Junts y el PSC se la juegan en las próximas municipales de mayo de 2027. Para los socialistas se trata de obtener una victoria que consolide el poder de Salvador Illa, que manda mucho, pero no puede extrapolar ese poder a las encuestas, donde pierde entre ocho y cuatro escaños. Illa ha normalizado la vida institucional en Cataluña, aunque necesita esa victoria para generar un ciclo positivo alrededor de su reelección. La posición de la formación independentista es diferente. Sólo mantiene la presidencia del Parlament y el ayuntamiento de Sant Cugat. Ha quedado al margen del grueso del poder en Cataluña y, si las elecciones les van mal, el partido corre un serio riesgo de desaparecer. Se juega su supervivencia. Illa tiene problemas de gestión. En especial la movilidad, con los puntos negros de los trenes y las autopistas. Y también con la educación, con la huelga de profesores. O cómo ha cerrado en falso la crisis de la DGAIA para proteger a su socio estratégico: ERC. Todo eso le está desgastando. Una victoria del socialismo en las municipales resulta esencial para generar la sensación de que el PSC está subido a un ciclo ganador. Para eso necesita tres cosas. La primera, que Jaume Collboni retenga la alcaldía de Barcelona, algo que está a su alcance según las encuestas. La segunda pasa por ganar en el resto de capitales de provincia: Girona, Tarragona y Lleida. Sin duda, Girona es la plaza más complicada y donde más se juegan Junts y el PSC. Y, por último, al socialismo catalán le queda retener su posición de dominio en la primera y la segunda corona del área metropolitana de Barcelona. Es una zona en la que Junts ya obtuvo un resultado muy malo en los comicios de 2023. Presionados por Aliança Catalana (AC), el aparato del partido, que dirige el secretario general, Jordi Turull, se está centrando en salvar aquellas ciudades que amenazan los de Silvia Orriols. El partido dedica mucho más esfuerzo a salvar la alcaldía de Manresa que a tener representación en la segunda y en la tercera ciudad de Cataluña: L’Hospitalet de Llobregat y Badalona. En las dos cuenta con cero concejales, los mismos que en casi todas las ciudades de la primera corona. Y en estos cuatro años en Junts no han hecho sus deberes. Puigdemont y el futuro Junts se juega su futuro. Si AC les frustra la victoria en muchas ciudades de Girona y la Cataluña central, no podrá decir lo que cuenta siempre, que es el partido que gobierna más municipios en Cataluña. Buena parte de las decisiones estratégicas se han ido aplazando, fiándolo todo al regreso de Puigdemont. La formación prevé que la vuelta pueda ser en otoño y que eso sirva de catapulta electoral para las municipales. La próxima primavera parece la fecha más posible para la vuelta de Puigdemont Pero ahora el pulso entre el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo ha alargado el comentario. Fuentes jurídicas ya hablan de primavera y Puigdemont sigue insistiendo en que no volverá hasta que esté libre de cualquier cargo. Inquietud en el partido La inquietud cunde en el partido. Y también una corriente de presiones a Puigdemont por parte del aparato de Junts para que adelante su regreso a este mes de octubre y así relance las posibilidades de la marca independentista. Aunque el precio sea pasar unos días en la cárcel. O pasar por comisaría como la exconsejera Clara Ponsatí. Algunos cuadros temen que, si las municipales suponen un resultado catastrófico, el partido quede abocado a un descalabro sin remisión en las autonómicas. Si fuera así, de ahí a la desaparición sólo habría un paso. Si Puigdemont vuelve la próxima primavera en lugar de en otoño, ya no habrá tiempo para la remontada. Junts y el PSC se la juegan en las próximas municipales de mayo de 2027. Para los socialistas se trata de obtener una victoria que consolide el poder de Salvador Illa, que manda mucho, pero no puede extrapolar ese poder a las encuestas, donde pierde entre ocho y cuatro escaños. Illa ha normalizado la vida institucional en Cataluña, aunque necesita esa victoria para generar un ciclo positivo alrededor de su reelección. La posición de la formación independentista es diferente. Sólo mantiene la presidencia del Parlament y el ayuntamiento de Sant Cugat. Ha quedado al margen del grueso del poder en Cataluña y, si las elecciones les van mal, el partido corre un serio riesgo de desaparecer. Se juega su supervivencia.
Junts y el PSC se juegan mucho más que las alcaldías en las próximas municipales
Para los partidos de Salvador Illa y Carles Puigdemont las elecciones de mayo de 2027 van mucho más allá del poder local. Los socialistas, el poder; y los independentistas, su supervivencia








