En el corazón del Paraje Natural Torcal de Antequera, en Málaga, una formación de roca caliza parece desafiar el equilibrio con varias capas superpuestas que recuerdan a un enorme tornillo. Su origen está ligado a sedimentos marinos de hace unos 150 millones de años que, con el paso del tiempo, quedaron expuestos a la acción constante de la lluvia, el viento y el hielo. El desgaste diferencial de los estratos terminó dando lugar a una figura tan singular que hoy constituye uno de los elementos más representativos de este espacio protegido.
El Tornillo se encuentra al sur de Antequera y forma parte de un paisaje kárstico caracterizado por pasadizos, cavidades y formaciones de perfiles aparentemente imposibles. Su aspecto se explica por la propia estructura de la roca: los antiguos sedimentos marinos se depositaron en estratos horizontales que, al quedar a la intemperie, fueron modelados por la erosión. En este caso, el proceso dibujó una sucesión de seis grandes lascas que visualmente parecen colocadas unas sobre otras. En realidad, forman parte de un mismo conjunto erosionado del que los agentes atmosféricos han ido haciendo desaparecer progresivamente parte del material.
Una escultura creada por la erosión







