La renta fija no es, aunque su denominación pueda sugerirlo, garantía de ganancia fija. Las alzas de rentabilidades en los bonos de estos días están depreciando estos activos y dejando números rojos en los fondos que invierten en la deuda de más largo plazo, que sufren pérdidas generalizadas en lo que va de año, agravadas en el último mes. Los fondos que invierten en plazos más cortos se libran por poco de la quema y están salvando el ejercicio gracias a una combinación de deuda soberana y corporativa, aunque también afrontan el riesgo de quedar en rojo en el año si el alza de rentabilidades va a más. El cerco se estrecha, por tanto, sobre el ahorro conservador y son las letras y los fondos monetarios las opciones que se consolidan como refugio. A muy corto plazo, pueden ofrecer incluso rentabilidades más altas que las actuales. “A la hora de prestar, hay más visibilidad a un plazo de dos años que de 30″, resume Víctor Alvargonzález, asesor financiero independiente y fundador de Nextep Finance. Es lo que explica que el incremento de rentabilidades esté siendo más intenso en los plazos más largos que en los cortos, en los que se acusa menos la pérdida de valor. Los gestores de fondos de renta fija ya comenzaron el año alejados de los bonos de más duración, los que más reflejan en su precio los desequilibrios en las cuentas públicas de los gobiernos y las dudas sobre la sostenibilidad a futuro de la deuda. En economías muy endeudadas y con elevados déficits públicos, con EE UU al frente, prestar a más de una década entraña sus riesgos a ojos de los inversores. Para Alvargonzález, lo que hay detrás de la actual subida de rentabilidad de los bonos —moderada este miércoles gracias a la intervención del Tesoro de EE UU y su decisión de recomprar deuda— es el temor a una posible crisis de deuda. “No inminente, pero puede ser la próxima crisis si no se detiene el nivel de endeudamiento”, añade. Y defiende que, en el momento actual, la mejor opción para los ahorradores conservadores son las letras del Tesoro y los fondos monetarios, que invierten en los títulos de deuda a más corto plazo, entre unos meses y poco más de un año. Las últimas subastas del Tesoro español ya han mostrado el creciente atractivo de las letras: las de doce meses pagan el 2,68%, el interés más alto desde septiembre de 2024, y las de tres meses el 2,4%, máximos de febrero de 2025. En el caso de los fondos monetarios, las ganancias de los más rentables se acercan al 1,5% en el año. En este caso se trata de rentabilidades pasadas, que no aseguran rentabilidades futuras, aunque el alza de rendimientos en los plazos cortos alienta la expectativa, como en las letras, de rendimientos al menos en esa línea en lo que resta de año. El Fon Fineco Interés, de Banca Privada KutxaBank, persigue el objetivo de batir a las letras del Tesoro —en 2025 rentó el 2,67%— y en lo que va de año gana el 1,44%. Otro de los monetarios más rentables, según datos facilitados por la consultora VDOS, es el Santalucía Renta Fija Corto Plazo, con el 1,37% en el año. La rentabilidad acumulada en el año en los fondos de renta fija se eleva ligeramente si se amplían los plazos de duración de los bonos a hasta cinco años y se introducen dosis de deuda corporativa junto a la soberana. Aunque a mayor plazo, más desciende el precio de los bonos si hay un movimiento de ventas como el actual. Así, el índice de Bloomberg que sigue la evolución de los bonos con vencimiento de uno a tres años sube el 1% este año, frente a una pérdida del 4% en los bonos a 10 años o más.Carlos Lasure, responsable de estrategias mixtas en Ibercaja Gestión, explica que la estrategia de la gestora en renta fija es concentrarse en plazos de entre dos y cuatro años, sin renunciar puntualmente a compras de más duración. El Ibercaja Deuda Corporativa Flexible arroja rentabilidades en lo que va de año superiores al 2%. “Una rentabilidad del 2% en el conjunto del año en fondos de renta fija puede ser aceptable”, explica a propósito de la incertidumbre actual y apuntando además a que, en su opinión, la mayor parte de la corrección en los bonos ya se habría completado. Por delante quedaría entonces la subida de precio del bono, a lo que se añade el cupón anual que se ha comprometido a pagar su emisor. “Los monetarios tienen sentido, pero quien puede asumir algo más de riesgo, obtiene algo más de rentabilidad”, añade. Los fondos de renta fija están siendo la gran apuesta comercial de las entidades financieras este año. El pequeño ahorrador, reticente a invertir en Bolsa, se está perdiendo los máximos históricos de los índices bursátiles mientras la renta fija está mostrando destellos de lo que puede ser su versión más amarga. La situación actual dista mucho de la de 2022, año aciago para la inversión en deuda, cuando las alzas aceleradas de tipos con que los bancos centrales se apresuraron a combatir la inflación tumbaron el precio de los bonos. Además, el punto de partida era entonces un precio del dinero casi a cero, con lo que la pérdida de valor no quedaba en ningún caso compensada con el pago de cupón. En la actualidad, los rendimientos de los bonos son más altos —los tipos en la zona euro están al 2,25%—, lo que garantiza una remuneración, y las caídas de precios no están siendo ni mucho menos tan abruptas. Por ejemplo, el bono emitido por el Tesoro alemán a cinco años con vencimiento en octubre de 2029 paga un cupón del 2,5% y cotiza un 1% por debajo de su valor nominal. “No hay que descartar entrar en algún momento en bonos a plazos medios, de entre dos y tres años. El riesgo es menor que a plazos más largos y te aseguras tipos más atractivos que en los monetarios o las letras”, señala Alvargonzález. Si mejorara la situación en Ormuz y se rebajaran las presiones sobre el precio de la energía y la inflación, el entorno para invertir en bonos sería sin duda más positivo. La renta fija es un elemento fundamental en una cartera diversificada, si bien la volatilidad, la incertidumbre geopolítica y los riesgos latentes sobre la sostenibilidad de la deuda, hacen necesaria una cuidada gestión que no convierta este activo en una fuente de pérdidas.