para sumergirse en su proceso creativo.No es la primera vez que el museo madrile�o acoge la confluencia entre arte y folclore espa�ol entre sus paredes. Por su programa Flamenco delante de un cuadro han pasado Ni�o de Elche, Esperanza Fern�ndez, Sebasti�n Cruz o �ngeles Toledano desde que el primero sinti� la imparable llamada de la inspiraci�n ante uno de los �ltimos autorretratos ante el espejo de Lucian Freud. �Me llam� y me dijo que hab�a compuesto una canci�n y que quer�a cantarla a capella delante del cuadro. Me pareci� una muy buena idea y se la propuse a m�s artistas�, rememora Jos� Mar�a Goicoechea, director de comunicaci�n de la instituci�n madrile�a y coordinador del programa. �Los m�sicos tienen una relaci�n muy directa con el arte. Hay algo abstracto que conecta ambas disciplinas y a nosotros nos permite difundir el trabajo del museo de formas diferentes�. �Se trata de romper imaginarios, al final todo va de eso�, agrega, por su parte, el artista autodenominado �exflamenco�, que hace ya dos d�cadas puso Bulos y tanguer�as a la obra de Francis Bacon.Pero regresemos a esta ma�ana solitaria en la sala surrealista del Thyssen. Plant�monos ahora ante el Campesino catal�n con guitarra de Joan Mir� (1924) como se planta Hidalgo ante el azul intenso con el que el pintor inici� el camino hacia su particular lenguaje de signos tras su primera visita a Par�s, en la que conoci� a los poetas y artistas dada�stas y surrealistas. Desarrolla tambi�n el bailar�n una especie de lenguaje paralelo. Su cuerpo no sigue fielmente las formas pero s� apela a la simbiosis. Todo es mucho m�s ligero, m�s silencioso, m�s suave que antes. El tiempo se para, las manos en alto giran y bajan, giran y suben, se repliegan. Resurge, abre sus alas y de golpe, rompe la simetr�a. El cuerpo desaparece, s�lo hay brazos y cabeza. Y las suelas ocres de palo santo que se funden con el marco dorado. Por fin, se planta ante el Mir�, le rinde honores, le habla con pitos, le interpela, recorre las l�neas finas con sus manos. La puntera dibuja c�rculos en el suelo, el espectador entra en trance.�Me ha llevado mucho a Vicente Escudero�, reflexiona el bailaor m�s tarde, en alusi�n a uno de sus referentes que, como �l, rompi� las l�neas cl�sicas del flamenco para entregarse al baile experimental, muy en contacto con los artistas y poetas del surrealismo -entre ellos, efectivamente, Joan Mir�- en el albor de los a�os 30 del siglo pasado. Como sucediera con la danza del vallisoletano, la de Francisco Hidalgo encuentra a menudo la incomprensi�n de un p�blico demasiado r�gido para aceptar lo que se sale del canon. El gaditano abre Facebook y muestra alg�n comentario al azar: �Este t�o est� distorsionando el flamenco�; �Parece que est� haciendo taich��; �Esto no es flamenco, es un cosaco�.El aludido levanta la vista del tel�fono: �Pues a m� esto no me afecta, a m� esto me pone. Me pone que la gente me insulte. Yo lo que quiero es que mi baile provoque, y a partir de lo pict�rico consigo cuerpos interesant�simos que generan una respuesta en la gente�. Vuelve al cuadro de Mir�: �No me sugiere elegancia en los movimientos, lo que me inspira es, precisamente, romper con ese esteticismo de la tradici�n, de la forma correcta. Es en esas sensaciones en las que yo profundizo en busca de una coreograf�a. El arte a m� me suscita cosas, me mueve por dentro y lo que sale es aut�ntico. Noto mucho cuando veo algunos cuerpos impostados intentando hacer vanguardia, cuando fuerzan algo diferente s�lo por el hecho de que sea diferente, no porque de verdad les surja del interior�.Pero entonces, �es flamenco esto que estamos contemplando, o es otra cosa? �El flamenco es la musicalidad a la que yo sujeto mi baile, el g�nero por el que me rijo, pero creo que no todo en este arte debe ser sota, caballo y rey. Cada uno tenemos nuestra verdad y todas son respetables. La vida avanza, las mentalidades cambian y la ortodoxia no debe cortar las alas a quienes abrimos nuevos caminos�, replica el bailaor, que se gana la vida, de hecho, en tablaos m�s o menos cl�sicos. Ni�o de Elche cita los Pensamientos verticales del compositor estadounidense Morton Feldman: �El flamenco, al igual que la luz de los cuadros de Rothko o que el viento que surca un monte, es algo sin origen ni objetivo�. Y abunda: �Una de las cosas m�s maravillosas que tiene lo flamenco es que no conocemos su origen de una forma clara y certera, y eso posibilita la creatividad, la ficci�n, la mentira, que es donde se encuentra la verdadera belleza�.El mismo Lucian Freud que inspir� a Ni�o de Elche su De la intimidad: soleares-estudio y dio pie al ciclo Flamenco delante de un cuadro en el Thyssen provoc� tambi�n que a�adiera a su biograf�a el prefijo ex: �Cuando le preguntaron por su p�tina surrealista, Freud aleg� que su pintura, al contrario, lo que hac�a era intensificar la realidad, y utilizaba ex e in para nombrar esos distintos acercamientos. Por su culpa me hice un anillo con la inscripci�n ex para la mano derecha y me estoy haciendo otro in para la izquierda�, confiesa entre risas Francisco Contreras, el hombre tras el alias.Ya 20 a�os atr�s hab�a encontrado una sonora inspiraci�n flamenca en los retratos m�s perturbadores de Francis Bacon. �El sentido del flamenco no es estructural, como establece el canon. M�s all� de lo est�tico, las formas de dolor, de enfermedad, del esfuerzo est�n intr�nsecamente relacionadas con la idea del cantaor como un cuerpo resonante. El sadomasoquismo, la violencia, los toros, la sangre, lo marica, todo lo que tiene que ver con lo exc�ntrico, con el lumpen, con lo marginal, lo maleducado, lo gitano. Todo eso es flamenco. Nos quedamos con una forma muy t�pica y eso es un error. Cuando hablamos de la sant�sima trinidad, cante, toque y baile, no hablamos de poes�a y de pintura, de cuestiones elementales del ser que el flamenco ha tratado de mil formas diferentes�.Para Ni�o de Elche, un cuadro, sin duda, suena �de una forma material e inmaterial�. Es la segunda la que interesa al artista ilicitano, la que lleva a una reflexi�n mucho m�s filos�fica, similar a la que sirve de motor al cuerpo de Francisco Hidalgo. �Cuantos m�s estratos e interrogantes le coloques a la obra, a su historia, al pintor, m�s cosas nos contar� el sonido, tambi�n de c�mo lo leemos desde la contemporaneidad�, asegura, y lanza una petici�n: �Hay que profundizar en el cuadro, no utilizarlo de fondo de escenario. La experiencia no consiste en cantar o bailar delante de una obra sino en sumergirse al m�ximo en ella y en lo que supone�."El sadomasoquismo, la violencia, la sangre, lo marica, lo exc�ntrico, el lumpen, lo marginal, lo maleducado, lo gitano. Todo eso es flamenco. Nos quedamos con una forma muy t�pica y eso es un error"Ni�o de ElcheEse trabajo previo de inmersi�n en la pintura llev� a Hidalgo unos d�as antes de su performance a recorrer la colecci�n permanente del Thyssen en busca de im�genes que le provocaran. Primero subi� a la segunda planta, la que termina en el siglo XIX. Y no sinti� nada. Pero al llegar al siglo XX se dio de bruces con el monumental Rothko de dos metros y medio de alto y tuvo que sentarse. �Me dio mucha paz, mucha quietud, mucha reflexi�n, como entrar en otra dimensi�n�, recuerda. �Estuve largo rato sentado contemplando ese rect�ngulo verde sobre morado y me di cuenta de que a todo el mundo le suced�a lo mismo. No pasaban por delante sin m�s. Se paraban, embelesados. Un se�or se sent� a mi lado e incluso cerraba los ojos por momentos y hac�a peque�os gestos con el ce�o. Fue m�gico�.La coreograf�a arranca, efectivamente, con una posici�n de rezo, las manos entrelazadas, la respiraci�n lenta y profunda, el largo pendiente proyectado sobre el cuello. El rostro, fijo, no transmite emoci�n. La mirada se eleva, los dedos se mueven despacio y las l�neas se abren, la mirada se eleva. Gira, gira r�pido, r�pido, ahora se ralentiza. La boca dice algo que el o�do no percibe, el cuerpo se entrelaza en �ngulo recto, un espasmo y el cuerpo cae al suelo.�Es como entrar en un sue�o, en un estado alterado de conciencia, como si te pusieras en �rbita. Conectas y no hay nada comparable, todo el mundo deber�a experimentarlo. Cuando vuelves a la realidad ni siquiera recuerdas bien qu� es lo que ha ocurrido. Es tremendamente dif�cil de explicar�, describe el bailaor ante un caf�, largo rato despu�s de deshacerse del traje y enfundarse el uniforme de calle, tras unos minutos de silenciosa ausencia para reconectar con el mundo real, para aterrizar. �Y cansa, cansa much�simo�, a�ade. �No es la parte f�sica, los bailarines estamos muy preparados para eso, nos cuidamos mucho. Es la cabeza la que desfallece, es un profund�simo agotamiento emocional. Cuando se produce esa conexi�n entre artes en tu interior te vac�as completamente, todo tu ser se pone al servicio de lo que est�s experimentando. Es maravilloso pero madre m�a, ahora mismo estoy reventado�.�Bailar�n de circo�, llamaban a Francisco Hidalgo en su Algodonales natal, junto a la Sierra de Grazalema, cuando de ni�o dec�a que quer�a ser bailaor. �Era el mariquita que sab�a bailar sevillanas�, rememora. Sin antecedentes flamencos, el ni�o Francisco bailaba en un local con el suelo de cemento, esquivando las ristras de ajos que colgaban del techo. Transform� el juicio ajeno en gasolina para su inspiraci�n y sigue haci�ndolo a los 40 mientras prepara el salto de su proyecto de investigaci�n art�stica de los cuadros a la palabra. �Le voy a bailar a los versos de Arthur Rimbaud�, anuncia. �Su rebeld�a, su inquietud, sus ganas de mandar todo a la mierda para vivir una vida menos bohemia pero m�s c�moda... Me siento muy identificado con �l�. Sobre Rimbaud / del horizonte al silencio, dirigido por Susanne Zellinguer, tendr� un ensayo abierto el pr�ximo 18 de junio en los Teatros del Canal de Madrid.
El hombre que baila a los cuadros: "El flamenco no debe cortar las alas a quienes abrimos nuevos caminos"
Un trueno rompe de golpe el silencio sepulcral. tracatr�-tracatr�-tracatr�. Y de nuevo, el vac�o. Los zapatos negros ahora resuenan contra el m�rmol, ahora se deslizan con un...








