A.S/TRESBActualizado Viernes,
agosto
07:00Agosto empieza a llegar a su fin y, con septiembre, aparece una buena oportunidad para descubrir destinos de Catalu�a con temperaturas m�s agradables y una afluencia bastante menor que durante las semanas centrales del verano. El mar conserva buena parte del calor acumulado, las terrazas siguen activas y las carreteras de la costa recuperan cierta calma, una combinaci�n que invita a buscar lugares donde alternar playa, cultura y gastronom�a.Este es el pueblo del norte de Catalu�a que merece una visita en septiembreEl destino es Palam�s, una localidad marinera del Baix Empord� situada en la provincia de Girona, en plena Costa Brava. Su puerto mantiene una importante actividad pesquera, comercial y tur�stica, mientras que su litoral combina playas urbanas, peque�as calas y varios tramos de camino de ronda. Esta variedad permite descubrir en una escapada distintas caras de Catalu�a, desde el Mediterr�neo m�s cotidiano hasta algunos de sus paisajes costeros mejor conservados.Desde Barcelona hay unos 110 kil�metros por carretera, que se recorren en alrededor de una hora y 25 minutos, aunque el tiempo puede aumentar seg�n el tr�fico. Tambi�n existe un autob�s directo desde la Estaci�n del Norte con una duraci�n aproximada de dos horas, mientras que quienes prefieran el tren pueden viajar hasta Girona o Caldes de Malavella y completar desde all� el trayecto en autob�s.Palam�s: playa, supersticiones y una de las mejores gambas de Espa�aPara entender Palam�s conviene empezar por el puerto, donde todav�a se cruzan la actividad econ�mica, la vida cotidiana y la historia de la localidad. Su posici�n junto al Mediterr�neo llev� a Pedro el Grande a comprar el territorio en 1277 para disponer de un enclave estrat�gico y, dos a�os despu�s, el monarca concedi� la carta de poblamiento. M�s de siete siglos despu�s, esa vinculaci�n contin�a presente cada tarde con la llegada de las embarcaciones, la descarga de las capturas y la subasta del pescado en la lonja.La jornada pesquera tiene su continuaci�n junto al muelle, donde el Museo de la Pesca ocupa un antiguo tinglado portuario y reconstruye la evoluci�n de este oficio. Adem�s de explicar las distintas artes de pesca, la exposici�n recupera el trabajo de calafates, remendadoras, toneleros y carpinteros de ribera, al tiempo que reserva un espacio a las creencias que durante generaciones acompa�aron a quienes sal�an al mar. Los paraguas a bordo, una prenda colocada del rev�s, el aceite derramado o pedir sal a otra embarcaci�n pod�an interpretarse como se�ales de una mala jornada.Ese ambiente marinero fue tambi�n el que encontr� Truman Capote cuando lleg� a Palam�s en 1960 acompa�ado por su pareja, Jack Dunphy, sus animales, 25 maletas y miles de p�ginas de notas sobre los asesinatos de la familia Clutter. Durante tres temporadas trabaj� aqu� en A sangre fr�a y pas� por distintos alojamientos hasta instalarse en una vivienda situada junto a cala S�nia, un peque�o entrante de 60 metros de longitud y cinco de anchura al que �nicamente se puede acceder a pie por el camino de ronda o desde el mar.La casa vinculada al escritor introduce al visitante en un litoral que cambia de aspecto a medida que se aleja del puerto, aunque tambi�n hay playas m�s accesibles cerca del centro, como la playa Gran, Cala Margarida y La Fosca, esta �ltima de poca profundidad y orientada al sureste. Despu�s de recorrer la costa, la visita vuelve al origen marinero de Palam�s a trav�s de la gastronom�a, encabezada por la gamba roja Aristeus antennatus, apreciada por su color intenso, su textura firme y su sabor. La Marca de Garant�a Gamba de Palam�s regula su captura y asegura su calidad en los restaurantes del municipio, donde es habitual encontrarla a la plancha o ligeramente hervida. Para degustarla, dos opciones recomendadas son el restaurante La Gamba, junto al puerto, y Can Blau, conocido por su cocina marinera tradicional.Qu� ver y hacer en los alrededores de Palam�sEl camino de ronda se aleja del casco urbano y permite seguir la costa desde La Fosca hasta la playa de Castell. Durante el recorrido aparecen las ruinas del castillo de Sant Esteve, documentado desde 1063, y cala S'Alguer, un antiguo n�cleo de barracas de pescadores cuyos or�genes se remontan al siglo XV. Sus construcciones blancas, levantadas con b�vedas de ladrillo y puertas de colores, est�n protegidas como Bien Cultural de Inter�s Nacional desde 2004.Una vez superada la playa de Castell, el paisaje da paso al Espacio Natural Castell-Cap Roig, con 1.100 hect�reas repartidas entre Palam�s, Mont-ras y Calella de Palafrugell. En este entorno se encuentran el poblado ib�rico de Castell, ocupado entre el siglo VI a. C. y el siglo II d. C., la barraca de Dal� y Cala Estreta, antes de que el camino contin�e hacia Cap Roig y alcance Calella de Palafrugell, donde el frente marinero y sus peque�as playas completan la excursi�n.Palam�s concentra suficientes atractivos para dedicarle una jornada completa. En septiembre, adem�s, el viaje conserva buena parte de las posibilidades del verano y ofrece mejores condiciones para caminar por el litoral.







