Hay un electrodoméstico que casi todas las cocinas españolas han incorporado en última década sin hacer demasiado ruido. No tiene la épica de la freidora de aire ni el aura de los robots de cocina, pero ahí sigue, en la encimera o en el armario esperando su turno: la arrocera. La compramos para una cuestión muy concreta, que es que el arroz salga suelto, en su punto, sin necesidad de vigilarlo y, cumplida esa misión, muchas veces se queda hibernando el resto del año. Es un desperdicio porque una arrocera es, en el fondo, una olla de cocción lenta con superpoderes, ya que mantiene una temperatura constante, no necesita supervisión y perdona errores de cálculo que ninguna sartén ofrece.
La arrocera vive un pequeño renacimiento como herramienta multiuso: se cuecen legumbres, se hacen guisos, se preparan avenas de desayuno e incluso bizcochos. Si el aparato puede mantener una temperatura estable durante el tiempo necesario para que el almidón de arroz se hidrate correctamente, puede hacer lo mismo con cualquier otro ingrediente que necesite cocción húmeda y constante. Aquí van tres recetas que aprovechan justo eso, pensadas para quien quiera sacarle todo el partido a un electrodoméstico que suele estar infrautilizado.







