Son un conjunto de formaciones geológicas de color rojizo ubicadas en la comarca de la Hoya de Huesca, en el Prepirineo aragonés. Estas impresionantes moles rocosas de conglomerados calizos, denominadas los Mallos de Riglos, se alzan a orillas del río Gállego y junto al casco urbano de la localidad homónima, creando una panorámica de una gran espectacularidad. De hecho, en 2016, esta maravilla natural fue declarada Monumento Natural por su elevado interés natural y paisajístico. El territorio abarca casi 200 hectáreas de un relieve irregular y fascinante que hipnotiza a los visitantes y viajeros que lo descubren.
El origen geológico de estas extraordinarias moles rocosas se remonta a la orogenia alpina, un proceso de levantamiento tectónico que comenzó hace unos 65 millones de años cuando se formaron los Pirineos. En aquel periodo, los detritos procedentes de torrentes y morrenas de glaciares prepirenaicos se acumularon hacia la cuenca del río Ebro. Estos materiales sedimentarios formaron un macizo de arcillas, arenas y cantos rodados que posteriormente se consolidó en conglomerados calizos de gran consistencia. Con el paso de los milenios, la incesante erosión provocada por el agua de la lluvia y el viento fue limando las aristas del macizo rocoso hasta esculpir sus características y singulares cimas de aspecto redondeado.







