El fotógrafo alemán Gunnar Knechtel creía conocer España. Había llegado a Barcelona más de dos décadas atrás y llevaba años haciendo reportajes sobre temas diversos para revistas de prestigio. Entonces, surgió un encargo que cambiaría su mirada para siempre. “Me enviaron a Soria para hacer un trabajo sobre torreznos”, recuerda, con alguna dificultad para pronunciar una palabra que se le resiste incluso a los nativos. “Pasaba por muchos pueblos”, continúa. “Ahí es cuando vi el primer frontón de mi vida”, reconoce. Aquel muro robusto, revestido de un color fuerte que contrastaba con la iglesia a la que se adosaba, le sugirió una pregunta: “¿Qué es esto? ¿Una instalación artística?”. De regreso a casa, pudieron ayudarle. Le hablaron de la arquitectura, del juego de pelota… Pero en Catalunya no había demasiados. Tenía que regresar a la España de interior. Una llamada en toda regla.

Corría el año 2022. Entre encargo y encargo, Gunnar reservaba tiempo para proyectos personales en los que proyectar su creatividad. Había viajado, por ejemplo, al norte de la India para retratar la ciudad diseñada por el francosuizo Le Corbusier. Los frontones españoles estaban más cerca. Comenzó a visitar y retratar decenas en provincias como Zamora, Salamanca, Ávila, Zaragoza o incluso Navarra, además de Soria, donde había sentido aquella llamada. Acostumbrado a trabajar en la costa, aquí traspasó los límites de un territorio inesperado: la España vacía. Dos años después, Knechtel había capturado con su cámara un centenar de frontones. Entonces pensó que allí había material para una exposición. Frontones en pueblos de España es el resultado de aquella aventura. Una muestra fotográfica que se puede visitar en Soria (hasta el 31 de agosto), con la organización del recién nacido Centro Nacional de Fotografía y el Ayuntamiento de la ciudad.