Caminar por este tramo de Fitz Roy, en Chacarita, remite inevitablemente al poema Buenos Aires, donde Jorge Luis Borges describe a la ciudad como “una larga calle de casas bajas, que pierde y transfigura el poniente”.
Aunque han pasado décadas desde aquella imagen, algunas de esas viviendas aún sobreviven y encuentran una nueva vida convertidas en proyectos gastronómicos.
Asadero es una de ellas.
El restaurante funciona en una casona de principios del siglo XX que fue restaurada especialmente para albergar el proyecto.
Detrás de la fachada se despliega un amplio jardín con una imponente palmera, una piscina espejo y un fogonero que anticipa el protagonismo del fuego en la experiencia.






